sábado, 23 de enero de 2021

ETAPA 6: ARZÚA - SANTIAGO DE COMPOSTELA (40km)

 Último día. Mi aventura llega a su fin. Ha sido una semana muy intensa, con momentos buenos y otros peligrosamente malos. Hubo bastante incertidumbre y dudas sobre la consecución del reto. No estaba seguro de llegar al día de hoy pero una vez más, el cuerpo me ha vuelto a sorprender. ¡Casi lo he conseguido!

El planteamiento inicial era dividir las etapas en un kilometraje equitativo. Por circunstancias varias, lo he ido modificando sobre la marcha y al final decidí dejarme este último día como el menos exigente. Será una jornada tranquila, donde disfrutar de mis últimas horas en el Camino. Recordar todo lo vivido e intentar almacenarlo en mi memoria, aunque eso es fácil. Son recuerdos difíciles de olvidar.

Una vez empezamos el trayecto, nos adentramos en una bajada arbolada repleta de peregrinos. Al principio de cada jornada me suelo encontrar muchos. Mientras los voy adelantando, nos deseamos buen camino mutuamente. Llevamos 300 kilómetros en las piernas pero hoy me siento más liviano que nunca. El cuerpo me pide correr. ¿Habré llegado al punto sin retorno de Forrest Gump? ¿Podré dejar de correr al llegar a Santiago?

Cuando pasamos por la localidad de A Calle me encuentro con uno de los bares más llamativos que he visto. Casa Tía Dolores se hace llamar y la decoración de su terraza consiste en miles y miles de botellas de cristal con mensajes de peregrinos. Es una pena no poder dejar el mío. El ser tan madrugador me ha arrebatado mi momento zen. La Tía Dolores aún no había abierto.

Pequeños regalos del Camino

Sin darme cuenta llego al mojón de 21 kilómetros. Solo me queda una Media Maratón. Quien me iba a decir a mi, cuando fotografíe el primero que me encontré, con una cifra que asustaba nada más leerla, que 5 días después iba a estar en esta situación...tan feliz.

Embargado por la felicidad y el despiste, me paso O Pedrouzo. En esta localidad tenía pensado sellar. No pasa nada, ya lo haré más adelante. Lo que no me puedo olvidar es de reponer fuerzas. Llevamos la mitad de la etapa y aunque sea el último día, la alimentación debe seguir siendo igual de importante. Lo malo, es que mis existencias son escasas. Me tengo que conformar con un mendrugo de pan. 

Mientras saboreaba tal manjar cruzando un denso bosque me encontré con mis amigos los "bicigrinos". Hemos ido toda la semana como Tom & Jerry. Ahora te pillo yo, ahora me pillas tu. Nos ponemos al día y nos instamos a vernos ya en la plaza del Obradoiro. Pasan unos pocos minutos y ahora soy yo el que les pillo. Han pinchado. Percances del camino. Lo juro que no he sido yo.

¡Ya no queda nada!

Van pasando los kilómetros y se empieza a divisar la meta a lo lejos. Llego al Monte do Gozo. Un parque donde descansar y contemplar las vistas. Ya se saborea la llegada. Me recuerda la sensación de una carrera de ultra distancia. En cuanto empiezas a ver los edificios donde está el final, sientes una liberación increíble. En la carrera sería el momento ideal para acelerar y exprimirte del todo. Hoy no. Hoy toca disfrutar de la entrada a Santiago y ser consciente de todo lo que has dejado atrás hasta llegar aquí.

En la rotonda final antes de entrar en las calle vuelvo a pillar a los "bicigrinos". Otra vez han pinchado. No lo habían hecho en los 300 kilómetros anteriores y hoy, dos veces. Caprichos del destino. Está pequeña circunstancia ha provocado que al final llegará yo antes. Emulando a un programa de televisión: "Hoy en CAMINO DE SANTIAGO, el hombre ha vencido a la maquina".

Llego a la plaza del Obradoiro y la liberación es total. Una sensación increíble. Te sientes tan diminuto al lado de la Catedral pero a la vez tan grande por la gesta que acabas de lograr. Por fin lo he conseguido. Han pasado 5 años desde que empecé mi primera etapa. Poco a poco, cuando sacaba una semana de vacaciones, hacia un pequeño tramo. Cada vez me enganchaba más y soñaba con el momento que ahora acabo de vivir.

Prueba Superada


Ahora toca disfrutar. Voy a por mi merecida Compostelana, al hostal a asearme y de cabeza al casco viejo. Todo el mundo me ha hablado maravillas de esta ciudad, pienso exprimirla lo máximo posible.

Esta experiencia ha sido una de las mejores de mi vida. No solo deportiva. Va mucho más allá y cualquiera que ha emprendido el Camino alguna vez, sabe de lo que hablo. Son muchas las voces, los más puritanos, que critican mi forma de hacerlo. Suelen caer en una inequívoca opinión de que CORRIENDO no se disfruta. Los comentarios más escuchados: - El Camino se hace andando para saborear cada momento o no es una competición, haciéndolo así pierde toda su esencia -. Evidentemente, están equivocados. Mi forma de disfrutar es llevarlo a cabo como más me gusta. Yo disfruto corriendo, por ende, disfruto haciéndolo así. Lo saboreo todo mucho mejor y me siento más completo. Seguramente, andando no me llenaría tanto. ¡Cada forma es totalmente valida!

Mi aventura se acaba aquí pero seguro que nos volvemos a encontrar. Ya estoy tramando cosas nuevas. Ésta relación no ha terminado.....acaba de empezar. ¡BUEN CAMINO!


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