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martes, 21 de abril de 2026

BACKYARD ALCAÑIZ

Una vez acabada la exigente preparación de la "Maratón de Barcelona", toca empezar a disfrutar de otra manera. Más calmado, más lento, más alocado. Tocaba volver a mi prueba fetiche en los últimos años. Nos vamos a la Backyard Alcañiz.

Desde que avisaron de la primera edición de esta prueba, un servidor y mi equipo Andandaeh, la marcamos en el calendario. Era si o si. Es cierto que esta modalidad se me resiste. Cada vez que participo, me doy de bruces contra la realidad. A simple vista, parece fácil completar un recorrido de 6,7km en una hora e ir acumulando vueltas una tras otra. Vengo de mantener 42km a 3:37, aquí el ritmo va a ser a 7 el kilómetro. Además, tengo mucha experiencia en carreras de larga distancia pero siempre acabo sucumbiendo. Llega un momento que mi mente colapsa y se rinde. De momento vamos BACKYARD 4 - TRICAS 0.

Vamos mentalizados de conseguirlo en esta edición. Mi reto es completar 24 vueltas, o lo que es lo mismo: 168km. Vamos sin presión, eso puede jugar a nuestro favor...o no. 

Nos desplazamos a Alcañiz, concretamente al Camping de la Estanca. Esta vez vamos equipados como un equipo profesional, con nuestra propia carpa. Mientras montamos toda la parafernalia, el ambiente que se respira es espectacular. Quizás sea lo que más me engancha de esta modalidad. La camaradería y la ilusión de todos los participantes es increíble. Aquí somos tod@s iguales.


La manda siempre junta. Fotos de Corriendo por la Sierra

Empezamos a las 9 de la mañana. Ya desde los primeros compases y aprendiendo de anteriores competiciones, me pongo a un ritmo muy tranquilo junto a mis compañeros Oscar y Jordi. Es incluso más lento que un trote de calentamiento. Las primeras sensaciones siempre son raras. Hay que intentar ir lo más lento posible. ¡Todo lo contrario al atletismo!

Es momento de rencontrarte con viejos amigos y hacer nuevos. Entre risas y conversaciones, completamos la primera vuelta en 50 minutos. Hemos roto el hielo. Esta primera hora sirve para conocer el recorrido y hay que decir que es espectacular. El desnivel es casi nulo. A simple vista, es el lugar perfecto para conseguir las 24 vueltas.

Segunda vuelta la hago con mi compañero de la Spartathlon, Víctor. Fantaseamos con el final de la carrera y nuestras posibles estrategias. Tengo que explicar que no estamos en una BACKYARD al uso. Está limitada a 30 horas como máximo y si a la última vuelta llegan varios atletas, estos se la jugarán al sprint final. Después de correr 200 kilómetros, que se decida todo así. ¿Puede ser más épico?


Sufriendo Feliz

La tercera vuelta acompaño a Blasco, mi compadre de aventuras pirenaicas. El va muy mentalizado de no pasarse de Z1. La verdad que aquí las pulsaciones no son un problema. En cambio el calor si es determinante. Empiezan las horas criticas y la temperatura causa estragos. Poco a poco voy transformándome en un cangrejo. 

Van cayendo las vueltas poco a poco y con la precisión de un reloj suizo. Todas a 49 minutos. Al llegar a la zona de descanso tienes tiempo suficiente para refrescarte, comer algo e incluso descansar las piernas. Cuando quedan 3 minutos para volver a empezar, la organización mediante un pitido te va avisando que el tiempo se te acaba. Al principio, ese sonido es divertido, luego se va tornando en enemigo.

Al llegar a la vuelta 10, de los 9 compañeros que habíamos empezado, solo quedamos 4. Los juegos del hambre. Es hora de ir haciéndose mini objetivos. De esta manera suele ser más factible. Además, nos acercamos a la noche y tendremos que sacar el frontal. Otra barrera psicológica importante.

Vuelta 12, ya oscureciendo, empieza una partida nueva. La carrera se vuelve más solemne. Ya no se habla tanto. Cada atleta se centra en su punto de luz. Con Víctor, comentamos que nos da mucha pereza tener que afrontar las horas nocturnas. Mi objetivo de momento es 15 horas. Llegados a ese punto me volveré a preguntar: ¿Tricas, que hacemos?

Espartanos en Teruel

Vuelta 15, todo empieza normal. Piernas frescas y cabeza estable. A mitad de recorrido aparecen las primeras gotas. Luego los primeros rayos y al poco empieza una tormenta eléctrica de película. En mitad de la nada, con los rayos pareciendo que caen a pocos metros, la situación se pone peligrosa. En el kilómetro 3 me agobio y subo el ritmo. Solo quiero llegar a la carpa. Mi zona de confort. Mi hogar. Llego incluso el primero. Vuelta en 43 minutos.

Una vez sentado y viendo el percal, decido poner punto y final a la aventura. De piernas voy super bien pero no tengo ganas de sufrir bajo la lluvia. En cualquier otra situación sé que sería ponerse el chubasquero y para adelante. La tormenta no puede ser eterna pero mi cabeza dice basta. Aún no estoy fuerte mentalmente y en estas carreras es algo fundamental. 

Después de intentar dormir pese a los dolores que invaden tu cuerpo, nos levantamos para ver el desenlace final. En la vuelta 30 quedaban 4 atletas. A la salida, Guzmán Calderón salió disparado y ya nadie pudo seguirle. Completó el recorrido a ritmo de 4 el kilómetro. Simplemente alucinante. Sin duda, este formato provoca un desenlace único para el espectador.

La organización impecable. La carrera estaba ideada por Rafa Esteruelas que tristemente falleció antes de ver cumplido su sueño. Sin duda, sus compañeros y amigos han realizado un gran homenaje y estaría super orgulloso. Aquí tenéis un recluta más. Sin duda, apuntada en mi calendario anual.

En cuanto a mi, me voy con la sensación de haber podido hacer mucho más. Otra vez, la mente pudo con mis piernas. En el momento en el que estoy, sabía que esto iba a pasar pero de lo que estoy seguro es que si hay un lugar donde puedo conseguir las ansiadas 24 vueltas, ese es Alcañiz.

Ahora toca afrontar la época de disfrutar de las montañas y dejar los dorsales a un lado. Correr sin presión y solo por amor. Eso si, las kilometradas no me las quita nadie.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 15:00:00
Kilómetros realizados: 100

                                                      BANDA SONORA DE LA CARRERA







jueves, 2 de abril de 2026

VI FESTIVAL ULTRAFONDO BURJASSOT

En mitad de la euforia post Maratón de Barcelona, mientras escribía la crónica y con las sensaciones a flor de piel, me dejé llevar por un impulso que muchos reconoceréis. Abrí una nueva ventana emergente en el ordenador y con paso firme, sin titubeos, rellené un formulario de inscripción. Así, en cuestión de segundos y sin posibilidad de retroceder, tenía un nuevo reto: "VI Festival de Ultrafondo de Burjassot". 

Tenía apenas dos semanas para prepararme. El esfuerzo en Barcelona fue muy intenso pero enseguida volví a los entrenamientos para intentar acelerar la recuperación muscular, siempre de forma progresiva. Además, a día de hoy, siento que el atletismo es lo único que me llena. Buscando la felicidad a base de kilómetros. ¿Felicidad o evasión? No lo sé, yo solo quiero correr. Usaremos la terapia "GUMP". Aquí el amigo Forrest estuvo corriendo tres años, dos meses, catorce días y dieciséis horas. Veremos cuanto tiempo estoy yo. De momento, nos vamos a Burjassot.

Las modalidades a elegir eran muy variadas. Desde 48 horas hasta 50 kilómetros. En mi euforia descontrolada, alguna neurona tuvo un poco de raciocinio y decidí participar en los 100km. Es una prueba que me dio una gran alegría en 2021, cuando conseguí el Récord de Aragón en el Campeonato de España pero que luego solo he recibido un batacazo tras otro. Mi gran némesis.


Lo que me gusta a mi un buen FESTIVAL

Sabía que no llegaba en la mejor forma física posible. Sabía que la única vez que me ha salido bien ha sido porque llevé una preparación especifica para esa competición. Sabía que con los entrenamientos de una maratón no es suficiente. Lo sabía todo pero no me importaba nada. Mi objetivo era firme. Salir a intentar mejorar mi marca. Puerta grande o enfermería.

Cuando llegué el viernes los compañeros de la modalidad de 48 horas ya habían empezado. Me parece algo extraterrestre estar corriendo 2 días seguidos en un circuito cerrado. Mi mayor admiración y respeto. ¿Creéis que alguna vez competiré yo? No tengo pruebas, pero tampoco dudas...

La competición empezaba a las 8 de la mañana. Dos horas antes amanecía para desayunar con calma y preparar mi avituallamiento. Como no llevaba asistencia y me gusta tenerlo todo bien organizado, me hice una plantilla en una cartulina donde tenía ordenado lo que tenía que tomar cada 5 kilómetros. Agua, geles, isotónico e hidratos en polvo iban a ser mi menú del día. Así no tendría que perder tiempo en buscar o pensar lo que me tocaba tomar en cada momento. El método Marie Kondo aplicado al running. Indispensable para mi bienestar mental.


La familia del Ultrafondo

Mi mayor inquietud era el circuito. 1 kilómetro repartido en 2 rectas de 500 metros con un leve desnivel. Casi imperceptible al principio pero según avance la carrera, seguro que será determinante. Además, un giro si que se suaviza al realizarlo en una rotonda pero al otro lado nos espera un cambio brusco de 360 grados a través de un cono. Estoy acostumbrado a circuitos de 5 kilómetros y 20 vueltas. Aquí me esperan la friolera de 100. Modo hámster activado.

Como viene siendo habitual, la carrera empieza rapidísima. Da igual que se trate de una 5k o de ultrafondo. Los atletas salen al máximo. Después de varias vueltas obtengo el por qué. El grupo de cabeza está buscando la mínima para el Campeonato del Mundo (06:47:30). Mi guerra era otra. Tengo que ir a ritmo de 4:20. Al principio muy cómodo, diría incluso que el circuito me está gustando. La recta con el desnivel favorable da la sensación que solo te tienes que dejar llevar. Como siempre, me costó entrar en calor pero según avanzaban los kilómetros, los ritmos los iba mejorando incluso sin querer. A 4:11 y con bastante comodidad. Me notaba muy fuerte. ¿Seguirá la buena racha?

Cuando llevábamos 2 horas de competición, el calor empezaba a ser moderado. ¡Con lo fría que había arrancado la mañana! Cambié las gafas de sol por la gorra. Tengo una edad ya y mi madre me obliga a cuidarme la piel del rostro. Es esteticien, a obedecer. La piel es el reflejo de tu salud y nuestro escaparate al mundo.

Nos acercábamos a la distancia de maratón y mis sensaciones iban empeorando. Las piernas empezaron a acordarse de lo que hicieron hace 2 semanas. Cada vuelta costaba más y el giro brusco, un choque de realidad. La mente también fue cambiando el discurso. Ahora veía bien llegar al ecuador de la competición y echar el telón. 

Cuando pasabas por meta, el sistema de cronometraje te avisaba de cuantas vueltas llevabas. Según mis cálculos,  mi recuento era erróneo. A mi compañero Marc y otros atletas también les pasaba y se lo modificaron. Yo lo reclamé pero no obtuve resultados. Estoy seguro de ello porque iba siempre por delante de la primera clasificada femenina pero por megafonía a ella le cantaban más vueltas que a mi. No es algo que me preocupará en exceso porque había decidido parar cuando llegara a 50 kilómetros pero te va mermando poco a poco. Y así, cuando llegué a esa cifra según el marcador, puse fin a mi participación.


Pidiendo el VAR

No estoy triste. Ni mucho menos defraudado conmigo mismo. Sabía como venía y a lo que venía. Salí con un objetivo en mente pero consciente del escaso porcentaje de éxito al que me enfrentaba. Táctica kamikaze pero toda experiencia suma. Me voy muy contento por haberlo intentado. Me voy con una sonrisa pese a la derrota. Perder para aprender. Perder para avanzar.

Es mi primera participación en Burjassot pero se nota que en el Club de Atletismo Els Sitges se respira amor al Ultrafondo. Organización impecable. Es una pena que muchos atletas se fueran este mismo fin de semana al Campeonato de 48 horas que se celebró en Italia. Esperemos que poco a poco, cada vez seamos más en territorio nacional, nos tengan más en cuenta en la Federación y el Ultrafondo se consolide en nuestro país. 

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 03:49:56
Clasificación general: Abandono

Kilómetros: 52

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA









lunes, 16 de marzo de 2026

MARATÓN DE BARCELONA

Como ya va siendo habitual, siempre arrancamos el año participando en una maratón. Últimamente siempre he elegido Castellón por logística. Buen circuito, poco desnivel, precio de inscripción reducido y cerca de mi casa. La edición anterior no obtuve los resultados deseados. Quería resetear y que mejor manera que hacerlo en el Campeonato de España. En 2026 tocaba ir al "Maratón de Barcelona".

Cambiar la estrategia tenía sus pros y sus contras. Entre lo positivo, sin duda, era que iba a tener un mes más de preparación para llegar lo mejor posible a la línea de salida. Siempre en manos de Fernando, mi entrenador, nos pusimos a trabajar. Había que darle una vuelta de tuerca a la preparación. Cambiar algo para intentar conseguir el ansiado SUB 2:35. Nos centramos en subir la intensidad en los días específicos, haciendo hincapié en sesiones de tempo a ritmo de competición. Por otro lado, lo íbamos a compensar con rodajes a ritmo más lento, priorizando la recuperación muscular. Las tiradas largas también iban a ser menos exigentes. En mi cabeza, hacer menos kilómetros, me daba miedo por si iba a llegar con poco volumen. Por otro lado, hacer los rodajes a 4:45 sabía a gloría. Yo a muerte con Fernando. 

Las semanas de preparación fueron avanzando positivamente. Recalcar que también he cambiado la ubicación de los entrenamientos. Me saqué el bono anual del Estadio Corona de Aragón (CAD) y los días de tempo e interválicos los he realizado en pista. He puesto mucho énfasis en la técnica de carrera y la movilidad articular antes de cada sesión. Uno que se va haciendo viejo y hay que cuidarse más...

Las dos últimas semanas me hicieron llegar a Barcelona con la moral muy alta. Ritmos muy rápidos conseguidos sin sufrir más de la cuenta. Así hay que llegar al día indicado. Con sensaciones de comerte el mundo. Los nervios son buenos pero controlados. No te tienen que nublar la mente. Los problemas del día a día, aquellos que te quitan el sueño, intentar dejarlos aparcados durante 3 horas. Te lo mereces, una vez acabe la carrera, te aseguro que volverán a aparecer. FOCUS.

Ya en los prolegómenos se nota que estás en una competición diferente. Gente por todos lados. ¡Somos 32000 atletas! Menos mal que al participar en el Campeonato de España tenemos reservado el primer cajón. La salida fue una autentica locura. A mi lado se cayó un atleta y provocó un tumulto del que me salvé por los pelos. Seguidamente la jungla. Un sálvese quien pueda en toda regla. Adelantamientos por todos lados, gritos, empujones. Increíble secuencia. Con lo tranquilo que estoy yo en mis maratones familiares. Con todo lo que os estoy costando, transcurrió un largo tiempo hasta que conseguimos asentarnos en un ritmo constante. 

Cuando lo das todo, no puedes exigirte más...

La idea es ir a 3:36 pero costaba mantenerlo. Entre la multitud, que hacía que el GPS se fuera de vareta y los constantes cambios de ritmo a tu alrededor, un servidor se sentía bastante perdido. Poco a poco la cosa se fue poniendo en su sitio. Las largas avenidas ayudaban a ello. El GPS no se me recuperó en toda la carrera pero una vez que mi cuerpo se asentó, supe trabajar sin reloj. Tanto entrenar a TEMPO me ha venido de perlas. Eso si, marcando 3:39. Tenía miedo de ir demasiado rápido. Aquí si desobedecí a mi entrenador.

Los kilómetros fueron pasando y cada vez me sentía más cómodo. En el apartado de nutrición también hemos modificado alguna cosilla. 2 horas antes de la salida me tomé un sobre de nitratos para favorecer la basculación sanguínea y un poco antes de empezar, un shot de cafeína para aportar energía extra. Seguro que también fueron culpables de mis buenas sensaciones.

Lo que más me ha ayudado en Barcelona ha sido la cantidad de atletas. En otras competiciones, a los pocos minutos ya estás corriendo en solitario. En la ciudad condal estás todo el rato acompañado. Es verdad que no conseguí asentarme en ninguna "grupeta" pero siempre tenías a alguien a tu lado. Yo me centré en mi ritmo. Si veía que algún atleta me favorecía, me ponía a su estela pero en cuanto ya no me cuadraba, tiraba para adelante. Estaba en adelantamiento constante.

Cuando voy a estos ritmos y compartiendo asfalto con otros compañeros siempre me da la sensación que estoy fuera de lugar. Veo a los atletas de mi alrededor y todos son super delgados. Mira que intento adelgazar pero siempre llego a un tope del que no consigo bajar. Igual si me quitara las cervecitas y los aperitivos de forma drástica algo rascaba pero tengo otra fisionomía completamente diferente. Nunca tendré los brazos de Yago Rojo. Cada uno tiene que jugar con sus bazas e intentar hacerlo lo mejor posible.

Fotos de Marathon Live

En cuanto al recorrido, a mi me ha encantado. Es verdad que tiene algún tramo con pendiente pero enseguida se puede compensar con rectas tendidas donde poner ritmo crucero. A mi me pones avenidas interminables y me haces el atleta más feliz del mundo. Sobre la animación, otro 10. Salvo en algunas zonas como la Avenida del Litoral, el resto es un bullicio constante de gente. La verdad que Barcelona reúne todos los requisitos para conseguir una gran marca.

Se acercaba el kilómetro 30. Tengo que seros sincero. Mi mayor tirada larga había sido de 27. Sentía un miedo irracional de que llegados a este punto, mi cuerpo colapsara. Por eso creo que fui reteniendo un poco durante toda la carrera. Llegamos a la Avenida Diagonal con el viento soplando en nuestra contra con bastante intensidad (31km). Dije, aquí caigo. Aguanté como pude y en cuanto giramos y el aire se volvió nuestro aliado, me puse las gafas de póker y ¡All in! Tocaba ir con todo. Hemos venido a jugar y a estas altura ya es hora de arriesgar.

¡Aprieta que llegas!

Junto a un atleta extranjero, formamos dupla y pusimos un ritmo intenso, haciéndonos relevos. Cada vez me sentía mejor. Dejé el reloj a un lado, no quería obsesionarme. Voy a dar todo lo que pueda y el cronometro ya dictará sentencia. Los últimos kilómetros fueron brutales. Me gritaban ¡Vamos Jorge! por todos lados. Yo creo que es porque cuando sufro, empiezo a sonreír. Me pasa como a Kipchoge. El público diría mira este chico que agradable, vamos a animarle. Lo que no saben es que voy al límite más extremo. 

Vi el Arco del Triunfo y a esprintar como si fuera mi vida en ello. Iba tan centrado en exprimirme cual limón que ni disfrute de la entrada. Me llevé el premio al más flipado pero la marca lo merecía. 02:34:46. Quien sabe si se va a volver a repetir algo así. Con lo que me gusta a mi el postureo pero ni para eso me dio. Increíble mañana vivida en Barcelona. Las sensaciones durante toda la carrera han sido inmejorables. El trabajo ha dado sus frutos y como siempre, me tengo que quitar el sombrero con mi entrenador. Otra vez ha sabido dar con la tecla. 

Mi sueño durante estos últimos años era ser SUB 2:35. Siempre dije que cuando lo consiguiera, me iba a retirar de buscar marcas personales. Sería mi último baile. Como todos sabéis, la preparación es muy exigente y uno ya va cumpliendo años. Nada más acabar, llamé exultante a Fernando para decirle lo conseguido. Me felicitó pero enseguida me dijo que estaba para 2 minutos menos seguro. ¡Zasca! No sé si fue el viento, los desconcertantes primeros kilómetros o por ir guardando más de la cuenta. Lo que si se es que igual me toca retrasar la jubilación un año más. La aventura continua...


¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 02:34:46
Clasificación general: 236

Participantes: 31652

                                                      BANDA SONORA DE LA CARRERA






domingo, 23 de noviembre de 2025

24 HORAS EN PISTA OLOT

 Se está acabando 2025. Ha sido un año muy exigente con una gran cantidad de kilómetros en las piernas. Quizás sea la temporada donde más volumen he metido, por eso, queda ya poca gasolina en el deposito pero hay que gastar la última baza que me queda. Vamos a cerrar el telón participando en las "24 horas en pista de Olot".

El día siguiente de mi abandono en la "Spartathlon" empezó el arrepentimiento. Estaba muy disgustado por haberme rendido antes de tiempo cuando estaba completamente preparado para llegar a Esparta. Mi cabeza me dejó solo. La única manera de quitarme esa sensación no era otra que volver a Grecia. La mala noticia es que tenía que volver a hacer la marca mínima para clasificarme y ¡Se me acababa el tiempo! Tenía que conseguirlo antes de año. Mis compañeros me hablaron de una competición que se hacia por primera vez en noviembre. No lo dudé. Miré mi calendario de trabajo. Perfecto, no curro. Inscrito. Sencillo.

Así me presenté la semana antes de viajar a Olot con escasa preparación. La verdad que la temporada se me está haciendo larga y ya no estoy para muchos alardes. ¿Igual es mejor llegar algo fresco? Me autoconvencía mientras preparaba otra vez la maleta de supervivencia del corredor de Ultrafondo. La única norma que hay: Tu mete de todo por si acaso.

Mirar que delicia de sitio

La verdad, solo por correr en las pistas de Olot, merece la pena ir. Está considerada una de las más bonitas del mundo. Su integración con la naturaleza es espectacular. Naturaleza y tartán se fusionan en uno para regalarnos una obra de arte.

No me había fijado en los inscritos pero nada más bajar a las pistas empecé a ver caras conocidas por todos lados. Siempre somos los mismos valientes (o descerebrados, según se mire) en esta disciplina. Monto con calma mi avituallamiento mientras nos ponemos al día con los compañeros. Todo tiene un aroma familiar muy sano, desde la organización hasta los acompañantes. Es como si fuera la quedada de los sábados con los amigos.

Recordar lo que venía a buscar aquí. Necesito la marca mínima para optar a participar en la Spartathlon. La forma de conseguirlo es hacer 120 km en 12 horas o 180 km en las 24. Mi idea es clara. Intentar conseguirlo en 12 horas y si no llego, no me quedaría más remedio que seguir toda la noche hasta conseguir cumplir los 180 kilómetros que piden.

La cuenta se hace rápido. Para conseguirlo, tengo que ir a un ritmo de 6 minutos el kilómetro. A priori parece fácil pero estate tu así 12 horas. Te aseguro que no tiene nada de sencillo. Mi idea es hacer como la hormiga, acumular kilómetros al principio para cuando vengan los momentos difíciles tener un buen colchón. Si lo consigo, luego ya tendré tiempo de hacer la cigarra. La teoría la tengo, a ver como aplico la practica...

Hemos tenido suerte y de momento el día es perfecto. Empezamos a dar vueltas a un ritmo alegre y disfrutando del entorno. La primera hora hago 11km. La segunda, 22km. Todo va genial. Voy alternando momentos en solitario con alegres conversaciones con los compañeros. Javi Lozano, un fijo en estas lides. Yo creo que ha estado en todas las competiciones en las que yo he participado y siempre es un verdadero placer compartir pista con él. Marc, ya coincidimos en varias ocasiones haciendo de liebres en maratones. Javier y Víctor, espartanos donde los haya. Germán, el cerebro de la "Backyard Benabarre". Toda una lista de ilustres invitados.

Cuando llevamos 4 horas y media, consigo llegar a los 50 kilómetros. Hasta ahora no había parado de correr. Todos del tirón. Soy consciente de que no puedo seguir ese ritmo. Sería inmolarme. Es hora de cambiar de estrategia. Mi nueva misión: Correr media hora y andar una vuelta. Es una manera de descansar un poco pero sin dejar de sumar kilómetros.

Lo que más miedo me da es la soledad de la noche. Ahora a las 6 ya estamos a oscuras y se que va a ser un punto clave. Luchar contra mis miedos. La mejor manera que se me ocurre para combatirlos es la música. Cuando llevamos ya bastantes vueltas sin compañía de sol, decido sacar mi nuevo acompañante: Melendi. "Sin noticias de Holanda" es un disco de culto y no me bajo de este barco. Con la tontería, a ritmo de rumba se me ha pasado una hora volando. 

Siempre con una sonrisa

Me veo obligado a quitarme la música porque empieza a llover. De momento parece que es solo para asustar así que no cambio los planes. Cuando la intensidad empieza a ser importante, paro a cambiarme de ropa. Me pongo una camiseta térmica pero no uso chubasquero ni nada. Está lloviendo pero tampoco tengo la sensación de que me moleste demasiado.

Las horas van pasando, nos acercamos a los 100 kilómetros y mis cuentas para hacer la mínima se vuelven laberintos. Parece que me estoy enfrentando a la conjetura de Goldbach y prácticamente solo estoy sumando 2 + 2. Mi cerebro, ya de por si limitado empieza a ir justito. Los ritmos han bajado considerablemente. Busco referencias de los tiempos que llevo cada vez que paso por meta y solo hace que ponerme más nervioso.

Pido ayuda a los acompañantes para que me vayan cantando los kilómetros que llevo. Cuando quedan 2 horas, tengo que hacer 19. Estoy andando por la cornisa. No me puedo despistar. ¡Si ni siquiera he podido ir al baño para no perder tiempo!

Decido dar todo lo que me quede en la siguiente hora. Es el momento de arriesgar todo al rojo. Quiero, si puedo, no llegar a los últimos minutos pidiendo la hora. Me pongo a velocidad de crucero. En realidad voy a 5 pero mi sensación es que estoy volando. Sigue Tricas, sigue. Llego a la última hora y me quedan 8 kilómetros por hacer. Parece que lo he conseguido.

No obstante, no me quiero arriesgar. Ya no me fio de nada. Sigo corriendo hasta que llego a los 119km. Que alivio. Troto las 2 últimas vueltas y reto conseguido: 120km. No os creáis que me sobró mucho. Ahora descanso, tomo agua y sigo andando hasta que se cumple las 12 horas. En total: 120 kilómetros de sufrimiento y 800 metros de alivio.

Los compañeros me felicitan y me animan a seguir. Habría podido hacerlo pero en cuanto conseguí la mínima mi cerebro desconectó y dejó de mandarle las señales oportunas a mis piernas. Ya no podía correr más. Tampoco había ninguna necesidad. No íbamos a hipotecarnos los próximos entrenamientos por venirnos arriba. El único aliciente es que iba primero en la clasificación. ¿Y porque no seguiste? Pues igual me faltó ambición pero tampoco me arrepiento. Hice lo que dije que venía a hacer y me voy más que contento.

Paseíto mañanero con el ganador

Me fui a dormir y a las 9 de la mañana volví a la pista para ayudar a mis compañeros en sus últimas horas de lucha. Es hora de darles ánimos y conversación para tenerles entretenidos. Tras 11 kilómetros más para mi colección, llegaron las 12 del mediodía. Llegó el final. Una experiencia brutal en un marco incomparable. Cada vez me estoy enamorando más de esta disciplina. El ambiente que se respira aquí no se puede comparar con nada.

Dar la enhorabuena a la organización. En su primera edición han conseguido generar algo muy bonito. Todos los atletas nos vamos con una sonrisa en la cara y deseosos de volver. No hay mejor señal que esa para saber que habéis hecho un trabajo increíble. Yo me voy con el corazón lleno, la mínima bajo el brazo y con la sensación de que cierro un año con un halo de esperanza, porque el resto ha sido para olvidar. 2025 no quedará en mi recuerdo pero espero que el año que está por entrar si lo sea. Esparta, a la segunda va la vencida.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 24:00:00
Clasificación general: 12

Kilómetros: 131

                                               BANDA SONORA DE LA CARRERA




sábado, 25 de octubre de 2025

SPARTATHLON (246km 2823 D+)

Cuando empiezas a dar los primeros pasos en el ULTRAFONDO, siempre sobrevuelan por tu cabeza una serie de competiciones de obligada participación. Al principio suena utópico pero con mucho esfuerzo, poco a poco, ese sueño parece más factible. Después de muchas caídas y posteriores auges. Tras mucha paciencia, ese sueño se va a cumplir. Voy a ir a la SPARTATHLON.

Es la carrera más emblemática. El principio de todo. Te adentra en la historia de Filípides. Aquel valiente hemeródromo griego (Soldados que se dedicaban a correr) que fue desde Atenas a Esparta (246km) corriendo para avisar del ataque inminente de los Persas. Muchos siglos después, cada mes de septiembre, 400 valientes intentan emular sus pasos. En 2025 voy a ser uno de ellos.

El proceso es difícil. Primero tienes que conseguir una marca mínima muy exigente para poder optar a ir (180km en 24 horas), luego tener suerte en el sorteo y por último, abonar la abultada inscripción (1250€). Pese al susto inicial al escuchar la cifra, la inscripción incluye 6 días de hotel a pensión completa, transportes y eventos especiales varios. Hay que tomárselo como unas vacaciones...

Los 2 primeros días son de aclimatación. La delegación española nos alojamos en el Hotel Congo junto a otros países como México, Noruega o China Taipéi. Entre mucha comida, historias infinitas con mis compañeros, recogida de dorsales y algún entreno, nos presentamos el sábado a las 7 de la mañana en las faldas del Partenón. Por delante, 246 kilómetros para recorrerlos en un máximo de 36 horas.

La convivencia los días anteriores han calmado mis nervios. Los españoles hemos creado una familia increíble y eso me ha dado mucha seguridad. Solo por estar presente en un evento así, la salida es más una celebración que una carrera. Todo es felicidad.

Momentos previos. Foto de Spartathlon

Como era de esperar, todo el mundo sale corriendo bastante ligero, sin miedo al futuro. Los primeros kilómetros son para salir de Atenas ¡Que gigante es la ciudad! En subida constante, todos corriendo, parece que está prohibido andar y yo no voy a romper las reglas. Enseguida me encuentro a Víctor y a partir de aquí empezaría un largo binomio. 

Las primeras horas son bastante caóticas. El recorrido es por carretera y con tráfico abierto. El ruido es inmenso. A uno le cuesta acostumbrarse que camiones enormes te adelanten a dos metros de distancia. Víctor me va dando consejos mientras me aclimato a la situación. Llegamos al primero avituallamiento importante (Eleysina, 20km) a ritmo de 5 el kilómetro.

Me dice que va a bajar el ritmo pero parece que se le ha roto el reloj. Va incluso más rápido. Los avituallamientos son cada 4 kilómetros. A estas alturas vamos una grupeta bastante colorida. Italianos, polacos, franceses, americanos y españoles unidos en una misma misión. En los puntos de control nos esparcimos pero luego, como si tuviéramos un imán, volvemos a enlazar.

A partir del kilómetro 30 parece que el entorno se vuelve más benévolo, por lo menos visualmente. Vamos paralelos al mar Egeo, con unas vistas impresionantes y transitamos por carreteras más pequeñas por lo que el trafico disminuye también. ¡Bendito silencio! Solo interrumpidos por los cláxones de los aficionados.

Seguimos rodando a un ritmo alegre, bebiendo y reponiendo energías en todos los avituallamientos con paradas cortas pero necesarias. Sin duda, en esta carrera no hace falta llevar mochila ni accesorios. Tienes acceso al agua cada pocos minutos. En el punto de control de Megara (39km) me había dejado un gel. Mientras lo tomaba, estuve charlando con los voluntarios sobre mis tatuajes, incluso me pidieron fotos. ¡Y a mi que me gusta presumir! Soy un cuadro en movimiento y hay que lucirlo.

El maratón lo pasamos en 3:36. Muy rápido, nos auto avisamos pero seguimos sin el freno echado. ¿Nos estaremos inmolando? lo descubriremos más adelante...

En un momento dado, cuando iba con el argentino Santiago Trull (Ya compartimos vivencias en el 100k de Santander donde salió ganador), seguimos unas flechas amarillas mezcladas con cruces rojas. Indicaciones contradictorias cuanto menos. Iluso de mi, no me percaté. A los pocos minutos me empezó a dar mala espina. Paré. Miré a mis espaldas y no se vislumbraba ningún corredor. Retrocedí sobre mis pasos y efectivamente, nos habíamos equivocado. 2 kilómetros de regalo. ¡Como no vamos a hacer pocos!

Al tiempo, conseguí enlazar con mi compañero Víctor y proseguimos nuestra aventura, bajando el ritmo un poco. Nos acercábamos a uno de los puntos importantes de la carrera. El canal de Corinto (80km). Eso significaba que íbamos a dejar el mar atrás y adentrarnos en la meseta griega. Era hora de hacernos un selfi por lo conseguido hasta ahora, relajarnos, comer un poco de pasta y hablar con los acompañantes españoles.

Foto obligatoria

Una vez recargamos energías, volvimos a coger ritmo pero ya cada vez costaba mantenerlo. A partir de aquí en las subidas intentábamos andar. Nos íbamos haciendo la goma con otros compañeros. Ellos iban constantemente corriendo a un ritmo lento y nosotros alternábamos ritmos rápidos y caminar. El reloj estaba cerca de las 7 de la tarde, eso significaba que tocaba ir sacando el frontal. En cualquier momento el sol se escondería y empezaría el largo tramo nocturno.

Personalmente, mi cuerpo estaba bastante cansado. Tantas horas corriendo por el asfalto me estaban causando mella. Por suerte, antes de llegar a Halkeion (114km) había una subida de 1500 metros. La hicimos andando y esos 15 minutos de relax me salvaron la vida. Necesitaba un descanso para mis doloridas articulaciones. A partir de ahí volvimos a encontrarnos mejor y ya con la noche encima llegamos a Nemea (122km)

En este avituallamiento tenía cambio de ropa. La camiseta de la delegación española, de roja se había transformado en blanca de todas las sales perdidas por mi cuerpo. Nos lo tomamos con calma. Arroz, parada al baño y esperamos a Bernabéu que nos había alcanzado y estaba dándose un masaje. Aquí, con todos ustedes todo un referente español en la Spartathlon, a mi solo me que escuchar y aprender.

Proseguimos la ruta los 3 juntos, siempre al ritmo alegre que marcaba Víctor. En compañía, todo es mejor. Es verdad que la estrategia de Bernabéu es llevar los líquidos encima y no parar en todos los avituallamientos. Yo intentaba amoldarme a esa manera de actuar pero cada vez me costaba más. Me empezaba a descolgar y reenganchaba a duras penas hasta que al final los iba perdiendo de vista.

Al llegar a Malandreni (140km), me estaban esperando para seguir juntos pero yo necesitaba reconectar con la carrera. Las bajadas ya no las podía hacer corriendo debido al dolor de cuádriceps y cuando en una competición así no puedes avanzar en zonas con desnivel negativo, mal vamos. Necesitaba sentarme, reposar, ordenar mis ideas y proseguir, aunque fuera solo. Nos despedimos, deseamos buena suerte y nos vemos en Esparta.

La compañía, lo mejor

Hasta el siguiente punto de control lo hice prácticamente andando. Mi cabeza ya se había desconectado del juego. Había apagado la consola mental. Llegué a Lyrkeia (148km) bastante abatido. A partir de aquí empezaba la subida exigente hasta el Partenio. Mierda. Mientras escribo estas palabras me entra angustia. Punto y final. Mi cuerpo estaba dolorido, como es normal, pero mi mente es la que estaba derrotada. No supe gestionar los sentimientos. Me bloqueé y decidí abandonar. A las primeras de cambio me rendí. No supe sufrir y  aquí, esto se paga muy caro. Pese a las insistencias de todo el mundo: Novia, voluntarios, compañeros, no quise escuchar nada. Me escondí en mi mismo y tiré la toalla. K.O MENTAL.

Me arrepiento muchísimo de mi forma de actuar. Creía que llegaba fuerte mentalmente a la carrera pero está claro que no. En cuanto sentí los primeros problemas físicos, me derrumbé. ¡Parezco nuevo! Con todo lo que he pasado para conseguir llegar hasta aquí y ahora me hago esto. No tengo perdón. Bueno, tampoco vamos a tirarnos tantas piedras a nuestro propio tejado. Ya me he fustigado demasiado hasta que me he atrevido a escribir esta crónica. De todo se aprende. La próxima vez volveré más fuerte, más preparado y nadie me podrá parar, ni siquiera YO mismo.

Todo lo que vino después no hace más que reafirmarme en mi equivocada decisión. Ya me lo avisaron pero no quise escuchar. ¡No abandones!¡No te montes en el autobús de la muerte! Cuanta razón tenían. 8 horas de penitencia me pasé en ese bus hasta que me llevaron a Esparta. Os podéis imaginar el ambiente desolador del interior del vehículo. Un silencio sepulcral, solo interrumpido por el crepitar de las mantas de supervivencia. Fuera estaba cayendo el diluvio universal. Dentro, el diluvio lo llevaba cada uno dentro. Por lo menos me quedo con la compañía de Virginia, Una experimentada atleta argentina (Finisher en 7 ocasiones) que me enseñó a como enfocar la carrera la próxima vez que vaya. !Gracias por tus palabras!

Dar la enhorabuena a todos mis compañeros que acabaron o no. Sois todos superhéroes. Víctor, mi compañero de 140 kilómetros, contigo fue todo mucho más fácil. Buen tándem hicimos. Bernabéu, cuanto he aprendido y espero hacerlo en futuras ediciones. Santi, el otro aragonés, tenemos que quedar en Andorra para entrenar y volver el año que viene más fuertes. José Antonio, nuestro gurú del viaje, siempre velando por el grupo. Víctor, un enamorado del Ultrafondo, da gusto ver su pasión. David, es todo lo que representa la Spartathlon, su beso a Leónidas va a pasar a los anales de la historia. Marc, que decir de él, el español más joven en finalizar la carrera, ya me gustaría tener su fuerza mental. Josep, se quedó  a 26 kilómetros de llegar, lo diste todo y no se puede reprochar nada. Iván, cuarto en la general y un ejemplo a seguir. Mito. Sin olvidarme de los acompañantes. Nos hicisteis más ameno el sufrimiento con vuestro apoyo. Gracias. Gracias a todos.

Los últimos dos días en Atenas fueron un sentimiento agridulce. Disfrutando con mis compañeros de las comidas y cenas de gala pero con una tristeza interna que aún la sigo manteniendo. Ahora queda reponerse, volver a intentar conseguir la mínima y esta vez, SI que SI, llegar a Esparta como sea.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 17:46:19
Clasificación general: Retirado

Kilómetros: 148

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lunes, 21 de abril de 2025

MARATÓN DE ZARAGOZA

Seguimos la temporada. Suma y sigue. Vamos acumulando kilómetros con el único propósito de superarnos a nosotros mismos. Encontrar nuestra mejor versión. Ha llegado la hora de demostrarlo y que mejor lugar que en tu propia casa. Corremos en la Maratón de Zaragoza.

Como ya va siendo habitual, en mi ciudad quemo el último cartucho. Después de centrarnos en la Maratón de Castellón, si sale mal, siempre tenemos una segunda oportunidad  en la capital maña. Esta vez tocó cruz, no conseguí cumplir objetivos así que tocaba resarcirse a orillas del Ebro.

Como ya conté, en navidades tuve una lesión que me dejó fuera de juego durante 3 semanas. Eso provocó llegar muy justo a Castellón. Así fue. Las matemáticas no fallan. Perdí  y tocaba seguir entrenando duro unas semanas más. Así lo hice. Sumé una buena remesa de kilómetros extra y a volverse a poner en la línea de salida.

Amanecía una agradable pero ventosa mañana. Los autóctonos ya estamos acostumbrados. El cierzo siempre nos acompaña. Es algo que tenemos asumido. Seguro que es el único atleta que ha participado en todas las ediciones. Nos acercamos a la plaza del Pilar y nos ubicamos en nuestro cajón. A primera vista no hay muchas caras conocidas. Las fechas este año no han acompañado y la participación de élite ha bajado salvo los africanos contratados por la organización. En féminas si destaca la presencia de Laura Méndez, olímpica en Tokio. 

Salimos y nos vamos posicionando. Mi objetivo es intentar hacer 2:35. Una de las peculiaridades en maratones más familiares son las conversaciones los primeros metros entre corredores. ¿A que ritmo vas a ir? ¿Qué marca quieres hacer? Oigo que Laura quiere hacer 2:40. Se que ir en su grupo sería una gran baza, sobre todo para chupar cámara en la retransmisión de Aragón TV. Mira que me gusta a mi un buen salseo pero esta vez había que intentar ir más rápido. Me adelanto y enseguida me quedo solo. En mitad de la nada. Solo el cierzo y yo.

Vaya 2 monumentos... Fotos de Barrel

Los primeros kilómetros van pasando cómodos. Abandonado pero feliz. Voy viendo caras conocidas entre el público y eso siempre anima. De momento, todo va viento en popa. El recorrido, salvo pequeños cambios, se ha consolidado estos últimos años por lo que me lo sé de  memoria. El principio me gusta bastante. No opino lo mismo de la zona de la Expo. Me parece bastante desangelada. ¿Pero sabéis qué? Te guste o no , te toca pasar así que nos ponemos a ello.

Noto que el grupo de Laura va unos metros detrás. ¿No sería buena idea esperarles y correr en grupo? Ir en solitario tanto tiempo va mermando las fuerzas. Está totalmente estudiado que se gastan muchas más energías pero se ve que hoy estaba en plan llanero solitario. Seguí mi encrucijada hasta el kilómetro 20. Es la parte donde rodeamos el Parque del Tío Jorge. Siempre se me atraganta esta zona. No se que tendrá pero es de mala digestión.

Al paso por la avenida del Puente del Pilar empiezo a oír unos gritos que me resultan familiares pero no lo asocio a nadie. Estoy pasando por una zona bastante desconocida. Me acerco y ahí estaban mi hermana y sobrinos. ¡Más familiares no podían ser! Les saludo y prosigo con mi aventura. Ya me voy notando el paso de los kilómetros. Algo no anda bien. De vuelta al centro y al paso por el Puente de Hierro donde se ubica toda mi familia, paso con una gran sonrisa pero más grande era la fatiga. Hagamos que parezca que todo va bien...

La Virgen del Pilar dice...

A orillas del Ebro ya me adelantan los compañeros que llevaba detrás con anterioridad. Me intento enganchar en vano. Sus ritmos ya me parecen inalcanzables. Vuelvo a pasar por donde mi familia y aunque intento disimular, mi  desencajada figura me debió delatar según me comentaron a posteriori.

Sigo con mi vía crucis. Sobre el kilómetro 28 y al pasar el túnel de Cesáreo Alierta, viendo que dos parciales se me habían ido por encima de 4, decido parar. ¡CORTOCIRCUITO TOTAL! No me había pasado en la vida en una maratón. Se me pasó por la mente abandonar y no lo dude un segundo. Cero capacidad de sufrimiento. Arrinconado en el asfalto vi pasar a Laura y su grupo. Ma agarré a un pequeño hilo de esperanza y retomé el camino.

Nada más lejos de la realidad, a escasos 1000 metros y mientras me estaba tomando un gel para coger energías, decidí parar del todo. Querer y no poder. Es todo un reflejo de la pelea interna que llevaba. Vi pasar a mi compañero Kevin. Le dije: -¡Hasta aquí hemos llegado!-. Frustrado y cabeza gacha me fui andando hacia la meta. Me estaban esperando los familiares. Esta vez no van a disfrutar de mi entrada triunfal, toca hacerlo por la puerta de atrás.

Esta claro que se me ha hecho muy larga la temporada. Igual ya no estamos para tantas semanas de entrenamiento. Tengo que jugarme mi baza a un único pico de forma o espaciarlos en más tiempo. O quizás solo ha sido un mal año. O tal vez haya llegado a mi tope. Tantas preguntas y ahora mismo todas las respuestas son negativas. Dejaremos reposarlo y hacer un pensamiento de forma más cabal.

De momento, lo que toca ahora es un cambio de chip. Una nueva aventura me espera ¿Quizás la más grande que he vivido? No lo sé, pero seguro que disfruto mucho del camino. Me espera nada más y nada menos que la SPARTATHLON


¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: ABANDONO

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA










lunes, 17 de febrero de 2025

MARATÓN DE CASTELLÓN

 Ya estamos inmersos en 2025. Otro año más donde renovar objetivos, ponernos nuevas metas y buscar aventuras que nos hagan crecer. En mi caso, arrancaremos igual pero diferente. Mismo lugar, distinto resultado. Arrancaremos en la "Maratón de Castellón".

Por primera vez habíamos conseguido empezar la preparación con bastante antelación. Sin competiciones de ultrafondo alterando a mi entrenador. Me había juntado con unos amigos para hacer los entrenos de calidad y así exprimirnos aún más. Todo iba genial hasta que ¡ZASCA! Después de unas series de 400 empecé a notar molestias en la ingle. Fueron a más. Diagnostico: Pubalgia y 3 semanas perdidas. Trabajando con mi fisio y con ejercicios de rehabilitación conseguimos controlar las molestias pero a día de hoy aún siguen presentes.

Llegamos a Castellón en muy buena forma pero con la rabia de esas 3 semanas a medio gas (En una preparación tan exigente, perder 20 días es un mundo). No obstante, no nos dejamos amedrentar por la situación. Siguiendo las instrucciones de Fernando, decidimos arriesgar. Hemos venido a jugar. Si perdemos, ya echaremos otra partida en la Maratón de Zaragoza. All-in. Todo al 3:35 el kilómetro.

Salimos bajo una espesa niebla a las 9:17. Minutos después de la 10k donde, a posteriori, Kejelcha iba a conseguir récord del mundo. Como siempre en Castellón, la carrera sale volada. Sus amplias calles animan a llevar una zancada alegre y rápida. Para más inri, vas adelantando a los corredores de la 10k. Eso fortalece más el ritmo crucero.

En los primeros kilómetros consigo enlazar con la tercera clasificada, la keniana Pauline Mutwa. Veo que puede ser una excelente acompañante y me junto a ella. Van pasando los minutos relativamente cómodo aunque se nota que la atleta no está al 100% físicamente. Va por oleadas. Tan pronto acelera y me quedo descolgado como echa el freno y se nos va el ritmo por encima de 3:35.

Agarrado a la élite. Foto de Canofotosports

Cuando afrontamos los últimos metros para llegar al barrio del Grao, después de superar mi querida recta de 4 kilómetros, noto que el ritmo baja bruscamente. ¿Sigo en el grupo? ¿Me voy en busca de nuevas aventuras? Me acojo a mi intrépido espíritu corsario y abandono el barco. Me adelanto en solitario buscando el ritmo marcado por mi entrenador.

Sigue todo en orden, pasamos el 25km. Toca volver hacia le centro. En el momento de retornar a mi recta interminable, apareció un compañero que hacia mucho tiempo que no me visitaba: EL HOMBRE DEL MAZO. Como si de un apagón se tratase, se me fundieron los focos. Se me diluyó la fuerza. Las piernas ya no respondían. La recta de 4 kilómetros que tantas veces he disfrutado, ahora parecía un pasillo interminable.

Intentaba pero no podía. Por mi mente pasaba la posibilidad de parar en el 30. ¿Para que seguir sufriendo si no voy a conseguir los objetivos? Mi próxima preparación lo agradecerá. Por otro lado, mi orgullo me decía: ¿Has venido hasta aquí y vas a abandonar? Anda, anda. ¡No te pares, esgarramantas! Mi pareja me estaba esperando en los últimos kilómetros. ¿Cómo iba a aparecer yo andando? Decidido: NO ME PARO.

Contento de que acabe... Foto de elperiodic.com

La última hora de carrera poco más se puede decir. Sufriendo como nunca. Cuando me adelantaba alguien, mi pundonor intentaba seguirle. Situación que apenas duraba unos segundos. La cruda realidad. El tiempo pasaba muy lento. Ni ver a mi pareja me dio fuerzas. Eso la única vez que la vi, las otras, con la mirada perdida, ni la reconocí. Ya ni enfocaba...

Al final paré el cronometro en 2:38. Muy por debajo de mis expectativas. Al cruzar el arco de meta me alegré solo por acabar con la agonía. Arriesgamos y perdimos. ¿FRACASO? Tampoco lo creo. No todo sale siempre como uno se espera y menos en el deporte. Las circunstancias hicieron que no lo haya podido conseguir esta vez pero me esperan muchos más intentos. La ilusión no se pierde. Al revés, ahora tengo muchas más ganas. Seguir entrenando duro para conseguir un sueño. Seguir entrenado para resarcirme. Seguir entrenando para ser feliz.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 02:38:19
Clasificación general: 17

Clasificación categoría: 5

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA













jueves, 26 de septiembre de 2024

BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN

 Así como quien no quiere la cosa, después de un verano más que movidito, llegó septiembre. Mi radar se volvió a activar y busqué algún lugar donde llenar mi vacío competitivo. Navegando por la red, navegando en internet, navegando yo, te encontré: BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN.

Voy a empezar la temporada como acabe la siguiente. Dando vueltas en un recorrido de 6,7 kilómetros hasta que no pueda más. Viajamos desde la Backyard de Benabarre hasta la de Val D'Aran y tiro porque me toca.

En junio me quedé totalmente enamorado de esta desconocida modalidad deportiva para mi. Fue muy exigente, dejándome totalmente exhausto, derrotado y llegando al límite pero como esto de sufrir nos encanta, solo pensaba en volver a repetir. 

Viajé con mi pareja a la pequeña localidad de Salardú del pirineo catalán. Un lugar mágico. La primera impresión es que era un marco incomparable para realizar la carrera. Rodeados de verde, montañas y con un aroma a libertad espectacular.

Las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas. Se esperaban muchas lluvias. De momento, amanecíamos encapotados pero secos. Lo que viene a ser las mejores condiciones para correr. A ver cuanto nos dura...

La organización pone el polideportivo como zona de operaciones. En este lugar se encuentra tanto la zona de salida y meta, como el avituallamiento y la zona de descanso personal. Después de dejarme todo mi material minuciosamente organizado, ya estoy listo para empezar. Lo reconozco, tengo un toc con el orden pero si veo todo en su sitio, mi mente estará más tranquila y por ende, mi cuerpo responderá mejor.

A las 9 da comienzo la aventura. Como siempre, me dejo llevar por la emoción y pongo un ritmo alto siguiendo al primer corredor. Me digo que esta vuelta será de reconocimiento y luego ya iremos ajustando los tiempos. Nada más empezar me doy cuenta que no va a ser un día nada fácil. Salimos directamente subiendo una cuesta por el pueblo para desembocar en otra aún más exigente, ya pisando camino. Volvemos a Salardú y de ahí una rápida bajada hasta el vecino pueblo de Unha. Lo cruzamos siempre en ligero ascenso para salir a un camino que nos unirá con la tercera localidad: Gessa. Aquí daremos unas vueltas por sus calles para cerciorarnos de su belleza para volver al pueblo inicial. En la mencionada Salardú cruzaremos un bosque con bajada trepidante y puente colgante incluido. Llegaremos al parking del polideportivo. Con la miel en los labios, nos desvían para hacer un último bucle por su casco histórico y por fin, llegamos a meta.

Disfrutando. Fotos de la Organización

Primera vuelta completada en unos 40 minutos. Ponemos nota. Nivel de dureza: 8. A partir de ahora habrá que gestionar fuerzas. Saber donde andar y en que lugar apretar. Es todo estrategia. No hay que dar puntada sin hilo si no quieres pincharte y acabar antes de tiempo.

La segunda y tercera vuelta las invierto en marcarme parciales. 7 minutos el principio de la subida por el camino. 20 al llegar a Gessa. En 36 minutos debo pasar por el puente colgante y en unos 44 llegar a meta. De esta manera voy sabiendo si estoy llevando un ritmo correcto y además, tengo 15 minutos para descansar.

El tiempo fue aguantando bien hasta el final de la sexta vuelta. Ya empezaron a hacer acto de presencia las primeras gotas. De momento no les temo mucho, me aprovisiono con un chubasquero pero apenas me lo pongo. Me da mucho calor y la lluvia no es muy persistente. Llego a meta, es la hora de comer. La organización nos deleita con unos macarrones con queso y tomate que me saben a gloria bendita. Me había preparado mi propio arroz, lo guardaré para más adelante. A lo que nos preparamos para salir, la tormenta nos está esperando.

La competición cambia completamente. Me visto para la ocasión y salimos a la guerra naval. A los 5 minutos ya estoy empapado completamente. El impermeable que debía ser "el bueno", está totalmente calado. Llego al pabellón como una bayeta pasada de uso. Lo bueno de estar bajo techo es que te puedes quitar la ropa y secar el cuerpo mientras estás descansando. Si nos llega a salir el día así en la Backyard de Benabarre, hubiera sido un problema muy grande.

Disfrutando mojado

Nos pegamos 3 horas bajo un manto de agua constante. Es tontería cambiarme de ropa porque al momento iba a estar calado otra vez. Además, la bajada que da al puente colgante se ha convertido en un lodazal. Es extremadamente peligrosa. En una curva, salí recto y gracias a un árbol que me paró sino acabo en el rio. Mientras mis extremidades se van arrugando cada vez más, pido clemencia al dios Zeus. Parece que me hace caso y nos da un respiro. Dejamos chubasquero a un lado y lo cambiamos por un fino cortavientos.

En la siguiente vuelta noto dolor en mis plantas del pie. Es la misma sensación que sentí en la Ehunmilak en la que al final me tuve que retirar. Llevaba los pies tan ablandados que se me estaban empezando a agrietar. ¡PELIGRO! Por suerte, en esta modalidad tenemos la posibilidad de revertir la situación. Cambio de calcetines y zapatillas. Pies secos, pies contentos.

Cuando llevamos 9 horas de carrera (60km) empieza el modo nocturno. Es hora de que salga a jugar el factor mente. ¡Calienta que sales! Ahora es más importante el cerebro que las piernas. ¿Seré capaz de gestionarlo bien?

Con la caída del sol y el terreno en peores condiciones, los ritmos bajan. Cada vez hay menos tiempo para descansar. Voy hablando con varios compañeros para hacer las vueltas más amenas. Se ha quedado una noche muy buena. Aunque haya bajado la temperatura no es un problema. Al descansar en un sitio cerrado no te llegas a quedar frío. 

Otro de los bastiones en este tipo de competiciones es la compañía. Saber que al final de cada vuelta te está esperando una persona es indispensable. La persona que me aguantaba pacientemente a mi no podía ser mejor. Mi pareja, armada de paciencia, me recibía con una sonrisa y el más cálido de los arrumacos. El acompañante te anima, te mantiene entretenido y no te hace pensar de más. En estos lares, pensar, lo menos posible.

Nos plantamos en la catorceava vuelta (94km). Mi mente se empieza a desmoronar y lo peor de todo: Mis parte intimas. El escozor empieza a ser TOP. Llevar tantas horas mojado no está ayudando nada. Me impregno en vaselina y polvos de talco cada poco tiempo. ¡Lo intento todo! Es mi talón de Aquiles en las carreras de ultrafondo. Siempre lo sufro y no consigo encontrar la solución. ¿Algún sabio consejo en la sala?

Disfrutando del paisaje

Llegamos a la 15. Mi récord está en 17. Está tan cerca y a la vez tan lejos. Quiero pero no puedo. Me resigno. No puedo más. La que está decidida a no abandonar es mi chica. Me insiste, usa audios de mi familia para convencerme, se enfada, me hecha la bronca. Pasa por todas las fases posibles para hacerme cambiar de opinión pero yo lo tengo más que decidido. Cuando apenas quedan 2 minutos, hace la última intentona: - ¡Yo no te voy a acompañar a ver como dices que abandonas! -. Y se sienta alejada de mi. ¡Ostia, esto va en serio! - Pienso en mis adentros. Cabreado como un mono digo: - ¿Quieres que corra, pues corro? -. Me pongo los manguitos y salgo resignado a la línea de salida.

Es fundamental tener a alguien así a tu lado para no dejar que te rindas cuando sabe que aún puedes dar un poco más. También es inevitable enfadarte sin sentido. Como si fueras un niño. Llevas 15 horas corriendo sin parar y el cerebro lo tienes hecho una esponja. Es como dicen en el fútbol, lo que pasa en el campo, se queda en el campo. Fuera, todos tan amigos. En nuestro caso, fuera es todo AMOR.

Como puedo hago la vuelta 16, bajando los ritmos considerablemente y compartiendo camino con Aritz Vazquez. Después de dos experiencias en Backyard he aprendido que no todo es lo que parece. Los corredores que parecen más fuertes las primeras horas, se acaban evaporando. Por contra, los que pasan desapercibidos son los mejores estrategas y los que se llevan la gloria. Llevaba observándolo en el polideportivo y sin duda era uno de mis favoritos. A estas alturas solo quedábamos 8 en liza.

Acabo la vuelta 16 y decido sacar la bandera blanca. Me rindo. Mi pareja después de verme destrozado la hora anterior, también parece estar de acuerdo. Me he quedado a 2 horas de superar mi mejor marca. Parece poco tiempo y asumible  pero creerme, no podía más. El desnivel acumulado (3100+), la meteorología y el estado de forma me han vencido. Conmigo se retiran varios compañeros. Solo quedan cuatro. Auténticos titanes que van a luchar hasta el final mientras yo, tieso como un palo, me retiro a mis aposentos.

Al final, mi apuesta fue la correcta. Aritz se llevó la victoria con 23 vueltas. Me encanta esta modalidad por la incertidumbre del resultado. En otros deportes puedes imaginar por donde van los derroteros. Aquí todo puede pasar pero con el tiempo te vas dando cuenta de como es la mejor manera de hacerlo. Me queda mucho que aprender y por supuesto que voy a intentar seguir mejorando. Algún día llegaré a las 24 horas. Lo prometo.

Dar la enhorabuena a la organización y voluntarios. Gente muy joven y con muchas ganas. Nos han tratado de maravilla y han creado todo un carrerón. Os auguro un futuro brillante. Tenéis una zona increíble y con vuestra pasión, solo os pueden pasar cosas buenas.

Por mi parte, cierro las carreras de ultrafondo (Igual cae un 24 horas, depende si me deja mi entrenador). Empieza la dura rutina del maratón. Cada vez somos más veteranos y tenemos menos margen de mejora pero disfrutamos intentándolo. Seguiremos rascando segundos mientras podamos.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 16:00:00
Clasificación general: 5

Kilómetros realizados: 107

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