jueves, 18 de julio de 2019

X EHUNMILAK (168km 11000 D+)

Antes de nada y pese a desvelar el final: ¡EHUNMILAK YA ERES MÍA! Después de 2 intentos fallidos, en 2017 por problemas físicos y 2018 debido a la suspensión de la carrera, este año ya se había vuelto una obsesión. Era ella o yo. Ahora ya puedo decir orgulloso que soy finisher de "X Ehunmilak".

La aventura empezaba como todos los años, madrugón para llegar a Beasain con tiempo y poder hacer todos los tramites: recogida de dorsal, control de material, preparación de la bolsa de vida, pasta party y algo de descanso antes de afrontar la salida. Se realiza a las 18:00. Todo acompañado de un calor intenso, novedad para mi.

Minutos antes de comenzar, el director de la carrera nos informaba de las previsiones meteorológicas. Nada que ver al año anterior en el que nos daba indicaciones de como actuar ante una tormenta eléctrica. Esta edición todo lo contrario, como dice Kortatu: "Sol y buen tiempo".

Después de 2 experiencias, este año intentaré ser más concreto en explicar el recorrido. En muchas carreras, los primeros kilómetros suelen ser sencillos, para ir entrando en calor. En Beasain nos encontramos otro panorama. Solo salir del pueblo es en continua subida por asfalto hasta desembocar en el bosque. Todos los años me parece curiosa la salida, corriendo durante todo el tramo asfaltado sin tener en cuenta que quedan 168 km por delante. ¡Nos puede el ansia! El ascenso continua durante 4 kilómetros hasta Usurbe (700m). El calor y la humedad hace que explotes a sudar, es mejor tomárselo con calma.

Mi intención es acabar en 30 horas y de momento, la llegada al primer avituallamiento (Mandubia 10km) se produce en el tiempo previsto. Aquí me encuentro con mi compañero Alfredo que a la postre, será colega de fatigas durante toda la carrera. Mi idea es hacer estas 4 horas de sol con un poco de brío y luego en la noche recuperar fuerzas. El segundo tramo de la carrera también nos guarda subidas exigentes como Izazpi (973m) o Irimo (901m), todas ellas llenas de público en su cumbre.


Empezando la aventura...Fotos de Festak

Consigo llegar a Gorla (29km) aún de día. Reponemos energía y nos preparamos para la noche. Cambiamos gafas por frontal. Según nos vamos adentrando en el bosque, espero que la niebla y el chirimiri aparezca en cualquier momento. Sorprendentemente, no aparece y disfrutamos de una noche increíble. Sin quererlo, en las bajadas me distancio de Alfredo, el va más precavido. Son muchas horas y cada uno tiene que llevar su ritmo, sería una irresponsabilidad intentar amoldarte a una cadencia superior a la tuya.

Uno de los momentos que con más cariño recuerdo de otras ediciones es el avituallamiento improvisado de una familia antes de llegar a Madarixa (43km). Me sorprendo al ver el tamaño de este año, cada vez es más grande. Me obsequian con refresco y flan casero. ¡Me quito el sombrero ante el público de Ehunmilak, simplemente espectacular! Así todo es mucho más fácil. Continuamos y la noche sigue siendo estupenda. Siento que es una carrera nueva, desconocida para mi. Los 2 años anteriores me acompañó una lluvia intensa que no te permitía ver más allá de 2 metros. Hoy estaba disfrutando de todo lo que no había podido hacer con anterioridad: paisajes, animales, sensaciones....hasta la calzada romana que nos lleva a Azpeitia (53km) me pareció bonita.

Después de este avituallamiento nos encontramos con un tramo que se me atragantó bastante. La subida a Zelatun, con su buen desnivel (1020 D+) y la soledad que reinaba a mi alrededor, se me hizo eterna. En un momento mientras deambulaba por una pista, el sueño me atacó con fuerza. Me estaba quedando dormido mientras andaba. La única solución que vi fue correr pese al sofocón que me podía ocasionar. Así lo hice, apreté el ritmo para intentar dejar la somnolencia atrás hasta llegar al punto de control. Sin duda, este tramo ha sido de los peores en toda la carrera. Ahora queda una parte accesible de bajada hasta Tolosa (77km). No te fíes al principio, antes tendrás que solventar un repecho de 300 metros.


Llego a la bolsa de vida en Tolosa bastante tocado mentalmente. Necesito reiniciar y volver a recuperar sensaciones. Se que con una ducha, cambiarme de ropa y comer, todo cambiará. Será como empezar de nuevo. Dicho y hecho. Nada más salir me siento renovado. Sin embargo, encuentro un inconveniente. Mi cuerpo se ha relajado tanto que me entra un sueño terrible. Ya me paso hace 2 años, en los que incluso tuve alucinaciones bastante curiosas. Para combatir el sueño, la misma estrategia que antes: "correr como si no hubiera un mañana". Alfredo no se duchó y salió antes de Tolosa pero a estas alturas le vuelvo a pillar. Me siento tan fuerte que en una bajada me paso de revoluciones y acabo en el suelo. Se me clava el frontal en las costillas. Por un momento me viene a la cabeza el mal recuerdo de "Haria Extreme Lanzarote" pero al levantarme y no sentir nada, sigo sin problemas.


Antes de empezar con Manuel y Patxi

Hasta Amezketa (96km) tienes 19 kilómetros sencillos. Llegados al avituallamiento, reponer bien, ahora toca afrontar la subida al Txindokiko, un tramo de 12 km y 1750 D+. Empezamos "china chana". El recorrido está repleto de aficionados que te animan según les adelantas. Como siempre, con los aplausos me vengo arriba. Empiezo a correr en las cuestas. Alfredo me ve alejarme pensando - ¡Este chico es tonto! -. Analizándolo al final de la carrera, estas venadas que me dan son un gran lastre. Tendría que aprender a ser constante. Curiosamente, viendo el Tour de Francia estos días, los sprints intermedios que hay lejos de meta yo creía que no suponían nada físicamente. Te recuperas sin más pero Purito Rodriguez recalcaba todo el rato que pasaban factura....y que razón tenía.

En mitad de la subida te encontrarás una fuente ¡Bendita sorpresa! Decido esperar a mi compañero y seguir ascendiendo juntos. El Txindokiko no se corona, te quedas a 150 metros de la cumbre. En vez de eso, empiezas un sube y baja por los alrededores hasta llegar al avituallamiento de Uarrain (108km). En este transito empecé a notar dolor en la zona del talón de aquiles, se vislumbraba una bonita rozadura. Nada más llegar fui directo a los voluntarios en busca de ayuda. Al quitarme la zapatilla....¡ZAS! Piel en carne viva. Me vendaron todo el pie, me dieron unos compeed y a seguir.

La bajada a Lizarrusti (116km) si tienes piernas, se hace rápido. Al llegar, Alfredo con problemas en el empeine también pasa por la Cruz Roja. El que no tenga algún dolor a estas alturas, no es humano. Ahora nos quedaba un tramo de 14 km hasta la bolsa de vida que todos tildaban del "peor de la carrera". Con ese miedo lo afrontamos. En la primera subida, con un desnivel de 400m, empiezo a notar el mismo dolor pero en el otro pie. Observo y....¡ZAS! Piel en carne viva. Me pongo un compeed y a sufrir. Van pasando los minutos y no encuentro dificultad en este tramo, es más, me pareció un bálsamo de aceite. Será porque este año no había barro.

Un poco antes de acabar el tramo, mientras íbamos andando ligero, vi a lo lejos un cercado en el que había una valla de madera que había que saltar. Pensé - que pereza subir escalones a estas alturas de la carrera- . Me pongo a trepar con la ligereza de un koala y mientras me hallaba en ello, mi compañero Alfredo me adelanta pasando por la puerta de al lado, la cual estaba abierta, diciéndome (Otra vez) - ¡Estas tonto o que! -. Poco a poco vamos perdiendo la cordura....


Saliendo de Zumarraga

Después de 22 horas llegamos a Etzegarate (139km), segunda bolsa de vida. Voy directo a la ducha. Mis pies son un poema. En un arrebato de locura, tiro las zapatillas a la basura, achacándoles toda la culpa de mis males. Pasé por la Cruz Roja para que me curaran los pies. Alfredo decidió ir tirando en previsión de que yo le pillará, como habíamos hecho durante toda la carrera.

Después de la ducha, la historia se repite. En un tramo bastante cómodo que nos llevará a las faldas del Aizkorri (1523m), el sueño me vuelve a atacar. Esta vez de forma más severa. Decido sentarme durante 5 minutos y cerrar los ojos. La idea parece que funciona y me levanto con energías renovadas. Con la barrita de vida llena. Paso por el túnel de San Adrian y emprendo la última subida seria pletórico. Terreno pedregoso pero accesible. Otra cosa es la bajada. Corono y empiezo a avanzar lateralmente. Se torna complicado por las rocas pero lo peor está por llegar. La bajada se me hace interminable. Ves la parte final pero ésta nunca llega. Es una autentica penitencia.

Cuando finalizas, llegas a una zona donde los voluntarios te ofrecen agua. Salgo a unas praderas que me conocía ya por mi participación en la "Hiru Haundiak". Corriendo entre caballos y potros, parece la escena de una película. Todo es idílico hasta que giramos bruscamente y el recorrido se dirige directo a otro pedregal. En estos momentos mi cabeza eclosiona. Se me cruzan los cables y todo se vuelve negativo. Hasta el final, ya no conseguí recuperar la positividad. Mi fuerza mental había durado 27 horas.

Una autentica pena porque el tramo restante es perfecto para correr si te quedaban buenas piernas y yo las tenía. Siempre lo digo, en las carreras de ultra distancia es más importante la fuerza mental que la física. Desde Oazurtza (148km) hasta meta los hice prácticamente andando. Especial mención al tramo desde Mutiloa (158km). Te reciben con una sonora ovación pero soy casi incapaz de agradecérselo. La noche ya se nos había echado encima y por delante 10 kilómetros que parecen un laberinto. Tienes la sensación de estar deambulando por el mismo lugar. Sendas imposibles que giran sin sentido. Mi mente se está derritiendo drasticamente. 

Por fin se vislumbra Beasain. Una vez entrado en la ciudad aún te queda una larga recta de 2 kilómetros. Lo que sería un pasillo de alegría y éxtasis, para mi es un suplicio. Los hago andando hasta el pequeño repecho de meta. Me instan a hacerlo corriendo y accedo a ello. Al final han sido 31 horas. Nada más finalizar me siento en el suelo. Los voluntarios, muy agradables, se interesan por mi pero yo solo quiero estar solo. Todo me parece mal.

El autobús nos lleva el polideportivo donde nos vamos a duchar y reponer fuerzas. Ahí me encuentro con Alfredo. Ha conseguido bajar de las 30 horas. Me alegro enormemente, su éxito lo hago mio. Hemos compartido casi toda la carrera y me siento participe de su logro aunque yo no lo haya conseguido. Pasan los minutos y analizándolo de forma más calmada, me voy dando cuenta de la hazaña realizada.

Pocas personas pueden ser capaces de completar una aventura así. Es para estar orgulloso. Durante tantas horas, la mente te puede jugar una mala pasada. A mi me tocó casi acabando. Si hubiera sido capaz de correr de forma más constante en vez de por impulsos, igual no me hubiera pasado. Pero no es hora de ver fallos sino de disfrutar de los aciertos y venir a EHUNMILAK siempre lo es. Una carrera simplemente INSUPERABLE. Está un punto por encima de todo lo visto hasta ahora. Nada más cruzar la meta me dije a mi mismo - ¡No vuelvo más! -. Ahora te digo - ¡Hasta el año que viene! -.


¡VA POR TI PRIMO!

Tiempo: 31:14:27
Clasifiación: 53
Participantes que acabaron: 260

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lunes, 8 de julio de 2019

XIII CARRERA DE MONTAÑA "LAS MINAS DE REMOLINOS" (17km 750 D+)

Vuelve el turno de noches y como todos ya sabéis, la mejor manera de aderezarlo es participando en alguna competición. Las 8 horas de trabajo sería el plato principal y la carrera un rico postre con el que quedar saciado. Entre las opciones disponibles en el menú, elegí la "XIII Carrera de Montaña las Minas de Remolinos".

Remolinos es una pequeña localidad zaragozana que se encuentra a menos de 40 kilómetros de la capital y es conocida por sus minas de sal. Cuando salgo de trabajar a las 7 de la mañana ya es completamente de día e incluso hace buena temperatura por lo que no da tanta pereza ir directos a una carrera como en otras épocas del año. Preparo equipación y pongo rumbo a la salida que se lleva a cabo a las 9.

Hay tres modalidades diferentes. Una andada y carrera de 9 kilómetros y otra más exigente de 17. Yo, evidentemente, elijo la última. Ya que voy sin dormir, que merezca la pena. El desnivel acumulado no llega a los 800 metros. A priori parece asequible pero no nos engañemos, toda competición aguarda su dificultad.

La semana ha sido un tanto complicada. He compaginado entrenamientos calurosos por la tarde con otros matutinos, haciéndolos directamente al salir del trabajo. Tengo a mi cuerpo descolocado, no sabe cuando le va a tocar dormir. En el fondo es una estrategia, mala seguramente. El gran reto del año es "EHUNMILAK". De esta manera preparo al cuerpo trabajar con fatiga, lo acostumbro a correr durante todas las horas del día y a la falta de sueño. Soy todo un estratega.

Dicho ésto, recalcar que el día anterior realicé un entrenamiento por la zona de el Frasno, mi parque de atracciones favorito, sobre un recorrido de 16 km y 1600 D+. Así me presenté en la salida, lo opuesto completamente a "llegar fresco" pero con la temeridad intacta.

"Al Caloret" Fotos de José Manuel Muñio

Los 2 primeros kilómetros son llanos mientras nos alejamos de la localidad. Mi imprudencia y falsas sensaciones me hacen salir a fuego. Me dejo llevar por la estela de mis compañeros. Me acabo de comprar reloj nuevo y hoy lo estrenaba. Ni siquiera he ordenado la información de la pantalla pero alcanzo a ver que voy a 3:30. Me pregunto si estoy mirando los datos correctos o es que se me ha ido de las manos el ritmo inicial. Enseguida lo averigüe. En el primer repecho de apenas 2 metros mis piernas ardían....


No tengo cabeza alguna. Sabiendo que voy sin dormir, llevo 4000 metros de desnivel acumulado esta semana y en cuanto dan el pistoletazo inicial, salgo como si no hubiera un mañana. Me creo Oliver Atom y no llego ni a Bruce Harper (Orgulloso estaría de mi). Fue ponerse el terreno un poco exigente y ya me tuve que parar a andar. Notaba los músculos muy cargados, más aún con el sofocón inicial. Si mi intención era trabajar con fatiga, la verdad es que he dado en el clavo.

La zona de monte me recuerda mucho a Juslibol. Un continuo sube y baja sobre un terreno arenisco sin ningún tipo de sombra. No son desniveles pronunciados pero tampoco te dan tregua. A ésto me refería con lo de la dificultad. No solo hay que tildar de exigente a carreras con kilómetros verticales o largas distancias. Igual pasa en el asfalto al hablar de una 10k o maratón. Solemos caer en error al pensar en cuanto más tiempo, más difícil. Cada prueba tiene sus características. Yo, particularmente, sufro mucho más en carreras como la que me atañe hoy a otras de ultra fondo.

Visto como respondía mi cuerpo a las primeras dificultades, decidí soltar el freno del acelerador buscando volver a encontrar una respiración menos entrecortada. Si le añadimos las altas temperaturas (Hoy Zaragoza ha sido la capital más calurosa de España: 37º), tenemos el quit completo. Las vistas en carreras son curiosas, grandes llanuras que se pierden en la lejanía. Mi mente divaga y mi cuerpo se deshidrata mientras recorremos múltiples toboganes. En un momento dado llegamos a una bifurcación donde se separaban las 2 carreras. Por esta zona habíamos pasado anteriormente. ¿Estaríamos haciendo el mismo bucle? Al principio me rallo pensando si vamos a repetir trazado. Lo curioso es que al finalizar la carrera, viendo la ruta, ésta es circular. Misterios sin resolver...

Haciendo el cabra. Fotos de Marisa Palacios

Seguimos con la carrera. Una vez cambiado el ritmo, me siento mejor. Ando en las subidas e intento apretar en las zonas más favorables. Sobre el kilómetro 10 nos encontramos en la zona más alta de la carrera, coincidiendo con el avituallamiento. A partir de aquí y hasta la meta, el terreno es más favorable. En continua bajada. Nos encontramos con un par de descensos bastante exigentes. Al principio de primavera lo hubiera afrontado con mucho miedo. Hoy me siento más seguro y bajo alegremente. Incluso adelanto a mi compañero David. Sabiendo lo ineficaz que soy en las bajadas, me da un plus de confianza. Mis condiciones en montaña están mejorando.

Volvemos a un pequeño repecho y me vuelve a adelantar. Le empiezo a perder de vista pero por el contrario, me voy acercando a otro compañero. Siempre te da motivación el tener alguien delante. Te hace esforzarte. Si me hubiera quedado solo, enseguida habría desconectado. De esta manera, sigo con tensión competitiva. Lo adelanto mientras recorremos un barranco. Al salir de éste, una sorpresa en forma de muro. Un pequeño repecho muy vertical pero que a estas alturas parece el Anglirú. Los superamos y ya, ahora si, es todo favorable. 

Antes de desembocar en el pueblo, llegamos a la ermita del Cristo de la Cueva. Un tramo de escaleras nos separan de las primeras calles. Las bajo mientras adelanto a otro corredor y directos a meta. Acabamos bajo un sol de justicia y bastante agotado. Son ese tipo de finales en el que te preguntas: ¿Para que me habré apuntado? ¿De verdad era necesario este sofocón?.

Me hidrato y acudo al campo de fútbol a ducharme. Soy el único. Me imagino que he sido el ganador y mis rivales ni siquiera han llegado a meta aún. La verdad es que habían habilitado también los vestuarios del polideportivo y la gente había decidido ir ahí. Mientras me cambio, las preguntas que me había hecho anteriormente ya habían obtenido respuesta. Claro que merecía la pena. He conocido un pueblo y terreno nuevos, he sufrido pero he entrenado a la vez de forma exigente y lo mejor de todo, ahora voy a dormir como un bebé.


¡VA POR TI PRIMO!

Tiempo: 01:33:34
Clasifiación: 13
Participantes: 80

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lunes, 10 de junio de 2019

VI SAN FERMIN MARATHON PAMPLONA

Como no hay 2 sin 3, después de participar en el maratón de Sevilla y Zaragoza, tocaba completar el dicho. Pese a estar inmerso en la temporada de montaña, siempre se puede hacer una excepción si la razón es buena. La excepción: "VI San Fermin Marathon Pamplona". La razón, volver a hacer de liebre.

El año pasado me surgió la oportunidad de formar parte de la carrera gracias a mi compañero Lorenzo. Buscaban liebres de 3 horas y no lo dudé. Fue una experiencia muy bonita y gratificante. El trato por parte de la organización, espectacular. Me sentía un atleta profesional. La acogida por parte de los corredores, inolvidable. Solo tenía una espinita y esperaba quitármela esta edición. No conseguí que ningún participante de la maratón completara el recorrido en mi tiempo establecido.

El recorrido era muy parecido al de 2018. Es sobre un trazado de 4 vueltas. La novedad más importante recaía en la salida. En vez de la Plaza del Castillo, íbamos a salir desde la  Plaza de Toros, cerrando así una ruta circular. El inconveniente se presumía en la zona de salida. Al salir desde el mismo coso, se podían formar tapones.

La camada. Fotos de DN Running

La organización lo intentó paliar con unos cajones en la zona exterior e ir introduciendo a la gente en la plaza de forma escalonada. Hasta aquí todo perfecto si no fuera por el problema de siempre: El egoísmo del corredor. Por mucho que se quiera hacer bien, si nosotros no ponemos de nuestra parte, el conflicto nunca se solucionará. La gente se salta los cajones por el simple hecho de salir lo más adelante posible. Lo único que consiguen es molestar al resto de compañeros. Hay que pensar un poco más de forma global y no solo en un mismo. ¿Algún día lo conseguiremos?.....No lo creo aunque no pierdo la esperanza.

Cuando eres liebre y tienes que llevar un ritmo constante aún te das cuenta más de este problema. Si los 2 primeros kilómetros los pasas adelantando personas, algo falla. Además, los pasos por la Ciudadela son bastante angostos y se torna complicada la circulación. Por suerte, este año tenía compañero de aventuras. Javi, con el que iba a compartir las funciones de liebre, se encargó de abrirme camino durante este tramo.

Una de las alegrías de la jornada fue encontrarme con Luismi. La edición anterior compartí muchos kilómetros con él. Se quedó a tan solo 50 segundos de bajar de las 3 horas. En su día tuve muchas dudas de como actuar en cuanto le empezaron a flaquear las fuerzas. Al final decidí centrarme en mi misión de cumplir con el objetivo, dejando a Luismi a su merced. Posteriormente a la carrera, los remordimientos me acecharon. Tenía la sensación de haber actuado mal. Al verlo este año y viendo la alegría recíproca, las dudas se disiparon. Hoy lo íbamos a conseguir.

Los primeros kilómetros pasaron bastante amenos. Cambiándonos con Javi el porte de la bandera y conversando con los corredores "historietas de runners". Al final de la segunda vuelta (21km) y después de haber marcado el ritmo a los compañeros de la media maratón, ya solo nos quedabamos los valientes de la distancia reina. Eramos un grupo bastante grande en comparación al año anterior. Además, Javi había marcado un ritmo brutal, consiguiendo un colchón de un minuto para cuando vinieran las vacas flacas.

Uno de los que abandonaron el barco fue Luismi, no se sentía con fuerzas y decidió abandonar en este punto. Una lastima pero hay que hacer caso al cuerpo. ¡Al año que viene lo volvemos a intentar!

A partir del ecuador de la carrera, la noche va haciendo acto de presencia sobre las calles pamplonicas (La salida es a las 20:00). Estoy convencido de que es uno de los motivos por los que se baja el rendimiento. Yo lo siento en mis ciernes en las carreras de ultra distancia. El sol es energía y con su ausencia nos desplomamos. Poco a poco se fueron bajando los tripulantes del barco de las 3 horas.

Disfrutar es poco. Fotos de Carlota Pujades

En la entrada a la última vuelta solo quedábamos las 2 libres. Alberto, un atleta tan serio como concentrado. David, al que su respiración le delataba la fatiga y Maxim, repescado después de su fuerte salida. El primero en caer fue el último nombrado. Es muy difícil saber dosificar al principio y a Maxim le salió caro su ritmo inicial. Ya solo quedábamos 4.

Una vez que pasas el Parque de la Cuidadela, coincidiendo con el avituallamiento, hay 2 kilómetros muy cómodos en suave bajada. Es momento de recuperar fuerzas pero aquí David ya perdía ritmo. Vista la situación, decidí quedarme con él mientras Javi seguía marcando el ritmo a Alberto. Mi idea era que me tuviera como referencia aprovechando la zona cómoda en que nos encontrábamos, esperando recuperar las buenas sensaciones. Los recuerdos vividos con Luismi la edición anterior los tenía muy presentes y no quería que volviera a pasar.

Por mucho empeño que le puse, vi que era imposible que aguantara el ritmo y aún quedaban 5 kilómetros por delante. Me vi en el mismo problema que antaño y opté por idéntica solución aunque esta vez con un corredor aún en liza. Me pegué un  buen calentón para enlazar otra vez con mis compañeros y seguir con la misión de bajar de las 3 horas. Javi se encargaba del ritmo y yo de enlazar con Alberto, intentando mantenerlo motivado. Íbamos ya descontando los kilómetros y se agarraba a mi rueda como podía. El colchón de un minuto que habíamos conseguido se iba desvaneciendo peligrosamente.

Quedaban solo 3 kilómetros y ya nos tocaba callejear por el centro de Pamplona. Los cambios de dirección y el desnivel no ayudaban a mantener un ritmo constante, perjudicando a Alberto. Durante todos estos minutos estuvimos intentando hacer todo lo posible para llevarlo a meta a tiempo. La Plaza de Toros se acercaba y con ello, la incertidumbre de saber si lo íbamos a conseguir. Al llegar a este punto es imposible saberlo con certeza. Solo quedaba cruzar los dedos y esperar a ver el cronometro del arco final. Los nervios copaban mi cuerpo y........¡NO PUDO SER! Al cruzar la meta marcaba 03:00:35 como tiempo oficial, habría que esperar el tiempo real.

Me encanta que los planes salgan bien. Fotos de Run Page

Otra vez me invadía una sensación agridulce pero hoy más por la desilusión que puede llegar a tener Alberto al quedarse tan cerca que por mi labor realizada. Hasta el último metro di todo de mi para que lo consiguiera y solo una pequeña flojera final le separó del objetivo.

Otra vez he disfrutado de la bonita experiencia de ejercer de liebre y poder ayudar a los participantes. Hacerlo junto a Javi ha sido un placer. Nos hemos compenetrado muy bien, formando un gran equipo. Dar la enhorabuena a todos esos valientes que se pusieron como objetivo bajar de las 3 horas. Solo el hecho de planteárselo tiene mucho mérito.

Por último, dar las gracias a la organización por volverme a dar esta oportunidad. Me habéis tratado a las mil maravillas y el año que viene nos volveremos a ver aunque dejo una incognita en el aire. El maratón lo ganó Sergio Glaria con el que competí en "IX Media Maratón Estela Navascués". Igual es el momento de participar buscando nuevos objetivos. El tiempo lo dirá...


¡VA POR TI PRIMO!

Tiempo: 03:00:15
Clasifiación: 8
Categoría: 156

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miércoles, 22 de mayo de 2019

EH MENDI ERRONKA (67km 4000 D+)

El año pasado participé en "Nafarroa Xtreme" y me quedé enamorado. Los montes al norte de la provincia de Pamplona me encandilaron. Hasta día de hoy, sigo diciendo que es la zona más bonita donde he corrido. Para 2019 tenía que seguir explorándola y decidí apuntarme a la "Eh Mendi Erronka".

Esta prueba se celebra en Leitza sobre un trazado de 67 kilómetros y 7200 metros de desnivel acumulado recorriendo la sierra de Aralar. Zona espectacular pero con un gran inconveniente: la climatología. Para conseguir los bosques esa belleza, es necesaria mucha humedad y lluvia. Había muchas posibilidades de que el agua fuera una participante más y...así fue.

El día anterior hubo precipitaciones, tormentas e incluso nieve en toda la parte norte de la península. Carreras como "Los 10.000 del Soplao" tuvieron que recortar el recorrido, incluso tuvo que suspenderse el "Desafío El Cainejo". Nosotros tuvimos más suerte. Las íbamos a pasar canutas pero por lo menos podríamos correr.

Cuando la organización debe aumentar el material obligatorio no es buena señal. Así nos presentamos en la linea de salida. Mañana con muy buena temperatura pero justo 10 minutos antes de arrancar, empezó a llover. Tuvimos que refugiarnos bajo la carpa o el portalejo de la plaza. Solo unos valientes aguantaban el lado del arco de meta. Tocaba sacar el impermeable y cruzar los dedos para que no durara mucho.

Como es tradición, la aventura va precedida de un aurresku que no puedo ver pero si sentir. Aplausos, cuenta atrás y empezamos. Unos primeros kilómetros en continua subida, primero por carretera y luego por sendero amplio, perfectos para alargar el pelotón sin agobios.

Quiero contar que soy enemigo acérrimo de los bastones. Se todas las cualidades positivas que aportan. Mayor equilibrio, descarga de los músculos de la espalda, economía de esfuerzos pero si no los usas, son terriblemente incómodos......los de los demás. Si ya es difícil ascender en pelotón, imaginaros lidiando con ellos. Es como si cada corredor tuviera 4 piernas. Además, mucha gente no los usa correctamente. No te niego que en un futuro no los llegue a utilizar pero a día de hoy, nuestra relación está inmersa en una profunda crisis.

Aguantando el chaparrón. Fotos de Festak

EL primer tramo pasa rápido. Ha dejado de llover y solo hay que lidiar con el barro acumulado. A estas alturas lo veo hasta divertido. La humedad es alta. Llevar el impermeable puesto no ayuda pero decido esperar a quitármelo hasta llegar al avituallamiento del kilómetro 18 en Gaintza. Reponemos líquidos y tocaba afrontar la parte más dura de la carrera. Un "Kilómetro Vertical" que a su vez es Campeonato, con clasificación a parte. Siempre me resulta curioso esta denominación. Lo llaman así pero luego te pegas subiendo 5 interminables kilómetros. Es engañoso y puesto a mala baba.

Según vamos ascendiendo, el barro se hace más abundante. Empieza a ser difícil mantener el equilibrio. Tanto es así, que en el suelo se mezclan pisadas de zapatillas con huellas de manos. Subimos despacito y sin arriesgar, ya habrá tiempo para correr.

Hacemos cumbre a 1431 metros de altura, avituallamiento posterior y empieza el descenso. Las zonas de bajada se alternan entre amplias laderas verdes y frondosos bosques. Enseguida nos introducimos en uno de esos bosques que tanto me habían encandilado el año anterior. Cuando descendemos por zonas así siempre me transporto a un videojuego. Me siento el personaje principal y únicamente tengo que jugar. Viene un charco, doy a la "X" para saltar. Cuidado, botón de agacharte, árbol a la vista. Presionar "L1", turbo en acción para adelantar a un compañero. Quien se aburre es porque quiere.

Van pasando los kilómetros de forma más o menos cómoda.Tocaba afrontar la segunda subida seria y me encontraba bien físicamente. Aquí el nivel de l@s corredores es brutal. Pese a encontrarme bien, la facilidad con la que se mueven los demás es pasmosa. Solo queda disfrutar y aprender. Hablando de disfrutar. No deja de sorprenderme la devoción que hay por este deporte en Navarra y País Vasco. Están a años luz del resto de comunidades. Da igual, el frío que haga o lo intrincado del lugar, que siempre hay un aficionado animándote. Me quito el sombrero. Así hacer cumbre es mucho más fácil. Con una sonrisa de oreja a oreja coroné Putzuzar (33km) rodeado de aplausos. 

Haciendo como si corro. Fotos de Festak

Ahora un largo descenso hasta Lekunberri (45km) donde estaba el avituallamiento principal. Las bajadas que antes me parecían un videojuego, van tornándose en un libro muy denso. El barro, poco a poco, va minando mi moral. Hay zonas con cuerdas para que, literalmente, no caigas rodando. Menos mal que tengo las "Hoka Speedgoat 2". No me gustan mucho pero en zonas así vienen como anillo al dedo. Pese a mantenerme siempre en pie, mi cabeza va desconectando...

Llegamos a Lekunberri. Espero que con el plato de pasta todo mejore. Haciendo un pequeño paréntesis, quería dar la enhorabuena a la organización por su concienciación con el medio ambiente. Han intentado eliminar todo el plástico posible de los avituallamientos. Incluso han creado vasos reutilizables específicos para la ocasión. Yo, enamorado por igual de los festivales y las carreras, estoy encantado con poder ampliar mi colección. Disfruto mucho tomando mis batidos recuperadores en vasos del "Rototom" o un calimocho bien frío sobre un recipiente de "Haría Extreme Lanzarote". Soy un chico de contrastes.

Después de reponer energías tocaba una zona más o menos fácil. Trote ligero para que asiente la comida y mirar el mapa para ver que nos espera. Observándolo, ya hemos pasado la parte más dura. Ahora todo era coser y cantar....¡ERROR! Estas carreras son impredecibles. Lo más accesible se puede tornar en infernal. Empezó a llover y hacer frío. La lluvia azotaba con fuerza lateralmente, dañando la cara. El barro ya me había ganado por completo la partida. Ni los bosques conseguían alegrarme.

Con todo lo fiel que soy a la planificación nutricional, ya pasaba de ella. Los charcos ni los evitaba. Solo buscaba el reloj y ver como se iba acercando al kilómetro 67. Lo bueno de todo esto es que he conseguido superar toda la carrera sin caerme (Ahora es cuando vienen los aplausos). Ante todo, lento y precavido. Estas competiciones son las que te curten de verdad.

Aventura superada

Llegué a meta apenas pasadas las 9 horas de carrera. Justo lo que había planeado. Las inclemencias del tiempo han sido determinantes. Si nos hubiera acompañado un poco más la suerte, habría llegado mucho antes. Me llevo una sensación agridulce. Se que en condiciones normales me habría encantado la carrera. Es perfecta para mi. No obstante, las últimas 3 horas me han dejado bastante tocado. Toca recuperarse mentalmente. Hacer un pequeño descanso de competiciones y centrarme en entrenamientos sin presión.

Sin duda volveré. Necesito correrla sin barro y disfrutar como un enano.


 !Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 09:11:05
Puesto: 140
Participantes que acabaron: 460

                                     BANDA SONORA DE LA CARRERA




miércoles, 15 de mayo de 2019

III TRASCHINEPRO TRAIL (21km 1000 D+)

Arrancamos las segunda jornada de mi particular festival de Trail and Job. Ayer acabamos con muy buenas sensaciones el "V Desafío Herrerino" pero con una invitada sorpresa, una ampolla en el talón del pie derecho. Durante toda la jornada laboral, la mimé para que no fuera a más y así poder disfrutar de la mañana del domingo en la "III Traschinepro Trail".

Esta vez me desplazaba a la localidad oscense de Caldearenas. Nos esperaba un recorrido de 21 kilómetros totalmente nuevo para mi. Antiguamente, las carreras denominadas "Fell Races" consistían en subir y bajar una montaña lo más rápido posible. Tenías que tener mucha resistencia para afrontar la gran ascensión y luego dominar la técnica de bajada sobre la misma distancia. Una modalidad muy exigente. Hoy nos íbamos a enfrentar a una prueba similar: 13 kilómetros de continua subida desembocando en 9 más de descenso vertiginoso.

Amanecí con las piernas ligeramente cansadas del esfuerzo del día anterior. No obstante, mi gran preocupación era la maldita ampolla. Confiaba en el recorrido. En el primer tramo, al hacerlo ascendiendo, no me iba a repercutir mucho. Cuando el desplazamiento es hacia arriba, la pisada, desde el apoyo hasta la impulsión, se realiza casi en su totalidad solo con el metatarso. El talón queda menos expuesto. Cuando toque descender, ya veremos lo que pasa...

¡Viva la naturaleza!

Ya en la linea de salida había mucho nivel. Hay premio en metálico para los primeros clasificados y un extra para el que consiga el récord de la prueba. Alicientes suficientes para la concentración masiva de galgos.

Hoy tocaba esconderse en medio del pelotón y disfrutar del recorrido. La salida se llevaba a cabo por la famosa Senda de Izarbe. Una ruta perfecta para hacer con los más pequeños de la casa ya que las piedras están decoradas por la artista Maribel Rey. Curiosamente, mi sobrina se llama Izarbe y estuvo aquí hace apenas 2 semanas. Me hacia especial ilusión recorrerla aunque siendo sinceros, solo fui capaz de ver una pintura. Suficiente tenía con no desfallecer...

Esta vez si me lo había planteado como un entrenamiento. Estudiando el recorrido, me puse como objetivo correr sin parar hasta el primer avituallamiento del kilómetro 5. Lo conseguí, repusimos energía y bajo las "reconfortantes" palabras del voluntario: -¡Ahora empieza la subida! -, emprendimos la marcha. - ¿Y lo de antes que era? - Me pregunté, totalmente empapado en sudor.

Recogida de dorsales

No le faltaba razón. Enseguida dejamos la pista atrás y nos introdujimos en un frondoso bosque con una inclinación que cortaba la respiración. Tocaba andar, apoyar las manos en los muslos a modo de impulsión y apretar los dientes. Un lugar tan bonito como duro y sabiendo que aún quedaban 7 kilómetros de subida.

Viniendo en el coche, sonó la canción FUEGO de Bomba Estéreo. En una de sus estrofas citan: - Ahora te canto pá que te de la calentada -. Mientras sufría en el ascenso, dicha canción sonaba en bucle en mi cabeza. Menuda calentada más tonta, así sin quererlo.

En un momento dado, llegamos a la altura de una fotógrafa. Ahora empezaba un largo cresteo con algo de trampa. Varios repechos de nivel conformaban el recorrido. Eso si, acompañados por unas vistas majestuosas. Peña Oroel y el Pico Peiró nos vigilaban. Ha costado sudor y lagrimas llegar hasta aquí pero ha merecido la pena.

En el kilómetro 13, avituallamiento y empieza el descenso. A las primeras de cambio ya me di cuenta que iba a ser una ardua tarea. Varios factores se unieron para desencadenar en un ritmo lento y torpón. La ampolla me molestaba bastante. Según la pisada, sentía como si tuviera un mini corazón palpitando en mi talón. Tenía que cambiar el apoyo. Mi técnica, nefasta de por si, se hacía ilegible. Tocaba tener paciencia y ver compañeros adelantarme con suma facilidad. ¡Que envidia! 

El desenlace final consistía en 2 kilómetros de falso llano por una pista hasta volver a Caldearenas. Llegar, reponer energías y hacer la reflexión final. Carrera diferente, con un recorrido exigente envuelto en un gran paraje. Evidentemente, no se adecua a mis características. Yo necesito zonas donde poder correr y exprimir mis puntos fuertes pero en el "Trail Running" hay que probar de todo. Carrera muy familiar, de las que me gustan a mi. Cerveza al finalizar, gran camaradería entre corredores, duchas portátiles en mitad de la recta final y un gran rancho que por segundo día consecutivo no puedo disfrutar. Me tengo que ir a trabajar. Próxima parada: Eh Mendi Erronka.   


 !Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 02:21:23
Puesto: 40
Participantes: 125

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lunes, 13 de mayo de 2019

V DESAFÍO HERRERINO (26km 1000 D+)

Este fin de semana tocaba trabajar. Mi cóctel perfecto para estas ocasiones es combinarlo con alguna carrera compatible con mis horarios y ubicación. Después de una pequeña búsqueda (Hoy en día no hay ningún problema para encontrar opciones) di con las 2 elegidas: "V Desafío Herrerino" y "III Traschinepro Trail".

La encargada de abrir el telón se celebra la mañana del sábado en la localidad zaragozana de Herrera de los Navarros. Me encanta cuando se celebran este día. Así luego tienes todo el fin de semana para hacer lo que quieras (Esta vez, no era mi caso). ¡Organizadores del mundo, quiero más competiciones en sábado y descansar el domingo!

Había 3 distancias a elegir: 8, 14 y 26. Fiel al lema de mi club ANDANDAEH: Siempre a la más larga, me quedé con la última. En Zaragoza tenemos un gran problema para poder entrenar desnivel. Las opciones son volvernos locos subiendo y bajando por la zona de Juslibol o Valdespartera o desplazarnos en coche un largo trayecto. A mi particularmente me da mucha pereza, más si tengo que hacerlo solo, por eso me parecen ideales este tipo de carreras. A parte de competir, ver muchos amigos y pasar una gran mañana, también complementan mi entrenamiento semanal.

Una vez llegué a la zona de salida, empezamos a coincidir los mismos alocados de siempre. Todo eran felicitaciones por mis carreras anteriores. Tanto, que me veían como favorito para la que nos atañe. Yo no me sentía en esa posición pero sembraron ilusiones en mi cabecita. Las expectativas generadas hicieron que me colocase en primera linea en la salida. Arrancamos y me puse en el pelotón de cabeza.

Los primeros minutos, en continua subida, ya se encargaron de ponerme en mi sitio. El favorito Marcos López se alejaba y con él, compañeros como Héctor Gil y José. Intenté seguirlos pero la respiración se me entrecortaba. Las piernas estaban aún en modo reposo. Siempre lo digo y cada día me reafirmo más. Mi cuerpo está preparado para carreras de ultra distancia. En este tipo de competiciones tan explosivas, sufro mucho en la primera parte de la prueba. Tengo un motor que le cuesta entrar en calor pero una vez que está en funcionamiento, su durabilidad es muy amplia.


Haciendo el cabra. Fotos de Carolina Gay
Analizando la situación, decidí cambiar de objetivo y disfrutar de un paisaje nuevo para mi. La primera subida, la más exigente de todas, finalizaba en la Ermita de la Sierra de la Virgen de Herrera. Según ascendíamos, el frío y la niebla se volvían más intensos. Intenté hacerla corriendo pero no fui capaz. Es curiosa la forma de actuar de los corredores. Andamos y corremos según lo que haga nuestro antecesor. En mi caso, sentía un gran alivio cuando frenaba y lo odiaba cuando volvía a arrancar.

Al llegar a la ermita, avituallamiento y descenso. Una larga pista muy inclinada. Pusimos el turbo, creía que en cualquier momento me iba a "desganguillar". Mis engranajes iban a explotar y las piernas no podían circular más rápido. Aún con todo, mis compañeros se alejaban. No me quería obsesionar. Conociéndome ya un poco, sabía que según avanzara la prueba, mis fuerzas aumentarían. De momento, tocaría correr en solitario un largo tiempo.

Esta parte coincidió con un tramo que me encantó. No me imaginaba encontrarme un paraje así. Bosques muy frondosos, correr paralelos al río, zonas con agarre de cuerdas, puentes colgantes. Todo lo que un amante del trail desea condensado en unos pocos kilómetros. Quizás fuera por la ensoñación o por el paso del tiempo pero mi cuerpo se fue entonando. 

Después de salir de la parte arbolada, salimos a una zona más agreste pero acompañados de un aroma muy especial que ha estado presente durante gran parte de la carrera: El romero. No me quiero imaginar el sabor de la miel de este lugar, ya que nos cruzamos con varias colmenas. Mientras mi cerebro alimentaba mi estomago, conseguí enlazar con 2 compañeros justo al llegar al avituallamiento del kilómetro 16. Aquí ya supe que yo iba con linea ascendente y ellos no. Era mi momento. Los adelanté y apreté el ritmo esperando divisar al próximo corredor. Haciendo mis cálculos, debía rondar la sexta posición.

El duendecillo del bosque. Fotos de Carolina Gay

Al final apareció, ahí estaba Sergio de Corredores del Ebro. Nos dimos ánimos y proseguí mi remontada. Estaba seguro que iba a acabar más fuerte que muchos de mis compañeros y se cumplió. En frente, la última subida seria y ya afrontaríamos 2 kilómetros de pista hasta llegar a meta. En está parte de la carrera coincidía con los participantes de la andada. Entre aplausos y gritos de: -¡Aparta, que viene un corredor! -, puse la directa hasta volver al punto de inicio.

Una vez en meta, analizando el resultado, estoy muy contento. Se que no es mi distancia predilecta pero he sabido dosificarme y conseguir un meritorio 5 puesto. Una competición convertida en un gran entrenamiento de calidad que me ha servido para conocer una zona preciosa. Si no fuera por las sinuosas carreteras que la separan de Zaragoza, sería una zona de recreo perfecta. Dar la enhorabuena a mis compañeros que han podido subirse al cajón y a todos los que han podido disfrutar de la comida popular que la organización tenía preparada. Me ha fastidiado más no poder quedarme a la fiesta final que haberme quedado a un puesto de subir al podio. ¡Que aproveche!

Yo de momento me voy a trabajar y mentalizarme para participar mañana en la "III Traschinepro Trail". He acabado con una ampolla en la planta del pie derecho. Una traicionera piedra que por cabezoneria no he querido parar a quitármela, ha sido la culpable. Esperemos que desaparezca a lo largo de la noche.


!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 02:27:52
Puesto: 5
Participantes: 78

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lunes, 29 de abril de 2019

VII Mut Montsec Ultra Trail (98km 6000 D+)

Acabada la temporada de asfalto, tocaba fijar nuevos retos enfocados en la montaña. Ha sido una primera parte del año llena de alegrías, con mejor marca personal en el "XXXV Maratón de Sevilla" y un cuarto puesto en el "XIII Maratón de Zaragoza" pero siendo realistas, tenía ganas de volver a disfrutar de la naturaleza y la libertad que te da competir en carreras de trail. Como soy un poco burro, quise cortar por lo sano. Empezar a lo grande en la "Mut Montsec Ultra Trail".

Solo habían pasado 3 semanas de mi participación en Zaragoza. Entre medio, una semana de descanso, la festividad de Semana Santa y un maravilloso turno de noche. El resultado, solo 3 días de entrenamiento con desnivel. Así me presentaba en la linea de salida, con poco bagaje de monte en mis piernas pero con una solida base de kilómetros acumulados.

La carrera se celebra en Áger (Lerida) en el prepirineo catalán. Los días anteriores había planeado la carrera según el recorrido de otras ediciones. 48 horas antes, nos dimos cuenta que había cambiado. Ahora se hacía en orden inverso y eliminando una de las partes más emblemáticas de la zona: Las pasarelas de Montfalcó. Diversos motivos llevaron a ello. El más importante, la seguridad del corredor. Se debía pasar de noche y podía ser muy peligroso. Conociendo la ruta, aplaudo la decisión de la organización pero recomiendo encarecidamente a todo amante de la naturaleza (Que no tenga vértigo) visitar este paraje espectacular. Aquí os dejo un enlace para que os deleitéis:


Al eliminar esta zona, el desnivel era menor. No hay mal que por bien no venga. La salida se daba a las 23:00. Por delante teníamos 8 horas nocturnas así que mi estrategia era ir tranquilos mientras durará la oscuridad para luego, con el tanque de energía lleno, apretar lo que se pudiera. Tenía que ser consciente que era mi primera carrera de la temporada. Ser lo más cauto posible.

Arrancábamos desde el interior de la Colegiata de San Pedro. Se respiraba un áurea especial bajo el embrujo del edificio, acompañado de luces y música de alto voltaje. Una curiosa mezcla. 

Empieza la carrera, los primeros kilómetros son por una tranquila senda para ir entrando en calor. A las primeras de cambio, el primer contratiempo. Fiel a mi torpeza, no revisé bien las pilas del frontal, dándome cuenta en carrera que éstas estaban medio gastadas. No veía casi nada. Intentaba seguir la estela de algún corredor para aprovecharme de su luz pero enseguida me descolgaba. Tenía que estar muy atento al inestable terreno para no caerme. Corría más lento y además, no llegaba a orientarme bien. La señalización no la conseguía encontrar, provocando que me perdiera en varias ocasiones. ¡Vaya papeleta! Eran 16 kilómetros hasta el primero avituallamiento, ahí se encontraba mi salvación.

Perdido en la noche. Foto de Jordi Rullo

Llegados a él, se hizo la luz. Cambié las pilas del frontal y todo empezó a mejorar. Menudo alivio, ahora solo quedaba cruzar los dedos y que las nuevas pilas me duraran hasta el amanecer. Después de lo experimentado, mi precaución subió aún más. Me junté a una grupeta de corredores encabezada por un chico con el pelo muy largo y sujeto con una cinta. En las bajadas iba muy precavido así que me pareció un perfecto compañero de viaje. Además, me recordaba muchisimo a mi amigo Penumbra. Me imaginaba que era cualquiera de esas mil noches que hemos pasado juntos, yendo del Crápula a la Zeta. Las noches en carrera son muy largas, hay que buscarse distracciones para que pasen las horas más rápido.

Aunque en el recorrido quitaron las pasarelas de Montfalcó, el Congost de Mont Rebei seguía presente. Se trata de un desfiladero en el que está excavado en la roca un camino de apenas metro y medio de ancho. A un lado 500 metros de caída y al otro una cuerda en la que agarrarte. Por suerte, ya conocía la zona y la oscuridad te impedía ver el precipicio. Como se dice en mi tierra: -Iba con el culico prieto -. Este tramo duró poco y acabado, tocaba afrontar la primera subida exigente.

La ascensión es muy llevadera pero mis problemas con la orientación seguían intactos. La señalización con los banderines era un poco escasa, provocando que me alejara del camino correcto en varias ocasiones. Mis compañeros eran más avispados y gracias a ellos volvía a la senda correcta. Así fueron pasando las horas, disfrutando del caldo en los avituallamientos y sufriendo con la bajada de temperaturas. Los días de antes, planificando la parte nutricional con Patricia, nos alegramos al ver que había tortilla de patatas con pan de payés. Me imaginaba una jugosa tortilla casera hecha por los voluntarios pero la realidad fue que era precocinada. Como soy un mandado, me la comí igual y porque no decirlo, la disfruté como si fuera recién hecha.

El amanecer me pilló en una zona espectacular. Descendiendo por un bosque mientras se veía el pantano de Terradets y bajo la imponente presencia de los Pirineos. Seguro que todos los corredores pensáis igual. El momento en que se hace de día en una carrera es importantísimo. Es reconfortante y liberador dejar la noche atrás. Te llena de energía y la mente se limpia de todo pensamiento negativo.

Así me presenté en el kilómetro 60, en el avituallamiento donde se encontraba la bolsa de vida. En muchas carreras, esta parte coincide con una localidad. Hay un local donde poder cambiarte y comer relajado. En esta ocasión, era en mitad del camino, comiendo de pie y cambiándote ahí mismo. En estos detalles también radica la dureza de la prueba. Después de aprovisionarme, poníamos rumbo a la parte más dura del recorrido.

Pasarelas de Montfalcó
Unos primeros kilómetros por asfalto. Para los más puritanos, seguro que maldijeron esta zona. Para mi, supusieron un alivio. Acabado éste, nos introdujimos en un bosque. Aquí me agrupé con otros 2 corredores después de mucho tiempo en solitario. Una subida agradable que era el preludio de lo que nos íbamos a encontrar: Las 100 curvas.

Ante tal nombre, no puede deparar nada bueno. En la charla técnica nos dijeron que si estábamos aburridos, las contásemos. Yo, a la tercera ya me había perdido. Una subida constante de 100 curvas. Me río yo del Tourmalet. Empiezas ascendiendo y parece asequible pero en cuento llevas unos cuantos giros, se vuelve mareante. Parece que no termina nunca. Al final , acabas divisando una ermita y suspiras aliviado. Al final de la subida se encuentra un avituallamiento con únicamente unos bidones de agua. Al ver el edificio gritas - ¡Aleluya! -. Pero nada más lejos de la realidad. Las curvas siguen y la ermita queda atrás. Aún quedan 40. Recalcar que la construcción sobre una roca es impresionante, agudizándose más su belleza según se va alejando.

Acabada la ascensión, donde casi pierdo la cordura, todo lo que estaba por venir tenía que ser más asequible. En la charla nos informaron que la última subida era peor. Después de las 100 curvas, no me lo podía creer. Parece que solo hago hincapié en las subidas pero los descensos son parte importante de las carreras. En la que nos atañe, es el festival de las piedras. Un terreno muy inestable, lleno de piedras sueltas que pusieron a prueba mis tobillos. Si le sumamos mi técnica nula, el resultado fueron torceduras varias y dedos magullados. Me recordó a la "Ultra Trail Guara Somontano". 

En el penultimo avituallamiento me dijeron que iba el 12 en la clasificación. No me lo esperaba pero me sirvió para afrontar la última subida con un aliciente extra. ¿Porque no intentar ser top 10? Manos a la obra. En el horizonte tenía un corredor. Ya tenía un objetivo. Poco a poco me fui acercando a él hasta que conseguí enlazar. Los últimos kilómetros de ascensión eran por una pista. Era más alto y sus zancadas más grandes, se me fue alejando otra vez. Conseguí contactar justo en el último avituallamiento. Aquí ya solo quedaban 7 kilómetros de bajada.

Gloria bendita. Fotos de Carlos San Pedro
Fuimos juntos por la pista me dijo que yo iba muy rápido. Me fui alejando hasta llegar a una senda técnica. Aquí me volvió a adelantar. Estaba claro cuales eran nuestros puntos fuertes. Volvimos a pista y al cruzarnos nos reímos. Sabía que hasta la meta iba a ser este terreno. Aproveché mis cualidades en llano y me puse a ritmos de 4'. Es curioso como después de 95 kilómetros, el cuerpo puede responder así. 

En esta pista enlacé con otro corredor. Por respeto, me puse detrás de él con la idea de no adelantarle pero me dijo que pasara. Accedí encantado a su invitación y con ello, a la decima posición. Es solo una anécdota pero me hacia ilusión. Paré el cronometro en 14:35:15, casi 6 horas menos de lo que me había planteado. Es cierto que el desnivel no era el fijado en un principio pero las sensaciones han sido buenisimas. La idea de reservar fuerzas durante la noche fue todo un acierto.

La carrera me ha parecido muy dura por su terreno empedrado y las bajadas técnicas, mi talón de Aquiles. Visualmente es preciosa. Una pena pasar de noche el congost de Mont Rebei porque las vistas hubieran sido espectaculares. Por parte de la organización, felicitarles por la carrera. Siempre muy atentos al bienestar del corredor, esperándonos uno a uno en meta y avituallamientos para ver nuestras sensaciones. Por poner una pega, la señalización nocturna podría estar un poco mejor y eché en falta una camiseta técnica de obsequio para tener de recuerdo como en las demás Ultras. 

Empieza la temporada de montaña a lo grande. ¡Disfrutemos de lo que está por llegar!


!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 14:35:14
Puesto: 10
Participantes: 74


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