Mostrando entradas con la etiqueta backyard. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta backyard. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2026

BACKYARD ALCAÑIZ

Una vez acabada la exigente preparación de la "Maratón de Barcelona", toca empezar a disfrutar de otra manera. Más calmado, más lento, más alocado. Tocaba volver a mi prueba fetiche en los últimos años. Nos vamos a la Backyard Alcañiz.

Desde que avisaron de la primera edición de esta prueba, un servidor y mi equipo Andandaeh, la marcamos en el calendario. Era si o si. Es cierto que esta modalidad se me resiste. Cada vez que participo, me doy de bruces contra la realidad. A simple vista, parece fácil completar un recorrido de 6,7km en una hora e ir acumulando vueltas una tras otra. Vengo de mantener 42km a 3:37, aquí el ritmo va a ser a 7 el kilómetro. Además, tengo mucha experiencia en carreras de larga distancia pero siempre acabo sucumbiendo. Llega un momento que mi mente colapsa y se rinde. De momento vamos BACKYARD 4 - TRICAS 0.

Vamos mentalizados de conseguirlo en esta edición. Mi reto es completar 24 vueltas, o lo que es lo mismo: 168km. Vamos sin presión, eso puede jugar a nuestro favor...o no. 

Nos desplazamos a Alcañiz, concretamente al Camping de la Estanca. Esta vez vamos equipados como un equipo profesional, con nuestra propia carpa. Mientras montamos toda la parafernalia, el ambiente que se respira es espectacular. Quizás sea lo que más me engancha de esta modalidad. La camaradería y la ilusión de todos los participantes es increíble. Aquí somos tod@s iguales.


La manda siempre junta. Fotos de Corriendo por la Sierra

Empezamos a las 9 de la mañana. Ya desde los primeros compases y aprendiendo de anteriores competiciones, me pongo a un ritmo muy tranquilo junto a mis compañeros Oscar y Jordi. Es incluso más lento que un trote de calentamiento. Las primeras sensaciones siempre son raras. Hay que intentar ir lo más lento posible. ¡Todo lo contrario al atletismo!

Es momento de rencontrarte con viejos amigos y hacer nuevos. Entre risas y conversaciones, completamos la primera vuelta en 50 minutos. Hemos roto el hielo. Esta primera hora sirve para conocer el recorrido y hay que decir que es espectacular. El desnivel es casi nulo. A simple vista, es el lugar perfecto para conseguir las 24 vueltas.

Segunda vuelta la hago con mi compañero de la Spartathlon, Víctor. Fantaseamos con el final de la carrera y nuestras posibles estrategias. Tengo que explicar que no estamos en una BACKYARD al uso. Está limitada a 30 horas como máximo y si a la última vuelta llegan varios atletas, estos se la jugarán al sprint final. Después de correr 200 kilómetros, que se decida todo así. ¿Puede ser más épico?


Sufriendo Feliz

La tercera vuelta acompaño a Blasco, mi compadre de aventuras pirenaicas. El va muy mentalizado de no pasarse de Z1. La verdad que aquí las pulsaciones no son un problema. En cambio el calor si es determinante. Empiezan las horas criticas y la temperatura causa estragos. Poco a poco voy transformándome en un cangrejo. 

Van cayendo las vueltas poco a poco y con la precisión de un reloj suizo. Todas a 49 minutos. Al llegar a la zona de descanso tienes tiempo suficiente para refrescarte, comer algo e incluso descansar las piernas. Cuando quedan 3 minutos para volver a empezar, la organización mediante un pitido te va avisando que el tiempo se te acaba. Al principio, ese sonido es divertido, luego se va tornando en enemigo.

Al llegar a la vuelta 10, de los 9 compañeros que habíamos empezado, solo quedamos 4. Los juegos del hambre. Es hora de ir haciéndose mini objetivos. De esta manera suele ser más factible. Además, nos acercamos a la noche y tendremos que sacar el frontal. Otra barrera psicológica importante.

Vuelta 12, ya oscureciendo, empieza una partida nueva. La carrera se vuelve más solemne. Ya no se habla tanto. Cada atleta se centra en su punto de luz. Con Víctor, comentamos que nos da mucha pereza tener que afrontar las horas nocturnas. Mi objetivo de momento es 15 horas. Llegados a ese punto me volveré a preguntar: ¿Tricas, que hacemos?

Espartanos en Teruel

Vuelta 15, todo empieza normal. Piernas frescas y cabeza estable. A mitad de recorrido aparecen las primeras gotas. Luego los primeros rayos y al poco empieza una tormenta eléctrica de película. En mitad de la nada, con los rayos pareciendo que caen a pocos metros, la situación se pone peligrosa. En el kilómetro 3 me agobio y subo el ritmo. Solo quiero llegar a la carpa. Mi zona de confort. Mi hogar. Llego incluso el primero. Vuelta en 43 minutos.

Una vez sentado y viendo el percal, decido poner punto y final a la aventura. De piernas voy super bien pero no tengo ganas de sufrir bajo la lluvia. En cualquier otra situación sé que sería ponerse el chubasquero y para adelante. La tormenta no puede ser eterna pero mi cabeza dice basta. Aún no estoy fuerte mentalmente y en estas carreras es algo fundamental. 

Después de intentar dormir pese a los dolores que invaden tu cuerpo, nos levantamos para ver el desenlace final. En la vuelta 30 quedaban 4 atletas. A la salida, Guzmán Calderón salió disparado y ya nadie pudo seguirle. Completó el recorrido a ritmo de 4 el kilómetro. Simplemente alucinante. Sin duda, este formato provoca un desenlace único para el espectador.

La organización impecable. La carrera estaba ideada por Rafa Esteruelas que tristemente falleció antes de ver cumplido su sueño. Sin duda, sus compañeros y amigos han realizado un gran homenaje y estaría super orgulloso. Aquí tenéis un recluta más. Sin duda, apuntada en mi calendario anual.

En cuanto a mi, me voy con la sensación de haber podido hacer mucho más. Otra vez, la mente pudo con mis piernas. En el momento en el que estoy, sabía que esto iba a pasar pero de lo que estoy seguro es que si hay un lugar donde puedo conseguir las ansiadas 24 vueltas, ese es Alcañiz.

Ahora toca afrontar la época de disfrutar de las montañas y dejar los dorsales a un lado. Correr sin presión y solo por amor. Eso si, las kilometradas no me las quita nadie.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 15:00:00
Kilómetros realizados: 100

                                                      BANDA SONORA DE LA CARRERA







domingo, 22 de junio de 2025

II BACKYARD BENABARRE

 Acabada la temporada de asfalto, tocaba dejar la exigencia del reloj a un lado. Los ejercicios interválicos se quedan aparcados hasta final de año y ajustamos los ritmos a gusto del consumidor. Nos pasamos a la montaña. Para mi, el monte es diversión. Es disfrute. Es un paréntesis entre las rigurosas preparaciones de la maratón. No obstante, darle más prioridad al desahogo no significa dejar el compromiso a un lado. Seguimos con objetivos y la primera parada es: "II Backyard Benabarre".

Esta primera parada es solo una pequeña parte de la gran aventura que me espera en septiembre. Nos vamos a la SPARTATHLON. Es la carrera de Ultrafondo por excelencia. La madre de todas las competiciones. Quiero llegar lo mejor preparado posible. La planificación no va a ser tan exigente en cuanto a intensidad pero si en volumen. Para ello tengo que participar en competiciones donde sumar muchos kilómetros y que mejor lugar que en Benabarre.

A estas alturas, si me soléis seguir en mis andanzas, ya sabréis en que consiste la Backyard pero resumiendo de forma rápida: Es hacer un circuito de 6,7km hasta que no puedes más. Mi objetivo como en las 2 ocasiones anteriores es aguantar 24 vueltas. De momento he fracasado. ¿Lo conseguiré esta vez?

Nos presentamos en la pequeña localidad oscense un buen grupo de amigos. Jordi y Pablo, compañeros de equipo de ANDANDAEH más Jesús y Joaquín de los Kalandrakas. Además, compartiremos estancia con muchos más amigos (Kevin, Vlady, los hermanos Bailo, etc.). Es como correr en casa. Para más inri, el formato de la zona de descanso es muy especial. En un merendero cada participante se busca sus recursos. Mesas, carpas, tiendas de campaña inundan el bosque. Le da un aire mágico y festivalero muy especial.

Este año han cambiado los horarios. Arrancamos el viernes a las 21:00. A priori, parece mas benévolo, nos quitamos primero las horas de noche que siempre suelen ser las que más se atragantan. Yo llego con bastante antelación para preparar todo el tinglado, intentar descansar y cenar con calma.

 

Tocando en badajo...Foto de Mario Gascón

Con la puntualidad que exige esta disciplina, salimos en busca de la primera vuelta. Primero hacemos un recorrido más montañero. Nos lleva por un sendero entre naturaleza para volver por pista pero siempre envueltos en bosque. Un  continuo rompepiernas donde acumulamos 150 metros de desnivel positivo. En comparación a otras ocasiones donde siempre salgo a un ritmo alegre, esta vez opto por otra estrategia. Empiezo bastante comedido junto a mi amigo Pablo. Andando en bastantes ocasiones debido a la aglomeración que se forma en los estrechos senderos. Si te soy sincero, me estoy agobiando un poco pero se que a la larga es lo más aconsejable. Peor lo lleva mi amigo Jesús Bailo. Ganador de Ehunmilak y séptimo en el Tor des Geants. Imagínate lo que debe suponer para el ir a ritmos tan lentos pero como buen campeón, tiene que ser riguroso en el planteamiento si quiere ganar.

Acabamos la primera vuelta en 50 minutos. Un trago de agua y vuelta a empezar. Como ya ha caído la noche en Benabarre, nos tenemos que poner el frontal y cambiar al circuito nocturno. Esta vez nos dirigimos al centro del pueblo. Primero una larga recta por pista cómoda hasta llegar a las inmediaciones de la zona urbana. Tenemos que recorrer varios recovecos hasta salir a las calles asfaltadas. En el pueblo nos encontramos una gran animación, lleno de gente y carteles de ánimo. Con tanto público vas en volandas y así hasta volver al inicio. Sigo con Pablo de charleta hasta completarlo en 50 minutos. Puntuales a nuestra cita con el crono.

Es medianoche y todo sigue igual. Han abandonado bastante gente que serían vecinos del pueblo apuntados para colaborar pero aún sigue habiendo muchos supervivientes. Esto acaba de empezar. Vamos a un ritmo muy tranquilo, cambiando de compañeros de viaje según la vuelta. En mi caso, el estomago lo llevo bastante mal. No me ha sentado bien la cena ni los horarios vespertinos. Estoy acostumbrado a competir y entrenar por la mañana. Eso se nota. Como no son ritmos exigentes, confío en que se vaya solucionando con el tiempo pero parece que lleve una pandereta en la tripa. El sueño tampoco ayuda. Con lo que me ha gustado trasnochar toda la vida y ahora estoy que me arrastro por las esquinas. No llevo nada de buenas sensaciones.

En la cuarta vuelta cae en combate Jesús. El hastío le ha ganado la partida. A la siguiente vuelta, Jordi y Pablo le acompañan. Es su primera vez y creo que no han sabido gestionar las fuerzas mentales. Pueden hacer muchas más. En un abrir y cerrar de ojos, el campamento que habíamos montado se quedó huérfano. La fiesta se apagó. Solo quedábamos Joaquín y un servidor. Yo estaba muy negativo, la noche me estaba ganando la partida pero gracias a Joaquín seguía adelante. El estaba mejorando sus marcas y se le veía motivado. Somos un equipo. Hay que aguantar.

En la vuelta 8 le dije que teníamos que aguantar 2 horas más para llegar a las 10 y nos retirábamos. Quería motivarle y a la vez, buscar algo en mi que me hiciera empezar a disfrutar. Íbamos tranquilos los dos a cola del pelotón. Literalmente éramos los últimos. Me puse nervioso y aceleré pero fiel a mi cita, clavé la vuelta en 50 minutos.

Al final de la decima vuelta empezó a amanecer. Buscaba que los rayos de sol me resucitarán. Fueran mi salvación. Nada más acabar la vuelta, me fui a mi carpa y lo más rápido posible me cambié de ropa. Pantalón corto y camisetas de tirantes. Tenía que engañar a la mente. Confundirla. ¡Aquí no ha pasado nada! Volvemos a empezar de cero. Cuando llegó Joaquín, con el valor del trabajo bien hecho, se retiró a sus aposentos y me dejó solo ante el peligro. Por suerte, había renacido. Un nuevo Tricas estaba presente. 

Con la luz de la mañana y el regreso al recorrido diurno todo cambió. Estaba empezando a disfrutar. Cabeza contenta, cuerpo fuerte. Voy cambiando de compañeros en cada vuelta. Kevin, James, los hermanos Bailo. Siempre en la retaguardia guardando fuerzas, las pocas que iban quedando. Al final de cada circuito nos estaba esperando el cencerro que de forma orgullosa hacías sonar. Con ello, los ánimos incondicionales de Francesc, el speaker que me dio la vida. El año pasado ya le debí hacer gracia, llamándome TOP4 todo el rato. Lo que son las cosas. Como pueden cambiar en un año. La edición del año pasado llegaba siempre entre los primeros, de ahí el mote que me puso. Tuve unas sensaciones increíbles durante toda la carrera hasta que me retiré. Esta vez, cambié la estrategia por todos los consejos escuchados. Llevando ritmos mucho más lentos y las sensaciones han sido malas desde el principio. Lo que no ha cambiado son los gritos a golpe de micro de Francesc. Así da gusto llegar a meta. ¡GRACIAS!

¡Con mi BRO!

Cuando el calor estaba empezando a hacer de las suyas, me puse una meta. 15 vueltas. Son 100 kilómetros. Es un número redondo y muy bonito para finalizar la aventura. Me autoengañaba y lo edulcoraba todo para convencerme que la retirada era una buena opción. Es un sentimiento raro. Es como si tuvieras dos personalidades y una quiere manipular a la otra. Una quiere abandonar pero en verdad tienes físico y fuerzas para seguir. 

Al final de una vuelta, para seros sinceros, ya no me acuerdo ni cual era, después de cruzar la meta y cuando me iba moribundo hacia mi carpa, alguien se entrometió en mi camino. ¡ERA MI PAREJA! ¿Pero que haces aquí? No estaba en mis planes su presencia. Es más, estaba hablando con ella por WhatsApp como si estuviera en Zaragoza. Me había preparado una maravillosa encerrona. Ya tenía nueva compañera de festival después de tantas horas solo. Y no una compañía cualquiera, sino la mejor.

Ya tenía entrenadora mental para aguantar unas vueltas más. Así sin quererlo y después de las penurias de la noche, nos habíamos plantado cerca de mi mejor marca personal pero aún lejos de mi objetivo. Empezamos la vuelta 16. Es mediodía y el calor es matador. La parte de la pista hace una pequeña brisa que hace más llevadero el recorrido pero es adentrarnos en el sendero y llegar al mismismo infierno. Es como meterse en un horno. Al estar más cerrado, se forma un microclima que es difícil de sobrellevar. Las pulsaciones se me disparan incluso yendo a 7 minutos el kilómetro.

Acabada la vuelta, no estoy muy por la labor de seguir pero tanto Francesc como el público me obligan a seguir. Es una responsabilidad muy grande llegar al centro neurálgico donde todo el mundo te está vitoreando y decir que abandonas. Es una presión añadida a tus continuos titubeos mentales. 

Intentando hidratarme... 

En la carpa y mientras me como un bocadillo de nocilla, dejo caer que igual no salgo pero mi novia no está muy de acuerdo. Me echa la bronca, usa todas sus armas para que no me rinda. Yo me resisto. Creo que en el fondo necesito "amenazas positivas" para seguir en la lucha. Me cabreo, me hago de rogar y busco acuerdos contractuales. Estoy bastante limitado de físico pero claramente puedo continuar, solo necesito un poquito de dramatismo. Soy un peliculero, que le voy a hacer si trabajo en el mundo audiovisual.

Estamos en la vuelta 17. Ya he igualado mi mejor marca personal. ¿Me retiro? ¿Puedo seguir más? o mejor: ¿Quiero seguir más? Según me voy acercando a la meta lo tengo claro. Toco el cencerro, doy las gracias a todos por los aplausos pero me quito el dorsal. Mi aventura acaba aquí, 117 kilómetros después. 

¿Había podido seguir más? En ese momento yo creía que no, o eso quise pensar. Yo estoy seguro que el físico si que podía. La mente es la que no me lo permitió. En esta disciplina aún no he conseguido aprender a sufrir más de la cuenta. Llevo ya 3 competiciones y aún no he dado con la tuerca pero se que lo conseguiré. Tarde o temprano caerán esas 24 horas. Estoy seguro.

Dar las gracias a Germán y todas las personas que hacen posible esta carrera. Es una maravilla participar en este evento. Te sientes super querido y como si estuvieras en casa. Incluso una vez retirado, los vecinos nos invitaron a paella y carne a la brasa. Mi novia casi acaba empadronada en Benabarre. Así sin quererlo, he encontrado una fecha fija en mi calendario. ¡Nos vemos el año que viene! Ya os voy avisando, no me dejéis retirarme hasta que no haga 24 vueltas.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 17:00:00
Clasificación general: 14

Kilómetros realizados: 114

                                             BANDA SONORA DE LA CARRERA


 






 




jueves, 26 de septiembre de 2024

BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN

 Así como quien no quiere la cosa, después de un verano más que movidito, llegó septiembre. Mi radar se volvió a activar y busqué algún lugar donde llenar mi vacío competitivo. Navegando por la red, navegando en internet, navegando yo, te encontré: BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN.

Voy a empezar la temporada como acabe la siguiente. Dando vueltas en un recorrido de 6,7 kilómetros hasta que no pueda más. Viajamos desde la Backyard de Benabarre hasta la de Val D'Aran y tiro porque me toca.

En junio me quedé totalmente enamorado de esta desconocida modalidad deportiva para mi. Fue muy exigente, dejándome totalmente exhausto, derrotado y llegando al límite pero como esto de sufrir nos encanta, solo pensaba en volver a repetir. 

Viajé con mi pareja a la pequeña localidad de Salardú del pirineo catalán. Un lugar mágico. La primera impresión es que era un marco incomparable para realizar la carrera. Rodeados de verde, montañas y con un aroma a libertad espectacular.

Las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas. Se esperaban muchas lluvias. De momento, amanecíamos encapotados pero secos. Lo que viene a ser las mejores condiciones para correr. A ver cuanto nos dura...

La organización pone el polideportivo como zona de operaciones. En este lugar se encuentra tanto la zona de salida y meta, como el avituallamiento y la zona de descanso personal. Después de dejarme todo mi material minuciosamente organizado, ya estoy listo para empezar. Lo reconozco, tengo un toc con el orden pero si veo todo en su sitio, mi mente estará más tranquila y por ende, mi cuerpo responderá mejor.

A las 9 da comienzo la aventura. Como siempre, me dejo llevar por la emoción y pongo un ritmo alto siguiendo al primer corredor. Me digo que esta vuelta será de reconocimiento y luego ya iremos ajustando los tiempos. Nada más empezar me doy cuenta que no va a ser un día nada fácil. Salimos directamente subiendo una cuesta por el pueblo para desembocar en otra aún más exigente, ya pisando camino. Volvemos a Salardú y de ahí una rápida bajada hasta el vecino pueblo de Unha. Lo cruzamos siempre en ligero ascenso para salir a un camino que nos unirá con la tercera localidad: Gessa. Aquí daremos unas vueltas por sus calles para cerciorarnos de su belleza para volver al pueblo inicial. En la mencionada Salardú cruzaremos un bosque con bajada trepidante y puente colgante incluido. Llegaremos al parking del polideportivo. Con la miel en los labios, nos desvían para hacer un último bucle por su casco histórico y por fin, llegamos a meta.

Disfrutando. Fotos de la Organización

Primera vuelta completada en unos 40 minutos. Ponemos nota. Nivel de dureza: 8. A partir de ahora habrá que gestionar fuerzas. Saber donde andar y en que lugar apretar. Es todo estrategia. No hay que dar puntada sin hilo si no quieres pincharte y acabar antes de tiempo.

La segunda y tercera vuelta las invierto en marcarme parciales. 7 minutos el principio de la subida por el camino. 20 al llegar a Gessa. En 36 minutos debo pasar por el puente colgante y en unos 44 llegar a meta. De esta manera voy sabiendo si estoy llevando un ritmo correcto y además, tengo 15 minutos para descansar.

El tiempo fue aguantando bien hasta el final de la sexta vuelta. Ya empezaron a hacer acto de presencia las primeras gotas. De momento no les temo mucho, me aprovisiono con un chubasquero pero apenas me lo pongo. Me da mucho calor y la lluvia no es muy persistente. Llego a meta, es la hora de comer. La organización nos deleita con unos macarrones con queso y tomate que me saben a gloria bendita. Me había preparado mi propio arroz, lo guardaré para más adelante. A lo que nos preparamos para salir, la tormenta nos está esperando.

La competición cambia completamente. Me visto para la ocasión y salimos a la guerra naval. A los 5 minutos ya estoy empapado completamente. El impermeable que debía ser "el bueno", está totalmente calado. Llego al pabellón como una bayeta pasada de uso. Lo bueno de estar bajo techo es que te puedes quitar la ropa y secar el cuerpo mientras estás descansando. Si nos llega a salir el día así en la Backyard de Benabarre, hubiera sido un problema muy grande.

Disfrutando mojado

Nos pegamos 3 horas bajo un manto de agua constante. Es tontería cambiarme de ropa porque al momento iba a estar calado otra vez. Además, la bajada que da al puente colgante se ha convertido en un lodazal. Es extremadamente peligrosa. En una curva, salí recto y gracias a un árbol que me paró sino acabo en el rio. Mientras mis extremidades se van arrugando cada vez más, pido clemencia al dios Zeus. Parece que me hace caso y nos da un respiro. Dejamos chubasquero a un lado y lo cambiamos por un fino cortavientos.

En la siguiente vuelta noto dolor en mis plantas del pie. Es la misma sensación que sentí en la Ehunmilak en la que al final me tuve que retirar. Llevaba los pies tan ablandados que se me estaban empezando a agrietar. ¡PELIGRO! Por suerte, en esta modalidad tenemos la posibilidad de revertir la situación. Cambio de calcetines y zapatillas. Pies secos, pies contentos.

Cuando llevamos 9 horas de carrera (60km) empieza el modo nocturno. Es hora de que salga a jugar el factor mente. ¡Calienta que sales! Ahora es más importante el cerebro que las piernas. ¿Seré capaz de gestionarlo bien?

Con la caída del sol y el terreno en peores condiciones, los ritmos bajan. Cada vez hay menos tiempo para descansar. Voy hablando con varios compañeros para hacer las vueltas más amenas. Se ha quedado una noche muy buena. Aunque haya bajado la temperatura no es un problema. Al descansar en un sitio cerrado no te llegas a quedar frío. 

Otro de los bastiones en este tipo de competiciones es la compañía. Saber que al final de cada vuelta te está esperando una persona es indispensable. La persona que me aguantaba pacientemente a mi no podía ser mejor. Mi pareja, armada de paciencia, me recibía con una sonrisa y el más cálido de los arrumacos. El acompañante te anima, te mantiene entretenido y no te hace pensar de más. En estos lares, pensar, lo menos posible.

Nos plantamos en la catorceava vuelta (94km). Mi mente se empieza a desmoronar y lo peor de todo: Mis parte intimas. El escozor empieza a ser TOP. Llevar tantas horas mojado no está ayudando nada. Me impregno en vaselina y polvos de talco cada poco tiempo. ¡Lo intento todo! Es mi talón de Aquiles en las carreras de ultrafondo. Siempre lo sufro y no consigo encontrar la solución. ¿Algún sabio consejo en la sala?

Disfrutando del paisaje

Llegamos a la 15. Mi récord está en 17. Está tan cerca y a la vez tan lejos. Quiero pero no puedo. Me resigno. No puedo más. La que está decidida a no abandonar es mi chica. Me insiste, usa audios de mi familia para convencerme, se enfada, me hecha la bronca. Pasa por todas las fases posibles para hacerme cambiar de opinión pero yo lo tengo más que decidido. Cuando apenas quedan 2 minutos, hace la última intentona: - ¡Yo no te voy a acompañar a ver como dices que abandonas! -. Y se sienta alejada de mi. ¡Ostia, esto va en serio! - Pienso en mis adentros. Cabreado como un mono digo: - ¿Quieres que corra, pues corro? -. Me pongo los manguitos y salgo resignado a la línea de salida.

Es fundamental tener a alguien así a tu lado para no dejar que te rindas cuando sabe que aún puedes dar un poco más. También es inevitable enfadarte sin sentido. Como si fueras un niño. Llevas 15 horas corriendo sin parar y el cerebro lo tienes hecho una esponja. Es como dicen en el fútbol, lo que pasa en el campo, se queda en el campo. Fuera, todos tan amigos. En nuestro caso, fuera es todo AMOR.

Como puedo hago la vuelta 16, bajando los ritmos considerablemente y compartiendo camino con Aritz Vazquez. Después de dos experiencias en Backyard he aprendido que no todo es lo que parece. Los corredores que parecen más fuertes las primeras horas, se acaban evaporando. Por contra, los que pasan desapercibidos son los mejores estrategas y los que se llevan la gloria. Llevaba observándolo en el polideportivo y sin duda era uno de mis favoritos. A estas alturas solo quedábamos 8 en liza.

Acabo la vuelta 16 y decido sacar la bandera blanca. Me rindo. Mi pareja después de verme destrozado la hora anterior, también parece estar de acuerdo. Me he quedado a 2 horas de superar mi mejor marca. Parece poco tiempo y asumible  pero creerme, no podía más. El desnivel acumulado (3100+), la meteorología y el estado de forma me han vencido. Conmigo se retiran varios compañeros. Solo quedan cuatro. Auténticos titanes que van a luchar hasta el final mientras yo, tieso como un palo, me retiro a mis aposentos.

Al final, mi apuesta fue la correcta. Aritz se llevó la victoria con 23 vueltas. Me encanta esta modalidad por la incertidumbre del resultado. En otros deportes puedes imaginar por donde van los derroteros. Aquí todo puede pasar pero con el tiempo te vas dando cuenta de como es la mejor manera de hacerlo. Me queda mucho que aprender y por supuesto que voy a intentar seguir mejorando. Algún día llegaré a las 24 horas. Lo prometo.

Dar la enhorabuena a la organización y voluntarios. Gente muy joven y con muchas ganas. Nos han tratado de maravilla y han creado todo un carrerón. Os auguro un futuro brillante. Tenéis una zona increíble y con vuestra pasión, solo os pueden pasar cosas buenas.

Por mi parte, cierro las carreras de ultrafondo (Igual cae un 24 horas, depende si me deja mi entrenador). Empieza la dura rutina del maratón. Cada vez somos más veteranos y tenemos menos margen de mejora pero disfrutamos intentándolo. Seguiremos rascando segundos mientras podamos.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 16:00:00
Clasificación general: 5

Kilómetros realizados: 107

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA