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jueves, 2 de abril de 2026

VI FESTIVAL ULTRAFONDO BURJASSOT

En mitad de la euforia post Maratón de Barcelona, mientras escribía la crónica y con las sensaciones a flor de piel, me dejé llevar por un impulso que muchos reconoceréis. Abrí una nueva ventana emergente en el ordenador y con paso firme, sin titubeos, rellené un formulario de inscripción. Así, en cuestión de segundos y sin posibilidad de retroceder, tenía un nuevo reto: "VI Festival de Ultrafondo de Burjassot". 

Tenía apenas dos semanas para prepararme. El esfuerzo en Barcelona fue muy intenso pero enseguida volví a los entrenamientos para intentar acelerar la recuperación muscular, siempre de forma progresiva. Además, a día de hoy, siento que el atletismo es lo único que me llena. Buscando la felicidad a base de kilómetros. ¿Felicidad o evasión? No lo sé, yo solo quiero correr. Usaremos la terapia "GUMP". Aquí el amigo Forrest estuvo corriendo tres años, dos meses, catorce días y dieciséis horas. Veremos cuanto tiempo estoy yo. De momento, nos vamos a Burjassot.

Las modalidades a elegir eran muy variadas. Desde 48 horas hasta 50 kilómetros. En mi euforia descontrolada, alguna neurona tuvo un poco de raciocinio y decidí participar en los 100km. Es una prueba que me dio una gran alegría en 2021, cuando conseguí el Récord de Aragón en el Campeonato de España pero que luego solo he recibido un batacazo tras otro. Mi gran némesis.


Lo que me gusta a mi un buen FESTIVAL

Sabía que no llegaba en la mejor forma física posible. Sabía que la única vez que me ha salido bien ha sido porque llevé una preparación especifica para esa competición. Sabía que con los entrenamientos de una maratón no es suficiente. Lo sabía todo pero no me importaba nada. Mi objetivo era firme. Salir a intentar mejorar mi marca. Puerta grande o enfermería.

Cuando llegué el viernes los compañeros de la modalidad de 48 horas ya habían empezado. Me parece algo extraterrestre estar corriendo 2 días seguidos en un circuito cerrado. Mi mayor admiración y respeto. ¿Creéis que alguna vez competiré yo? No tengo pruebas, pero tampoco dudas...

La competición empezaba a las 8 de la mañana. Dos horas antes amanecía para desayunar con calma y preparar mi avituallamiento. Como no llevaba asistencia y me gusta tenerlo todo bien organizado, me hice una plantilla en una cartulina donde tenía ordenado lo que tenía que tomar cada 5 kilómetros. Agua, geles, isotónico e hidratos en polvo iban a ser mi menú del día. Así no tendría que perder tiempo en buscar o pensar lo que me tocaba tomar en cada momento. El método Marie Kondo aplicado al running. Indispensable para mi bienestar mental.


La familia del Ultrafondo

Mi mayor inquietud era el circuito. 1 kilómetro repartido en 2 rectas de 500 metros con un leve desnivel. Casi imperceptible al principio pero según avance la carrera, seguro que será determinante. Además, un giro si que se suaviza al realizarlo en una rotonda pero al otro lado nos espera un cambio brusco de 360 grados a través de un cono. Estoy acostumbrado a circuitos de 5 kilómetros y 20 vueltas. Aquí me esperan la friolera de 100. Modo hámster activado.

Como viene siendo habitual, la carrera empieza rapidísima. Da igual que se trate de una 5k o de ultrafondo. Los atletas salen al máximo. Después de varias vueltas obtengo el por qué. El grupo de cabeza está buscando la mínima para el Campeonato del Mundo (06:47:30). Mi guerra era otra. Tengo que ir a ritmo de 4:20. Al principio muy cómodo, diría incluso que el circuito me está gustando. La recta con el desnivel favorable da la sensación que solo te tienes que dejar llevar. Como siempre, me costó entrar en calor pero según avanzaban los kilómetros, los ritmos los iba mejorando incluso sin querer. A 4:11 y con bastante comodidad. Me notaba muy fuerte. ¿Seguirá la buena racha?

Cuando llevábamos 2 horas de competición, el calor empezaba a ser moderado. ¡Con lo fría que había arrancado la mañana! Cambié las gafas de sol por la gorra. Tengo una edad ya y mi madre me obliga a cuidarme la piel del rostro. Es esteticien, a obedecer. La piel es el reflejo de tu salud y nuestro escaparate al mundo.

Nos acercábamos a la distancia de maratón y mis sensaciones iban empeorando. Las piernas empezaron a acordarse de lo que hicieron hace 2 semanas. Cada vuelta costaba más y el giro brusco, un choque de realidad. La mente también fue cambiando el discurso. Ahora veía bien llegar al ecuador de la competición y echar el telón. 

Cuando pasabas por meta, el sistema de cronometraje te avisaba de cuantas vueltas llevabas. Según mis cálculos,  mi recuento era erróneo. A mi compañero Marc y otros atletas también les pasaba y se lo modificaron. Yo lo reclamé pero no obtuve resultados. Estoy seguro de ello porque iba siempre por delante de la primera clasificada femenina pero por megafonía a ella le cantaban más vueltas que a mi. No es algo que me preocupará en exceso porque había decidido parar cuando llegara a 50 kilómetros pero te va mermando poco a poco. Y así, cuando llegué a esa cifra según el marcador, puse fin a mi participación.


Pidiendo el VAR

No estoy triste. Ni mucho menos defraudado conmigo mismo. Sabía como venía y a lo que venía. Salí con un objetivo en mente pero consciente del escaso porcentaje de éxito al que me enfrentaba. Táctica kamikaze pero toda experiencia suma. Me voy muy contento por haberlo intentado. Me voy con una sonrisa pese a la derrota. Perder para aprender. Perder para avanzar.

Es mi primera participación en Burjassot pero se nota que en el Club de Atletismo Els Sitges se respira amor al Ultrafondo. Organización impecable. Es una pena que muchos atletas se fueran este mismo fin de semana al Campeonato de 48 horas que se celebró en Italia. Esperemos que poco a poco, cada vez seamos más en territorio nacional, nos tengan más en cuenta en la Federación y el Ultrafondo se consolide en nuestro país. 

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 03:49:56
Clasificación general: Abandono

Kilómetros: 52

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA









domingo, 23 de noviembre de 2025

24 HORAS EN PISTA OLOT

 Se está acabando 2025. Ha sido un año muy exigente con una gran cantidad de kilómetros en las piernas. Quizás sea la temporada donde más volumen he metido, por eso, queda ya poca gasolina en el deposito pero hay que gastar la última baza que me queda. Vamos a cerrar el telón participando en las "24 horas en pista de Olot".

El día siguiente de mi abandono en la "Spartathlon" empezó el arrepentimiento. Estaba muy disgustado por haberme rendido antes de tiempo cuando estaba completamente preparado para llegar a Esparta. Mi cabeza me dejó solo. La única manera de quitarme esa sensación no era otra que volver a Grecia. La mala noticia es que tenía que volver a hacer la marca mínima para clasificarme y ¡Se me acababa el tiempo! Tenía que conseguirlo antes de año. Mis compañeros me hablaron de una competición que se hacia por primera vez en noviembre. No lo dudé. Miré mi calendario de trabajo. Perfecto, no curro. Inscrito. Sencillo.

Así me presenté la semana antes de viajar a Olot con escasa preparación. La verdad que la temporada se me está haciendo larga y ya no estoy para muchos alardes. ¿Igual es mejor llegar algo fresco? Me autoconvencía mientras preparaba otra vez la maleta de supervivencia del corredor de Ultrafondo. La única norma que hay: Tu mete de todo por si acaso.

Mirar que delicia de sitio

La verdad, solo por correr en las pistas de Olot, merece la pena ir. Está considerada una de las más bonitas del mundo. Su integración con la naturaleza es espectacular. Naturaleza y tartán se fusionan en uno para regalarnos una obra de arte.

No me había fijado en los inscritos pero nada más bajar a las pistas empecé a ver caras conocidas por todos lados. Siempre somos los mismos valientes (o descerebrados, según se mire) en esta disciplina. Monto con calma mi avituallamiento mientras nos ponemos al día con los compañeros. Todo tiene un aroma familiar muy sano, desde la organización hasta los acompañantes. Es como si fuera la quedada de los sábados con los amigos.

Recordar lo que venía a buscar aquí. Necesito la marca mínima para optar a participar en la Spartathlon. La forma de conseguirlo es hacer 120 km en 12 horas o 180 km en las 24. Mi idea es clara. Intentar conseguirlo en 12 horas y si no llego, no me quedaría más remedio que seguir toda la noche hasta conseguir cumplir los 180 kilómetros que piden.

La cuenta se hace rápido. Para conseguirlo, tengo que ir a un ritmo de 6 minutos el kilómetro. A priori parece fácil pero estate tu así 12 horas. Te aseguro que no tiene nada de sencillo. Mi idea es hacer como la hormiga, acumular kilómetros al principio para cuando vengan los momentos difíciles tener un buen colchón. Si lo consigo, luego ya tendré tiempo de hacer la cigarra. La teoría la tengo, a ver como aplico la practica...

Hemos tenido suerte y de momento el día es perfecto. Empezamos a dar vueltas a un ritmo alegre y disfrutando del entorno. La primera hora hago 11km. La segunda, 22km. Todo va genial. Voy alternando momentos en solitario con alegres conversaciones con los compañeros. Javi Lozano, un fijo en estas lides. Yo creo que ha estado en todas las competiciones en las que yo he participado y siempre es un verdadero placer compartir pista con él. Marc, ya coincidimos en varias ocasiones haciendo de liebres en maratones. Javier y Víctor, espartanos donde los haya. Germán, el cerebro de la "Backyard Benabarre". Toda una lista de ilustres invitados.

Cuando llevamos 4 horas y media, consigo llegar a los 50 kilómetros. Hasta ahora no había parado de correr. Todos del tirón. Soy consciente de que no puedo seguir ese ritmo. Sería inmolarme. Es hora de cambiar de estrategia. Mi nueva misión: Correr media hora y andar una vuelta. Es una manera de descansar un poco pero sin dejar de sumar kilómetros.

Lo que más miedo me da es la soledad de la noche. Ahora a las 6 ya estamos a oscuras y se que va a ser un punto clave. Luchar contra mis miedos. La mejor manera que se me ocurre para combatirlos es la música. Cuando llevamos ya bastantes vueltas sin compañía de sol, decido sacar mi nuevo acompañante: Melendi. "Sin noticias de Holanda" es un disco de culto y no me bajo de este barco. Con la tontería, a ritmo de rumba se me ha pasado una hora volando. 

Siempre con una sonrisa

Me veo obligado a quitarme la música porque empieza a llover. De momento parece que es solo para asustar así que no cambio los planes. Cuando la intensidad empieza a ser importante, paro a cambiarme de ropa. Me pongo una camiseta térmica pero no uso chubasquero ni nada. Está lloviendo pero tampoco tengo la sensación de que me moleste demasiado.

Las horas van pasando, nos acercamos a los 100 kilómetros y mis cuentas para hacer la mínima se vuelven laberintos. Parece que me estoy enfrentando a la conjetura de Goldbach y prácticamente solo estoy sumando 2 + 2. Mi cerebro, ya de por si limitado empieza a ir justito. Los ritmos han bajado considerablemente. Busco referencias de los tiempos que llevo cada vez que paso por meta y solo hace que ponerme más nervioso.

Pido ayuda a los acompañantes para que me vayan cantando los kilómetros que llevo. Cuando quedan 2 horas, tengo que hacer 19. Estoy andando por la cornisa. No me puedo despistar. ¡Si ni siquiera he podido ir al baño para no perder tiempo!

Decido dar todo lo que me quede en la siguiente hora. Es el momento de arriesgar todo al rojo. Quiero, si puedo, no llegar a los últimos minutos pidiendo la hora. Me pongo a velocidad de crucero. En realidad voy a 5 pero mi sensación es que estoy volando. Sigue Tricas, sigue. Llego a la última hora y me quedan 8 kilómetros por hacer. Parece que lo he conseguido.

No obstante, no me quiero arriesgar. Ya no me fio de nada. Sigo corriendo hasta que llego a los 119km. Que alivio. Troto las 2 últimas vueltas y reto conseguido: 120km. No os creáis que me sobró mucho. Ahora descanso, tomo agua y sigo andando hasta que se cumple las 12 horas. En total: 120 kilómetros de sufrimiento y 800 metros de alivio.

Los compañeros me felicitan y me animan a seguir. Habría podido hacerlo pero en cuanto conseguí la mínima mi cerebro desconectó y dejó de mandarle las señales oportunas a mis piernas. Ya no podía correr más. Tampoco había ninguna necesidad. No íbamos a hipotecarnos los próximos entrenamientos por venirnos arriba. El único aliciente es que iba primero en la clasificación. ¿Y porque no seguiste? Pues igual me faltó ambición pero tampoco me arrepiento. Hice lo que dije que venía a hacer y me voy más que contento.

Paseíto mañanero con el ganador

Me fui a dormir y a las 9 de la mañana volví a la pista para ayudar a mis compañeros en sus últimas horas de lucha. Es hora de darles ánimos y conversación para tenerles entretenidos. Tras 11 kilómetros más para mi colección, llegaron las 12 del mediodía. Llegó el final. Una experiencia brutal en un marco incomparable. Cada vez me estoy enamorando más de esta disciplina. El ambiente que se respira aquí no se puede comparar con nada.

Dar la enhorabuena a la organización. En su primera edición han conseguido generar algo muy bonito. Todos los atletas nos vamos con una sonrisa en la cara y deseosos de volver. No hay mejor señal que esa para saber que habéis hecho un trabajo increíble. Yo me voy con el corazón lleno, la mínima bajo el brazo y con la sensación de que cierro un año con un halo de esperanza, porque el resto ha sido para olvidar. 2025 no quedará en mi recuerdo pero espero que el año que está por entrar si lo sea. Esparta, a la segunda va la vencida.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 24:00:00
Clasificación general: 12

Kilómetros: 131

                                               BANDA SONORA DE LA CARRERA




sábado, 25 de octubre de 2025

SPARTATHLON (246km 2823 D+)

Cuando empiezas a dar los primeros pasos en el ULTRAFONDO, siempre sobrevuelan por tu cabeza una serie de competiciones de obligada participación. Al principio suena utópico pero con mucho esfuerzo, poco a poco, ese sueño parece más factible. Después de muchas caídas y posteriores auges. Tras mucha paciencia, ese sueño se va a cumplir. Voy a ir a la SPARTATHLON.

Es la carrera más emblemática. El principio de todo. Te adentra en la historia de Filípides. Aquel valiente hemeródromo griego (Soldados que se dedicaban a correr) que fue desde Atenas a Esparta (246km) corriendo para avisar del ataque inminente de los Persas. Muchos siglos después, cada mes de septiembre, 400 valientes intentan emular sus pasos. En 2025 voy a ser uno de ellos.

El proceso es difícil. Primero tienes que conseguir una marca mínima muy exigente para poder optar a ir (180km en 24 horas), luego tener suerte en el sorteo y por último, abonar la abultada inscripción (1250€). Pese al susto inicial al escuchar la cifra, la inscripción incluye 6 días de hotel a pensión completa, transportes y eventos especiales varios. Hay que tomárselo como unas vacaciones...

Los 2 primeros días son de aclimatación. La delegación española nos alojamos en el Hotel Congo junto a otros países como México, Noruega o China Taipéi. Entre mucha comida, historias infinitas con mis compañeros, recogida de dorsales y algún entreno, nos presentamos el sábado a las 7 de la mañana en las faldas del Partenón. Por delante, 246 kilómetros para recorrerlos en un máximo de 36 horas.

La convivencia los días anteriores han calmado mis nervios. Los españoles hemos creado una familia increíble y eso me ha dado mucha seguridad. Solo por estar presente en un evento así, la salida es más una celebración que una carrera. Todo es felicidad.

Momentos previos. Foto de Spartathlon

Como era de esperar, todo el mundo sale corriendo bastante ligero, sin miedo al futuro. Los primeros kilómetros son para salir de Atenas ¡Que gigante es la ciudad! En subida constante, todos corriendo, parece que está prohibido andar y yo no voy a romper las reglas. Enseguida me encuentro a Víctor y a partir de aquí empezaría un largo binomio. 

Las primeras horas son bastante caóticas. El recorrido es por carretera y con tráfico abierto. El ruido es inmenso. A uno le cuesta acostumbrarse que camiones enormes te adelanten a dos metros de distancia. Víctor me va dando consejos mientras me aclimato a la situación. Llegamos al primero avituallamiento importante (Eleysina, 20km) a ritmo de 5 el kilómetro.

Me dice que va a bajar el ritmo pero parece que se le ha roto el reloj. Va incluso más rápido. Los avituallamientos son cada 4 kilómetros. A estas alturas vamos una grupeta bastante colorida. Italianos, polacos, franceses, americanos y españoles unidos en una misma misión. En los puntos de control nos esparcimos pero luego, como si tuviéramos un imán, volvemos a enlazar.

A partir del kilómetro 30 parece que el entorno se vuelve más benévolo, por lo menos visualmente. Vamos paralelos al mar Egeo, con unas vistas impresionantes y transitamos por carreteras más pequeñas por lo que el trafico disminuye también. ¡Bendito silencio! Solo interrumpidos por los cláxones de los aficionados.

Seguimos rodando a un ritmo alegre, bebiendo y reponiendo energías en todos los avituallamientos con paradas cortas pero necesarias. Sin duda, en esta carrera no hace falta llevar mochila ni accesorios. Tienes acceso al agua cada pocos minutos. En el punto de control de Megara (39km) me había dejado un gel. Mientras lo tomaba, estuve charlando con los voluntarios sobre mis tatuajes, incluso me pidieron fotos. ¡Y a mi que me gusta presumir! Soy un cuadro en movimiento y hay que lucirlo.

El maratón lo pasamos en 3:36. Muy rápido, nos auto avisamos pero seguimos sin el freno echado. ¿Nos estaremos inmolando? lo descubriremos más adelante...

En un momento dado, cuando iba con el argentino Santiago Trull (Ya compartimos vivencias en el 100k de Santander donde salió ganador), seguimos unas flechas amarillas mezcladas con cruces rojas. Indicaciones contradictorias cuanto menos. Iluso de mi, no me percaté. A los pocos minutos me empezó a dar mala espina. Paré. Miré a mis espaldas y no se vislumbraba ningún corredor. Retrocedí sobre mis pasos y efectivamente, nos habíamos equivocado. 2 kilómetros de regalo. ¡Como no vamos a hacer pocos!

Al tiempo, conseguí enlazar con mi compañero Víctor y proseguimos nuestra aventura, bajando el ritmo un poco. Nos acercábamos a uno de los puntos importantes de la carrera. El canal de Corinto (80km). Eso significaba que íbamos a dejar el mar atrás y adentrarnos en la meseta griega. Era hora de hacernos un selfi por lo conseguido hasta ahora, relajarnos, comer un poco de pasta y hablar con los acompañantes españoles.

Foto obligatoria

Una vez recargamos energías, volvimos a coger ritmo pero ya cada vez costaba mantenerlo. A partir de aquí en las subidas intentábamos andar. Nos íbamos haciendo la goma con otros compañeros. Ellos iban constantemente corriendo a un ritmo lento y nosotros alternábamos ritmos rápidos y caminar. El reloj estaba cerca de las 7 de la tarde, eso significaba que tocaba ir sacando el frontal. En cualquier momento el sol se escondería y empezaría el largo tramo nocturno.

Personalmente, mi cuerpo estaba bastante cansado. Tantas horas corriendo por el asfalto me estaban causando mella. Por suerte, antes de llegar a Halkeion (114km) había una subida de 1500 metros. La hicimos andando y esos 15 minutos de relax me salvaron la vida. Necesitaba un descanso para mis doloridas articulaciones. A partir de ahí volvimos a encontrarnos mejor y ya con la noche encima llegamos a Nemea (122km)

En este avituallamiento tenía cambio de ropa. La camiseta de la delegación española, de roja se había transformado en blanca de todas las sales perdidas por mi cuerpo. Nos lo tomamos con calma. Arroz, parada al baño y esperamos a Bernabéu que nos había alcanzado y estaba dándose un masaje. Aquí, con todos ustedes todo un referente español en la Spartathlon, a mi solo me que escuchar y aprender.

Proseguimos la ruta los 3 juntos, siempre al ritmo alegre que marcaba Víctor. En compañía, todo es mejor. Es verdad que la estrategia de Bernabéu es llevar los líquidos encima y no parar en todos los avituallamientos. Yo intentaba amoldarme a esa manera de actuar pero cada vez me costaba más. Me empezaba a descolgar y reenganchaba a duras penas hasta que al final los iba perdiendo de vista.

Al llegar a Malandreni (140km), me estaban esperando para seguir juntos pero yo necesitaba reconectar con la carrera. Las bajadas ya no las podía hacer corriendo debido al dolor de cuádriceps y cuando en una competición así no puedes avanzar en zonas con desnivel negativo, mal vamos. Necesitaba sentarme, reposar, ordenar mis ideas y proseguir, aunque fuera solo. Nos despedimos, deseamos buena suerte y nos vemos en Esparta.

La compañía, lo mejor

Hasta el siguiente punto de control lo hice prácticamente andando. Mi cabeza ya se había desconectado del juego. Había apagado la consola mental. Llegué a Lyrkeia (148km) bastante abatido. A partir de aquí empezaba la subida exigente hasta el Partenio. Mierda. Mientras escribo estas palabras me entra angustia. Punto y final. Mi cuerpo estaba dolorido, como es normal, pero mi mente es la que estaba derrotada. No supe gestionar los sentimientos. Me bloqueé y decidí abandonar. A las primeras de cambio me rendí. No supe sufrir y  aquí, esto se paga muy caro. Pese a las insistencias de todo el mundo: Novia, voluntarios, compañeros, no quise escuchar nada. Me escondí en mi mismo y tiré la toalla. K.O MENTAL.

Me arrepiento muchísimo de mi forma de actuar. Creía que llegaba fuerte mentalmente a la carrera pero está claro que no. En cuanto sentí los primeros problemas físicos, me derrumbé. ¡Parezco nuevo! Con todo lo que he pasado para conseguir llegar hasta aquí y ahora me hago esto. No tengo perdón. Bueno, tampoco vamos a tirarnos tantas piedras a nuestro propio tejado. Ya me he fustigado demasiado hasta que me he atrevido a escribir esta crónica. De todo se aprende. La próxima vez volveré más fuerte, más preparado y nadie me podrá parar, ni siquiera YO mismo.

Todo lo que vino después no hace más que reafirmarme en mi equivocada decisión. Ya me lo avisaron pero no quise escuchar. ¡No abandones!¡No te montes en el autobús de la muerte! Cuanta razón tenían. 8 horas de penitencia me pasé en ese bus hasta que me llevaron a Esparta. Os podéis imaginar el ambiente desolador del interior del vehículo. Un silencio sepulcral, solo interrumpido por el crepitar de las mantas de supervivencia. Fuera estaba cayendo el diluvio universal. Dentro, el diluvio lo llevaba cada uno dentro. Por lo menos me quedo con la compañía de Virginia, Una experimentada atleta argentina (Finisher en 7 ocasiones) que me enseñó a como enfocar la carrera la próxima vez que vaya. !Gracias por tus palabras!

Dar la enhorabuena a todos mis compañeros que acabaron o no. Sois todos superhéroes. Víctor, mi compañero de 140 kilómetros, contigo fue todo mucho más fácil. Buen tándem hicimos. Bernabéu, cuanto he aprendido y espero hacerlo en futuras ediciones. Santi, el otro aragonés, tenemos que quedar en Andorra para entrenar y volver el año que viene más fuertes. José Antonio, nuestro gurú del viaje, siempre velando por el grupo. Víctor, un enamorado del Ultrafondo, da gusto ver su pasión. David, es todo lo que representa la Spartathlon, su beso a Leónidas va a pasar a los anales de la historia. Marc, que decir de él, el español más joven en finalizar la carrera, ya me gustaría tener su fuerza mental. Josep, se quedó  a 26 kilómetros de llegar, lo diste todo y no se puede reprochar nada. Iván, cuarto en la general y un ejemplo a seguir. Mito. Sin olvidarme de los acompañantes. Nos hicisteis más ameno el sufrimiento con vuestro apoyo. Gracias. Gracias a todos.

Los últimos dos días en Atenas fueron un sentimiento agridulce. Disfrutando con mis compañeros de las comidas y cenas de gala pero con una tristeza interna que aún la sigo manteniendo. Ahora queda reponerse, volver a intentar conseguir la mínima y esta vez, SI que SI, llegar a Esparta como sea.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 17:46:19
Clasificación general: Retirado

Kilómetros: 148

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA





domingo, 22 de junio de 2025

II BACKYARD BENABARRE

 Acabada la temporada de asfalto, tocaba dejar la exigencia del reloj a un lado. Los ejercicios interválicos se quedan aparcados hasta final de año y ajustamos los ritmos a gusto del consumidor. Nos pasamos a la montaña. Para mi, el monte es diversión. Es disfrute. Es un paréntesis entre las rigurosas preparaciones de la maratón. No obstante, darle más prioridad al desahogo no significa dejar el compromiso a un lado. Seguimos con objetivos y la primera parada es: "II Backyard Benabarre".

Esta primera parada es solo una pequeña parte de la gran aventura que me espera en septiembre. Nos vamos a la SPARTATHLON. Es la carrera de Ultrafondo por excelencia. La madre de todas las competiciones. Quiero llegar lo mejor preparado posible. La planificación no va a ser tan exigente en cuanto a intensidad pero si en volumen. Para ello tengo que participar en competiciones donde sumar muchos kilómetros y que mejor lugar que en Benabarre.

A estas alturas, si me soléis seguir en mis andanzas, ya sabréis en que consiste la Backyard pero resumiendo de forma rápida: Es hacer un circuito de 6,7km hasta que no puedes más. Mi objetivo como en las 2 ocasiones anteriores es aguantar 24 vueltas. De momento he fracasado. ¿Lo conseguiré esta vez?

Nos presentamos en la pequeña localidad oscense un buen grupo de amigos. Jordi y Pablo, compañeros de equipo de ANDANDAEH más Jesús y Joaquín de los Kalandrakas. Además, compartiremos estancia con muchos más amigos (Kevin, Vlady, los hermanos Bailo, etc.). Es como correr en casa. Para más inri, el formato de la zona de descanso es muy especial. En un merendero cada participante se busca sus recursos. Mesas, carpas, tiendas de campaña inundan el bosque. Le da un aire mágico y festivalero muy especial.

Este año han cambiado los horarios. Arrancamos el viernes a las 21:00. A priori, parece mas benévolo, nos quitamos primero las horas de noche que siempre suelen ser las que más se atragantan. Yo llego con bastante antelación para preparar todo el tinglado, intentar descansar y cenar con calma.

 

Tocando en badajo...Foto de Mario Gascón

Con la puntualidad que exige esta disciplina, salimos en busca de la primera vuelta. Primero hacemos un recorrido más montañero. Nos lleva por un sendero entre naturaleza para volver por pista pero siempre envueltos en bosque. Un  continuo rompepiernas donde acumulamos 150 metros de desnivel positivo. En comparación a otras ocasiones donde siempre salgo a un ritmo alegre, esta vez opto por otra estrategia. Empiezo bastante comedido junto a mi amigo Pablo. Andando en bastantes ocasiones debido a la aglomeración que se forma en los estrechos senderos. Si te soy sincero, me estoy agobiando un poco pero se que a la larga es lo más aconsejable. Peor lo lleva mi amigo Jesús Bailo. Ganador de Ehunmilak y séptimo en el Tor des Geants. Imagínate lo que debe suponer para el ir a ritmos tan lentos pero como buen campeón, tiene que ser riguroso en el planteamiento si quiere ganar.

Acabamos la primera vuelta en 50 minutos. Un trago de agua y vuelta a empezar. Como ya ha caído la noche en Benabarre, nos tenemos que poner el frontal y cambiar al circuito nocturno. Esta vez nos dirigimos al centro del pueblo. Primero una larga recta por pista cómoda hasta llegar a las inmediaciones de la zona urbana. Tenemos que recorrer varios recovecos hasta salir a las calles asfaltadas. En el pueblo nos encontramos una gran animación, lleno de gente y carteles de ánimo. Con tanto público vas en volandas y así hasta volver al inicio. Sigo con Pablo de charleta hasta completarlo en 50 minutos. Puntuales a nuestra cita con el crono.

Es medianoche y todo sigue igual. Han abandonado bastante gente que serían vecinos del pueblo apuntados para colaborar pero aún sigue habiendo muchos supervivientes. Esto acaba de empezar. Vamos a un ritmo muy tranquilo, cambiando de compañeros de viaje según la vuelta. En mi caso, el estomago lo llevo bastante mal. No me ha sentado bien la cena ni los horarios vespertinos. Estoy acostumbrado a competir y entrenar por la mañana. Eso se nota. Como no son ritmos exigentes, confío en que se vaya solucionando con el tiempo pero parece que lleve una pandereta en la tripa. El sueño tampoco ayuda. Con lo que me ha gustado trasnochar toda la vida y ahora estoy que me arrastro por las esquinas. No llevo nada de buenas sensaciones.

En la cuarta vuelta cae en combate Jesús. El hastío le ha ganado la partida. A la siguiente vuelta, Jordi y Pablo le acompañan. Es su primera vez y creo que no han sabido gestionar las fuerzas mentales. Pueden hacer muchas más. En un abrir y cerrar de ojos, el campamento que habíamos montado se quedó huérfano. La fiesta se apagó. Solo quedábamos Joaquín y un servidor. Yo estaba muy negativo, la noche me estaba ganando la partida pero gracias a Joaquín seguía adelante. El estaba mejorando sus marcas y se le veía motivado. Somos un equipo. Hay que aguantar.

En la vuelta 8 le dije que teníamos que aguantar 2 horas más para llegar a las 10 y nos retirábamos. Quería motivarle y a la vez, buscar algo en mi que me hiciera empezar a disfrutar. Íbamos tranquilos los dos a cola del pelotón. Literalmente éramos los últimos. Me puse nervioso y aceleré pero fiel a mi cita, clavé la vuelta en 50 minutos.

Al final de la decima vuelta empezó a amanecer. Buscaba que los rayos de sol me resucitarán. Fueran mi salvación. Nada más acabar la vuelta, me fui a mi carpa y lo más rápido posible me cambié de ropa. Pantalón corto y camisetas de tirantes. Tenía que engañar a la mente. Confundirla. ¡Aquí no ha pasado nada! Volvemos a empezar de cero. Cuando llegó Joaquín, con el valor del trabajo bien hecho, se retiró a sus aposentos y me dejó solo ante el peligro. Por suerte, había renacido. Un nuevo Tricas estaba presente. 

Con la luz de la mañana y el regreso al recorrido diurno todo cambió. Estaba empezando a disfrutar. Cabeza contenta, cuerpo fuerte. Voy cambiando de compañeros en cada vuelta. Kevin, James, los hermanos Bailo. Siempre en la retaguardia guardando fuerzas, las pocas que iban quedando. Al final de cada circuito nos estaba esperando el cencerro que de forma orgullosa hacías sonar. Con ello, los ánimos incondicionales de Francesc, el speaker que me dio la vida. El año pasado ya le debí hacer gracia, llamándome TOP4 todo el rato. Lo que son las cosas. Como pueden cambiar en un año. La edición del año pasado llegaba siempre entre los primeros, de ahí el mote que me puso. Tuve unas sensaciones increíbles durante toda la carrera hasta que me retiré. Esta vez, cambié la estrategia por todos los consejos escuchados. Llevando ritmos mucho más lentos y las sensaciones han sido malas desde el principio. Lo que no ha cambiado son los gritos a golpe de micro de Francesc. Así da gusto llegar a meta. ¡GRACIAS!

¡Con mi BRO!

Cuando el calor estaba empezando a hacer de las suyas, me puse una meta. 15 vueltas. Son 100 kilómetros. Es un número redondo y muy bonito para finalizar la aventura. Me autoengañaba y lo edulcoraba todo para convencerme que la retirada era una buena opción. Es un sentimiento raro. Es como si tuvieras dos personalidades y una quiere manipular a la otra. Una quiere abandonar pero en verdad tienes físico y fuerzas para seguir. 

Al final de una vuelta, para seros sinceros, ya no me acuerdo ni cual era, después de cruzar la meta y cuando me iba moribundo hacia mi carpa, alguien se entrometió en mi camino. ¡ERA MI PAREJA! ¿Pero que haces aquí? No estaba en mis planes su presencia. Es más, estaba hablando con ella por WhatsApp como si estuviera en Zaragoza. Me había preparado una maravillosa encerrona. Ya tenía nueva compañera de festival después de tantas horas solo. Y no una compañía cualquiera, sino la mejor.

Ya tenía entrenadora mental para aguantar unas vueltas más. Así sin quererlo y después de las penurias de la noche, nos habíamos plantado cerca de mi mejor marca personal pero aún lejos de mi objetivo. Empezamos la vuelta 16. Es mediodía y el calor es matador. La parte de la pista hace una pequeña brisa que hace más llevadero el recorrido pero es adentrarnos en el sendero y llegar al mismismo infierno. Es como meterse en un horno. Al estar más cerrado, se forma un microclima que es difícil de sobrellevar. Las pulsaciones se me disparan incluso yendo a 7 minutos el kilómetro.

Acabada la vuelta, no estoy muy por la labor de seguir pero tanto Francesc como el público me obligan a seguir. Es una responsabilidad muy grande llegar al centro neurálgico donde todo el mundo te está vitoreando y decir que abandonas. Es una presión añadida a tus continuos titubeos mentales. 

Intentando hidratarme... 

En la carpa y mientras me como un bocadillo de nocilla, dejo caer que igual no salgo pero mi novia no está muy de acuerdo. Me echa la bronca, usa todas sus armas para que no me rinda. Yo me resisto. Creo que en el fondo necesito "amenazas positivas" para seguir en la lucha. Me cabreo, me hago de rogar y busco acuerdos contractuales. Estoy bastante limitado de físico pero claramente puedo continuar, solo necesito un poquito de dramatismo. Soy un peliculero, que le voy a hacer si trabajo en el mundo audiovisual.

Estamos en la vuelta 17. Ya he igualado mi mejor marca personal. ¿Me retiro? ¿Puedo seguir más? o mejor: ¿Quiero seguir más? Según me voy acercando a la meta lo tengo claro. Toco el cencerro, doy las gracias a todos por los aplausos pero me quito el dorsal. Mi aventura acaba aquí, 117 kilómetros después. 

¿Había podido seguir más? En ese momento yo creía que no, o eso quise pensar. Yo estoy seguro que el físico si que podía. La mente es la que no me lo permitió. En esta disciplina aún no he conseguido aprender a sufrir más de la cuenta. Llevo ya 3 competiciones y aún no he dado con la tuerca pero se que lo conseguiré. Tarde o temprano caerán esas 24 horas. Estoy seguro.

Dar las gracias a Germán y todas las personas que hacen posible esta carrera. Es una maravilla participar en este evento. Te sientes super querido y como si estuvieras en casa. Incluso una vez retirado, los vecinos nos invitaron a paella y carne a la brasa. Mi novia casi acaba empadronada en Benabarre. Así sin quererlo, he encontrado una fecha fija en mi calendario. ¡Nos vemos el año que viene! Ya os voy avisando, no me dejéis retirarme hasta que no haga 24 vueltas.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 17:00:00
Clasificación general: 14

Kilómetros realizados: 114

                                             BANDA SONORA DE LA CARRERA


 






 




jueves, 26 de septiembre de 2024

BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN

 Así como quien no quiere la cosa, después de un verano más que movidito, llegó septiembre. Mi radar se volvió a activar y busqué algún lugar donde llenar mi vacío competitivo. Navegando por la red, navegando en internet, navegando yo, te encontré: BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN.

Voy a empezar la temporada como acabe la siguiente. Dando vueltas en un recorrido de 6,7 kilómetros hasta que no pueda más. Viajamos desde la Backyard de Benabarre hasta la de Val D'Aran y tiro porque me toca.

En junio me quedé totalmente enamorado de esta desconocida modalidad deportiva para mi. Fue muy exigente, dejándome totalmente exhausto, derrotado y llegando al límite pero como esto de sufrir nos encanta, solo pensaba en volver a repetir. 

Viajé con mi pareja a la pequeña localidad de Salardú del pirineo catalán. Un lugar mágico. La primera impresión es que era un marco incomparable para realizar la carrera. Rodeados de verde, montañas y con un aroma a libertad espectacular.

Las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas. Se esperaban muchas lluvias. De momento, amanecíamos encapotados pero secos. Lo que viene a ser las mejores condiciones para correr. A ver cuanto nos dura...

La organización pone el polideportivo como zona de operaciones. En este lugar se encuentra tanto la zona de salida y meta, como el avituallamiento y la zona de descanso personal. Después de dejarme todo mi material minuciosamente organizado, ya estoy listo para empezar. Lo reconozco, tengo un toc con el orden pero si veo todo en su sitio, mi mente estará más tranquila y por ende, mi cuerpo responderá mejor.

A las 9 da comienzo la aventura. Como siempre, me dejo llevar por la emoción y pongo un ritmo alto siguiendo al primer corredor. Me digo que esta vuelta será de reconocimiento y luego ya iremos ajustando los tiempos. Nada más empezar me doy cuenta que no va a ser un día nada fácil. Salimos directamente subiendo una cuesta por el pueblo para desembocar en otra aún más exigente, ya pisando camino. Volvemos a Salardú y de ahí una rápida bajada hasta el vecino pueblo de Unha. Lo cruzamos siempre en ligero ascenso para salir a un camino que nos unirá con la tercera localidad: Gessa. Aquí daremos unas vueltas por sus calles para cerciorarnos de su belleza para volver al pueblo inicial. En la mencionada Salardú cruzaremos un bosque con bajada trepidante y puente colgante incluido. Llegaremos al parking del polideportivo. Con la miel en los labios, nos desvían para hacer un último bucle por su casco histórico y por fin, llegamos a meta.

Disfrutando. Fotos de la Organización

Primera vuelta completada en unos 40 minutos. Ponemos nota. Nivel de dureza: 8. A partir de ahora habrá que gestionar fuerzas. Saber donde andar y en que lugar apretar. Es todo estrategia. No hay que dar puntada sin hilo si no quieres pincharte y acabar antes de tiempo.

La segunda y tercera vuelta las invierto en marcarme parciales. 7 minutos el principio de la subida por el camino. 20 al llegar a Gessa. En 36 minutos debo pasar por el puente colgante y en unos 44 llegar a meta. De esta manera voy sabiendo si estoy llevando un ritmo correcto y además, tengo 15 minutos para descansar.

El tiempo fue aguantando bien hasta el final de la sexta vuelta. Ya empezaron a hacer acto de presencia las primeras gotas. De momento no les temo mucho, me aprovisiono con un chubasquero pero apenas me lo pongo. Me da mucho calor y la lluvia no es muy persistente. Llego a meta, es la hora de comer. La organización nos deleita con unos macarrones con queso y tomate que me saben a gloria bendita. Me había preparado mi propio arroz, lo guardaré para más adelante. A lo que nos preparamos para salir, la tormenta nos está esperando.

La competición cambia completamente. Me visto para la ocasión y salimos a la guerra naval. A los 5 minutos ya estoy empapado completamente. El impermeable que debía ser "el bueno", está totalmente calado. Llego al pabellón como una bayeta pasada de uso. Lo bueno de estar bajo techo es que te puedes quitar la ropa y secar el cuerpo mientras estás descansando. Si nos llega a salir el día así en la Backyard de Benabarre, hubiera sido un problema muy grande.

Disfrutando mojado

Nos pegamos 3 horas bajo un manto de agua constante. Es tontería cambiarme de ropa porque al momento iba a estar calado otra vez. Además, la bajada que da al puente colgante se ha convertido en un lodazal. Es extremadamente peligrosa. En una curva, salí recto y gracias a un árbol que me paró sino acabo en el rio. Mientras mis extremidades se van arrugando cada vez más, pido clemencia al dios Zeus. Parece que me hace caso y nos da un respiro. Dejamos chubasquero a un lado y lo cambiamos por un fino cortavientos.

En la siguiente vuelta noto dolor en mis plantas del pie. Es la misma sensación que sentí en la Ehunmilak en la que al final me tuve que retirar. Llevaba los pies tan ablandados que se me estaban empezando a agrietar. ¡PELIGRO! Por suerte, en esta modalidad tenemos la posibilidad de revertir la situación. Cambio de calcetines y zapatillas. Pies secos, pies contentos.

Cuando llevamos 9 horas de carrera (60km) empieza el modo nocturno. Es hora de que salga a jugar el factor mente. ¡Calienta que sales! Ahora es más importante el cerebro que las piernas. ¿Seré capaz de gestionarlo bien?

Con la caída del sol y el terreno en peores condiciones, los ritmos bajan. Cada vez hay menos tiempo para descansar. Voy hablando con varios compañeros para hacer las vueltas más amenas. Se ha quedado una noche muy buena. Aunque haya bajado la temperatura no es un problema. Al descansar en un sitio cerrado no te llegas a quedar frío. 

Otro de los bastiones en este tipo de competiciones es la compañía. Saber que al final de cada vuelta te está esperando una persona es indispensable. La persona que me aguantaba pacientemente a mi no podía ser mejor. Mi pareja, armada de paciencia, me recibía con una sonrisa y el más cálido de los arrumacos. El acompañante te anima, te mantiene entretenido y no te hace pensar de más. En estos lares, pensar, lo menos posible.

Nos plantamos en la catorceava vuelta (94km). Mi mente se empieza a desmoronar y lo peor de todo: Mis parte intimas. El escozor empieza a ser TOP. Llevar tantas horas mojado no está ayudando nada. Me impregno en vaselina y polvos de talco cada poco tiempo. ¡Lo intento todo! Es mi talón de Aquiles en las carreras de ultrafondo. Siempre lo sufro y no consigo encontrar la solución. ¿Algún sabio consejo en la sala?

Disfrutando del paisaje

Llegamos a la 15. Mi récord está en 17. Está tan cerca y a la vez tan lejos. Quiero pero no puedo. Me resigno. No puedo más. La que está decidida a no abandonar es mi chica. Me insiste, usa audios de mi familia para convencerme, se enfada, me hecha la bronca. Pasa por todas las fases posibles para hacerme cambiar de opinión pero yo lo tengo más que decidido. Cuando apenas quedan 2 minutos, hace la última intentona: - ¡Yo no te voy a acompañar a ver como dices que abandonas! -. Y se sienta alejada de mi. ¡Ostia, esto va en serio! - Pienso en mis adentros. Cabreado como un mono digo: - ¿Quieres que corra, pues corro? -. Me pongo los manguitos y salgo resignado a la línea de salida.

Es fundamental tener a alguien así a tu lado para no dejar que te rindas cuando sabe que aún puedes dar un poco más. También es inevitable enfadarte sin sentido. Como si fueras un niño. Llevas 15 horas corriendo sin parar y el cerebro lo tienes hecho una esponja. Es como dicen en el fútbol, lo que pasa en el campo, se queda en el campo. Fuera, todos tan amigos. En nuestro caso, fuera es todo AMOR.

Como puedo hago la vuelta 16, bajando los ritmos considerablemente y compartiendo camino con Aritz Vazquez. Después de dos experiencias en Backyard he aprendido que no todo es lo que parece. Los corredores que parecen más fuertes las primeras horas, se acaban evaporando. Por contra, los que pasan desapercibidos son los mejores estrategas y los que se llevan la gloria. Llevaba observándolo en el polideportivo y sin duda era uno de mis favoritos. A estas alturas solo quedábamos 8 en liza.

Acabo la vuelta 16 y decido sacar la bandera blanca. Me rindo. Mi pareja después de verme destrozado la hora anterior, también parece estar de acuerdo. Me he quedado a 2 horas de superar mi mejor marca. Parece poco tiempo y asumible  pero creerme, no podía más. El desnivel acumulado (3100+), la meteorología y el estado de forma me han vencido. Conmigo se retiran varios compañeros. Solo quedan cuatro. Auténticos titanes que van a luchar hasta el final mientras yo, tieso como un palo, me retiro a mis aposentos.

Al final, mi apuesta fue la correcta. Aritz se llevó la victoria con 23 vueltas. Me encanta esta modalidad por la incertidumbre del resultado. En otros deportes puedes imaginar por donde van los derroteros. Aquí todo puede pasar pero con el tiempo te vas dando cuenta de como es la mejor manera de hacerlo. Me queda mucho que aprender y por supuesto que voy a intentar seguir mejorando. Algún día llegaré a las 24 horas. Lo prometo.

Dar la enhorabuena a la organización y voluntarios. Gente muy joven y con muchas ganas. Nos han tratado de maravilla y han creado todo un carrerón. Os auguro un futuro brillante. Tenéis una zona increíble y con vuestra pasión, solo os pueden pasar cosas buenas.

Por mi parte, cierro las carreras de ultrafondo (Igual cae un 24 horas, depende si me deja mi entrenador). Empieza la dura rutina del maratón. Cada vez somos más veteranos y tenemos menos margen de mejora pero disfrutamos intentándolo. Seguiremos rascando segundos mientras podamos.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 16:00:00
Clasificación general: 5

Kilómetros realizados: 107

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA










domingo, 23 de junio de 2024

BACKYARD BENABARRE

 No hay nada más peligroso que te ofrezcan planes nuevos en un momento de euforia, sobre todo en el mundo del deporte. Una vez acabado el Maratón de Zaragoza, me encontré en los vestuarios con mi compañero Jesús. Entre risas y exceso de endorfinas, me comentó una carrera que se iba a celebrar en junio y prometía ser muy divertida. Ni corto ni perezoso, me embarqué en una nueva aventura. Una nueva disciplina: la "Backyard Benabarre".

Había oído hablar de esta nueva modalidad pero la tenía un poco alejada de mi radar. En los últimos años se ha expandido mucho por territorio nacional y hoy en día es muy popular en el mundo del Ultrafondo. Consiste en un recorrido en bucle de 6,7 kilómetros que lo debes hacer en menos de una hora. Si no lo consigues, quedas eliminado. Termina cuando un único participante puede completar el sólo por lo menos una vuelta más que los demás.

A priori parece una tarea sencilla completar 7 kilómetros en un hora. La dificultad radica en conseguir hacer las máximas horas posibles. Entra en juego mucho la estrategia. Aquí no gana el más rápido, sino el que más aguanta. Mi objetivo era completar 24 horas, planificando hacer cada recorrido en unos 45 minutos. Así tendría 15 para descansar y avituallar.

Nos presentamos en Benabarre con Jesús, Joaquín y Esteban, compañeros del Kalandrakas. Es una carrera de autosuficiencia. Nosotros nos teníamos que llevar todo lo necesario para sobrellevar las horas y la estancia. Tienda de campaña, carpa, mesas y sillas. Ya que por edad, tristemente voy dejando atrás la etapa de festivales musicales, poniéndole imaginación, era como estar en el Iboga Summer Festival. Incluso me traje el vaso para entonarme. ¡El que no se consuela es porque no quiere!

El recorrido es en un lugar privilegiado. El Parque de San Medardo. Atravesando bosque por senderos y pistas. Bonito pero exigente. Acumulamos 120 metros de desnivel en cada vuelta. Veremos como van pesando en las piernas...

Empieza la aventura. Foto del Diario de Huesca

Arranca la carrera a las 9 de la mañana bajo una gran animación.. Pongo un ritmo rápido. Esta vuelta me la voy a tomar como estudio, luego ya aflojaré ritmos. Me voy percatando de las zonas de subidas y los diferentes puntos para aprendérmelos. Me junto con Marc Fernandez, compañero de aventuras y una eminencia en el Ultrafondo español. Aprovecho para pedirle consejos de como afrontar la carrera. Me dice: - ¡Lo primero que NO tienes que hacer es lo que estamos haciendo ahora! -. Pues empezamos bien.

Acabamos la primera vuelta en 42 minutos. Nada más llegar debes tocar un cencerro para verificar tu logro. Ejecuto la acción  y rápido a mis aposentos para descansar. Son las 10 de la mañana. Hace ya bastante calor. Opto por cambiarme de camiseta. Una de tirantes, pastilla de sales, agua y a reposar.

La segunda vuelta más de lo mismo. Voy en los primeros puestos con Marc. Se que debería ir más lento pero me siento muy cómodo. Esta vez marcamos 39 minutos. ¡Creo que nos hemos pasado!

En cabeza van siempre tres atletas del Club de Atletismo Pomez Barbastro. Luego vamos variando la posición los demás compañeros pero yo en un par de veces llegué cuarto y a partir de ahí, para el speaker pasé a ser TOP4. Sin quererlo, había conseguido un nuevo mote en mi lista.

Con el gran Francesc. Speaker TOP

Las vueltas pasaban y yo seguía marcando 42 minutos como un reloj. Cambiábamos la dirección del recorrido cada vuelta, así se hacia más ameno. Yo me había marcado 3 puntos de referencia. Si pasaba por ahí en los tiempos estipulados, todo iba en orden. Se que voy muy rápido. Las grandes expertos en esta modalidad estaban marcando parciales de 52 minutos. Soy consciente pero también creo que estaba más cómodo a ritmos más ligeros. Me hubiera saturado ir más lento. O eso creía yo.

En la vuelta 7 me entró un antojo irrefrenable. Hacia mucho calor y solo pensaba en eso. Nada más tocar el cencerro me fui directo a un bar que habían montado los estudiantes de Benabarre. Cervecita con limón bien fría y a descansar. ¡Me sentó de maravilla! Me prometí que si llegaba a la vuelta 10, me iba a auto regalar una cerveza normal. 

Cuando volvimos a salir, con el sol apretando y el reseco de la cerveza, llevaba la boca fatal. Igual no había sido tan buena idea. Vale que me quiera creer que estoy en un festival pero tampoco me tengo que venir arriba. A partir de ahora, me llevaré un bidón de agua en mano para ir refrescándome por el camino.

A estas alturas de la carrera, la participación había caído en picado. De los 170 que empezamos, solo quedaríamos unos 30. Mis compañeros Joaquín y Esteban también habían caído en combate. Habían pasado en un momento de atletas a ayudantes y yo que lo agradecí. La ayuda en estas carreras me voy dando cuenta que es indispensable. Llegar y tenerlo todo preparado es un aval muy importante para que tu solo te dediques a no gastar fuerzas. Yo solía tener 16 minutos. Parecen mucho pero entre pitos y flautas, se pasan volando. Descansar, lo que es descansar, poquito.

Al principio somos muchos...

Llegamos a la vuelta 12. Un punto de inflexión. Se deciden retirar bastantes participantes, entre ellos, mi compañero Jesús y los 3 atletas que iban todo el rato primeros. Eso significa que me quedo yo a la cabeza del pelotón. Tenemos que coger el frontal debido a que son las 9 de la noche. Dentro de poco empezará a anochecer. Es la últimas vuelta que hacemos por el recorrido original. Después, solo iremos por pista para evitar accidentes. Consigo acabar en primera posición. Ya se que no significa nada pero siempre hace ilusión.

La noche va cayendo y con ello la animación tanto en la zona de corredores, como la fiesta interior. Los kilómetros van pesando. Ahora nos toca hacer un trayecto de ida por pista y volver por el mismo sitio. Ante la soledad, siempre viene bien cruzarte con otros compañeros. Vuelvo a acabar primero y sigo manteniendo los parciales de 42 minutos.

El problema ahora radica en los descansos. Empieza a bajar la temperatura. Cuanto más tiempo estás parado, el cuerpo se enfría más. Otra vez caigo en la misma discusión interna. Ya se que podría ir más lento para paliar dicho inconveniente pero el cuerpo me pide ir "ligero". No se actuar de otra forma. De momento me funciona. ¡Vivamos el presente!

Cuando consigo llegar a la vuelta número 15, mis compañeros ya se han ido a la cama pero aparece Miren para suplirles. Como he dicho, la compañía es fundamental. Pese a la compañía, la noche hace estragos en mi. El frío, las rozaduras y lo más difícil de gestionar, la mente, están volviéndose un problema. Intento no pensar. Ser un autómata. Me dirijo a meta como el que va al paredón. Cuenta atrás y volver a empezar.

Acabo la vuelta 16. Por la noche siempre vamos en cabeza 3 compañeros. Nos vamos intercambiando las posiciones. Compartimos algunas palabras pero aquí la guerra es interna. Ya estoy hablando demasiado conmigo mismo. Introspección total. Acabo primero esta vuelta.

La vuelta 17 transcurre por los mismos derroteros. Escozor máximo en las zonas intimas y cerebro desquebrajándose. Sin embargo, sigo manteniendo los parciales. De físico voy bien. De todo lo demás, para reciclar. Al llegar a meta me obsequian con una longaniza de Benabarre. En cada vuelta hacían un sorteo de productos de la zona y después de 17 horas, por fin había sido el agraciado. A estas alturas, quedábamos 14.

Tenía 13 minutos para descansar, para pensar en mi futuro más inmediato. El regalo había sido un soplo de aire fresco pero mi mente estaba decidida a tirar la toalla. Me decía: - Aguanta hasta que seas TOP 10 y ya te retiras -. Enseguida cambiaba de opinión. No tenía lógica seguir. Miren me animaba a seguir pero con la prudencia de estar hablando con un guiñapo que no puede con su vida y empieza a desvariar.

Al final, sobran las palabras...

Avisan de que faltan 3 minutos para emprender la marcha. Quedan 2 minutos. 1 minuto. Me dirijo a meta. 3, 2, 1 y salimos. Al metro me detengo y digo a Germán, el organizador, que mi aventura acaba aquí. Es como Gran Hermano pero no hace falta que me haya echado la audiencia. Abandono yo. Me fastidia no avanzar más. No quedar entre los 10 primeros pero mi mente ha decidido. Fantaseaba con que el amanecer me diera energías renovadas pero aún quedaban 4 horas.

No puedo estar contento porque me había planteado aguantar un día. No ha podido ser. Igual era muy ambicioso sin saber donde me estaba metiendo. La noche me ha rematado. Igual si hubiéramos empezado a las 21:00, quitándonos las horas nocturnas al principio, la aventura tendría otro final. No lo sé. Es muy fácil hablar a toro pasado. Me quedo con lo positivo de haber descubierto la BACKYARD. Una modalidad que me ha encantado. Me ha puesto es su sitio, me ha derrotado pero no se como , salgo enamorado. ¡En los asuntos del corazón, no hay regla de dos!

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 17:00:00
Clasificación general: 11

Kilómetros realizados: 115

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA













jueves, 16 de mayo de 2024

CAMPEONATO DE ESPAÑA 100KM

Acabada la preparación maratoniana, tocaba dar un pasito más. Ampliar zancada y kilómetros. Nada mejor que rematando la temporada en el "Campeonato de España de 100km".

Este año se celebraba en Sotillo de la Adrada (Ávila). Después de participar en las últimas ediciones de Santander y con resultados en caída libre, me apetecía un cambio de aires. Resetear y volver a ilusionarme con esta modalidad. Las condiciones, a priori, parecían las mejores. Muy cerca de mi última maratón, con lo que podía aprovechar entrenos y estado de forma. Además de una mejor climatología.

Por contra, el último mes en el que mi intención era aumentar kilómetros y bajar calidad, al final desembocó en un pequeño caos. Un laberinto de turnos de trabajo, poco entreno y una semana antes de la competición: Un crucero. Como podéis imaginar, los excesos camparon a sus anchas sobre aguas internacionales. 

Con una mezcla rara de ilusión y tranquilidad me presenté en la localidad abulense. Consciente del tramo final tan errático que he llevado pero confiado en mis posibilidades al cien por cien. 

El día se presentaba bastante caluroso. Por suerte, empezábamos a las 7:30. Las primeras horas serían benevolas con nosotros. Luego ya se verá. En la zona de salida, todo bien preparado en las mesas. Geles, hidratos e isotónicos serían mi dieta durante las próximas horas. Para proporcionármelos, los mejores asistentes que uno puede tener, mis padres. Siempre al pie del cañón.

Encerrados en el redil. Foto del Campeonato

Recalcar que el recorrido es igual que en Santander. 20 vueltas a un trazado de 5 kilómetros donde ya nos avisan que es exigente. ¿Tampoco será para tanto no?

Empieza la carrera y todo el mundo sale como si estuviéramos en una 5k. En realidad es así, con la diferencia de que lo debemos hacer 20 veces. Mi intención es ir a ritmo de 4:25 pero los primeros compases salen más rápido. Me dejo llevar por la manada.

Ya en el kilómetro 2 me encuentro con la parte dura del trazado, una cuesta bastante pronunciada que esta vez la hago sin problemas. Ya os contaré dentro de unas horas. Después una larga bajada por zona de sombra muy cómoda y con el suelo recién asfaltado (Lo tuvieron que hacer por la celebración del Mundial la temporada pasada). Cuando llegamos al final del circuito, unos cambios de dirección un poco bruscos y otra subida, esta vez menos exigente. Acabamos con una bajada con mucho desnivel donde sin querer te pones a ritmos muy rápidos y salimos al inicio. 

Una vez analizado el recorrido que vamos a tener que hacer, mi primera impresión es positiva. Hay muchas bajadas para descansar y subir el ritmo. A la segunda vez que lo hago, voy cambiando de opinión. Las bajadas ya no me parecen buena idea, prefiero las subidas. A la tercera, Ya no me gusta ni una ni la otra. ¡Quiero llano!

Con este devenir de sentimientos, va avanzando la mañana. Como siempre, me cuesta entrar en calor pero a la hora ya me empiezo a encontrar bien. Sigo a un ritmo de 4:20 bastante cómodo pero soy consciente de que la batalla acaba de empezar.

Preparando los neumáticos 

No consigo hacer grupeta con nadie. Voy haciendo la goma con Estefanía Unzu y Jessica Tipan. En las subidas adelanto yo y en las bajadas se me escapan. Al final, un trazado con tanto desnivel, es imposible llevar un ritmo constante y cada atleta se desenvuelve mejor en una zona. Entre tanto, me encuentro con mi gran mentor en estas lides, Javier Lozano. Hablamos un poco y me adelanto. Me dice: - Dosifica que queda mucho -. Sus palabras resuenan en mi cabeza con cierto aroma a profecía.

Cuando ya llevamos 3 horas de competición, las zonas de sombra que disfrutábamos al pasar por la arboleda, se habían esfumado. La placida mañana se estaba convirtiendo en un hervidero. Por suerte, en mitad del recorrido había un avituallamiento de agua donde poder refrescarse.

Nos acercábamos al ecuador de la carrera y todo iba bien. El sol ya hacía mella en mi pero no en mi piel. Si llevas como asistente a tu madre, te aseguro que no te dejará empezar una competición sin antes ponerte crema solar. ¡No te va a faltar de nada!

Pasado los 45 kilómetros, como si de una película de M. Night Shyamalan se tratase, aparece un giro de guion que nadie se esperaba. En el fondo, yo si lo esperaba pero no quería verlo. Mis piernas ya no funcionan. La subida antes mencionada ahora mismo me parece el Annapurna. Las bajadas, una tortura para los cuadriceps y los giros, besos envenenados en mis tobillos.

El hombre del mazo observándome

Bajo el ritmo considerablemente, algunos kilómetros caen a 5. Mi cabeza, la gran aliada en estas distancias, decide volverse contra mi. Empiezo a tener sentimientos negativos: ¡Ya no voy a poder mejorar marca! ¡Para que voy a seguir sufriendo! ¡No puedo con este calor! Todo este cocktail cerebral acaba en un desenlace esperado: Me retiro en el kilómetro 55.

No se que me pasa con esta modalidad. Hay un momento en el que empiezo a sufrir y no se darle la vuelta a la tortilla. Mi mente se desquebraja y opto por la solución fácil. Se que mi cuerpo hubiera podido seguir. ¿Qué no hubiera conseguido hacer los objetivos marcados? Seguramente no pero si estaba en condiciones de seguir y acabar, incluso con una buena marca y optar a medallas.

Es cierto que la única vez que he conseguido acabar fue en la edición de Santander 2021. En ese momento hice una preparación especifica solo para esa carrera. Con un volumen muy alto de kilómetros y un número de semanas estudiadas. El resultado no pudo ser mejor. Las siguientes, he confiado en alargar temporada y esperar que lo entrenado con anterioridad me fuera suficiente. El resultado no puede ser peor. Y ya van 3, vivo en el día de la marmota y no aprendo.

Tengo que hacer un pensamiento. Entrenar mi mente para poder superar ciertas situaciones o darme por vencido y aceptar que no es mi modalidad. Buscaré una solución pero de momento toca hacer borrón y cuenta nueva. Toca irse a la montaña. Toca buscar retos diferentes. TOCA DISFRUTAR.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 04:02:14
Clasificación general: Retirado

Kilómetros realizados: 55

                                               BANDA SONORA DE LA CARRERA