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jueves, 26 de septiembre de 2024

BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN

 Así como quien no quiere la cosa, después de un verano más que movidito, llegó septiembre. Mi radar se volvió a activar y busqué algún lugar donde llenar mi vacío competitivo. Navegando por la red, navegando en internet, navegando yo, te encontré: BACKYARD INFINITE RACE VAL D'ARAN.

Voy a empezar la temporada como acabe la siguiente. Dando vueltas en un recorrido de 6,7 kilómetros hasta que no pueda más. Viajamos desde la Backyard de Benabarre hasta la de Val D'Aran y tiro porque me toca.

En junio me quedé totalmente enamorado de esta desconocida modalidad deportiva para mi. Fue muy exigente, dejándome totalmente exhausto, derrotado y llegando al límite pero como esto de sufrir nos encanta, solo pensaba en volver a repetir. 

Viajé con mi pareja a la pequeña localidad de Salardú del pirineo catalán. Un lugar mágico. La primera impresión es que era un marco incomparable para realizar la carrera. Rodeados de verde, montañas y con un aroma a libertad espectacular.

Las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas. Se esperaban muchas lluvias. De momento, amanecíamos encapotados pero secos. Lo que viene a ser las mejores condiciones para correr. A ver cuanto nos dura...

La organización pone el polideportivo como zona de operaciones. En este lugar se encuentra tanto la zona de salida y meta, como el avituallamiento y la zona de descanso personal. Después de dejarme todo mi material minuciosamente organizado, ya estoy listo para empezar. Lo reconozco, tengo un toc con el orden pero si veo todo en su sitio, mi mente estará más tranquila y por ende, mi cuerpo responderá mejor.

A las 9 da comienzo la aventura. Como siempre, me dejo llevar por la emoción y pongo un ritmo alto siguiendo al primer corredor. Me digo que esta vuelta será de reconocimiento y luego ya iremos ajustando los tiempos. Nada más empezar me doy cuenta que no va a ser un día nada fácil. Salimos directamente subiendo una cuesta por el pueblo para desembocar en otra aún más exigente, ya pisando camino. Volvemos a Salardú y de ahí una rápida bajada hasta el vecino pueblo de Unha. Lo cruzamos siempre en ligero ascenso para salir a un camino que nos unirá con la tercera localidad: Gessa. Aquí daremos unas vueltas por sus calles para cerciorarnos de su belleza para volver al pueblo inicial. En la mencionada Salardú cruzaremos un bosque con bajada trepidante y puente colgante incluido. Llegaremos al parking del polideportivo. Con la miel en los labios, nos desvían para hacer un último bucle por su casco histórico y por fin, llegamos a meta.

Disfrutando. Fotos de la Organización

Primera vuelta completada en unos 40 minutos. Ponemos nota. Nivel de dureza: 8. A partir de ahora habrá que gestionar fuerzas. Saber donde andar y en que lugar apretar. Es todo estrategia. No hay que dar puntada sin hilo si no quieres pincharte y acabar antes de tiempo.

La segunda y tercera vuelta las invierto en marcarme parciales. 7 minutos el principio de la subida por el camino. 20 al llegar a Gessa. En 36 minutos debo pasar por el puente colgante y en unos 44 llegar a meta. De esta manera voy sabiendo si estoy llevando un ritmo correcto y además, tengo 15 minutos para descansar.

El tiempo fue aguantando bien hasta el final de la sexta vuelta. Ya empezaron a hacer acto de presencia las primeras gotas. De momento no les temo mucho, me aprovisiono con un chubasquero pero apenas me lo pongo. Me da mucho calor y la lluvia no es muy persistente. Llego a meta, es la hora de comer. La organización nos deleita con unos macarrones con queso y tomate que me saben a gloria bendita. Me había preparado mi propio arroz, lo guardaré para más adelante. A lo que nos preparamos para salir, la tormenta nos está esperando.

La competición cambia completamente. Me visto para la ocasión y salimos a la guerra naval. A los 5 minutos ya estoy empapado completamente. El impermeable que debía ser "el bueno", está totalmente calado. Llego al pabellón como una bayeta pasada de uso. Lo bueno de estar bajo techo es que te puedes quitar la ropa y secar el cuerpo mientras estás descansando. Si nos llega a salir el día así en la Backyard de Benabarre, hubiera sido un problema muy grande.

Disfrutando mojado

Nos pegamos 3 horas bajo un manto de agua constante. Es tontería cambiarme de ropa porque al momento iba a estar calado otra vez. Además, la bajada que da al puente colgante se ha convertido en un lodazal. Es extremadamente peligrosa. En una curva, salí recto y gracias a un árbol que me paró sino acabo en el rio. Mientras mis extremidades se van arrugando cada vez más, pido clemencia al dios Zeus. Parece que me hace caso y nos da un respiro. Dejamos chubasquero a un lado y lo cambiamos por un fino cortavientos.

En la siguiente vuelta noto dolor en mis plantas del pie. Es la misma sensación que sentí en la Ehunmilak en la que al final me tuve que retirar. Llevaba los pies tan ablandados que se me estaban empezando a agrietar. ¡PELIGRO! Por suerte, en esta modalidad tenemos la posibilidad de revertir la situación. Cambio de calcetines y zapatillas. Pies secos, pies contentos.

Cuando llevamos 9 horas de carrera (60km) empieza el modo nocturno. Es hora de que salga a jugar el factor mente. ¡Calienta que sales! Ahora es más importante el cerebro que las piernas. ¿Seré capaz de gestionarlo bien?

Con la caída del sol y el terreno en peores condiciones, los ritmos bajan. Cada vez hay menos tiempo para descansar. Voy hablando con varios compañeros para hacer las vueltas más amenas. Se ha quedado una noche muy buena. Aunque haya bajado la temperatura no es un problema. Al descansar en un sitio cerrado no te llegas a quedar frío. 

Otro de los bastiones en este tipo de competiciones es la compañía. Saber que al final de cada vuelta te está esperando una persona es indispensable. La persona que me aguantaba pacientemente a mi no podía ser mejor. Mi pareja, armada de paciencia, me recibía con una sonrisa y el más cálido de los arrumacos. El acompañante te anima, te mantiene entretenido y no te hace pensar de más. En estos lares, pensar, lo menos posible.

Nos plantamos en la catorceava vuelta (94km). Mi mente se empieza a desmoronar y lo peor de todo: Mis parte intimas. El escozor empieza a ser TOP. Llevar tantas horas mojado no está ayudando nada. Me impregno en vaselina y polvos de talco cada poco tiempo. ¡Lo intento todo! Es mi talón de Aquiles en las carreras de ultrafondo. Siempre lo sufro y no consigo encontrar la solución. ¿Algún sabio consejo en la sala?

Disfrutando del paisaje

Llegamos a la 15. Mi récord está en 17. Está tan cerca y a la vez tan lejos. Quiero pero no puedo. Me resigno. No puedo más. La que está decidida a no abandonar es mi chica. Me insiste, usa audios de mi familia para convencerme, se enfada, me hecha la bronca. Pasa por todas las fases posibles para hacerme cambiar de opinión pero yo lo tengo más que decidido. Cuando apenas quedan 2 minutos, hace la última intentona: - ¡Yo no te voy a acompañar a ver como dices que abandonas! -. Y se sienta alejada de mi. ¡Ostia, esto va en serio! - Pienso en mis adentros. Cabreado como un mono digo: - ¿Quieres que corra, pues corro? -. Me pongo los manguitos y salgo resignado a la línea de salida.

Es fundamental tener a alguien así a tu lado para no dejar que te rindas cuando sabe que aún puedes dar un poco más. También es inevitable enfadarte sin sentido. Como si fueras un niño. Llevas 15 horas corriendo sin parar y el cerebro lo tienes hecho una esponja. Es como dicen en el fútbol, lo que pasa en el campo, se queda en el campo. Fuera, todos tan amigos. En nuestro caso, fuera es todo AMOR.

Como puedo hago la vuelta 16, bajando los ritmos considerablemente y compartiendo camino con Aritz Vazquez. Después de dos experiencias en Backyard he aprendido que no todo es lo que parece. Los corredores que parecen más fuertes las primeras horas, se acaban evaporando. Por contra, los que pasan desapercibidos son los mejores estrategas y los que se llevan la gloria. Llevaba observándolo en el polideportivo y sin duda era uno de mis favoritos. A estas alturas solo quedábamos 8 en liza.

Acabo la vuelta 16 y decido sacar la bandera blanca. Me rindo. Mi pareja después de verme destrozado la hora anterior, también parece estar de acuerdo. Me he quedado a 2 horas de superar mi mejor marca. Parece poco tiempo y asumible  pero creerme, no podía más. El desnivel acumulado (3100+), la meteorología y el estado de forma me han vencido. Conmigo se retiran varios compañeros. Solo quedan cuatro. Auténticos titanes que van a luchar hasta el final mientras yo, tieso como un palo, me retiro a mis aposentos.

Al final, mi apuesta fue la correcta. Aritz se llevó la victoria con 23 vueltas. Me encanta esta modalidad por la incertidumbre del resultado. En otros deportes puedes imaginar por donde van los derroteros. Aquí todo puede pasar pero con el tiempo te vas dando cuenta de como es la mejor manera de hacerlo. Me queda mucho que aprender y por supuesto que voy a intentar seguir mejorando. Algún día llegaré a las 24 horas. Lo prometo.

Dar la enhorabuena a la organización y voluntarios. Gente muy joven y con muchas ganas. Nos han tratado de maravilla y han creado todo un carrerón. Os auguro un futuro brillante. Tenéis una zona increíble y con vuestra pasión, solo os pueden pasar cosas buenas.

Por mi parte, cierro las carreras de ultrafondo (Igual cae un 24 horas, depende si me deja mi entrenador). Empieza la dura rutina del maratón. Cada vez somos más veteranos y tenemos menos margen de mejora pero disfrutamos intentándolo. Seguiremos rascando segundos mientras podamos.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 16:00:00
Clasificación general: 5

Kilómetros realizados: 107

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA










domingo, 23 de junio de 2024

BACKYARD BENABARRE

 No hay nada más peligroso que te ofrezcan planes nuevos en un momento de euforia, sobre todo en el mundo del deporte. Una vez acabado el Maratón de Zaragoza, me encontré en los vestuarios con mi compañero Jesús. Entre risas y exceso de endorfinas, me comentó una carrera que se iba a celebrar en junio y prometía ser muy divertida. Ni corto ni perezoso, me embarqué en una nueva aventura. Una nueva disciplina: la "Backyard Benabarre".

Había oído hablar de esta nueva modalidad pero la tenía un poco alejada de mi radar. En los últimos años se ha expandido mucho por territorio nacional y hoy en día es muy popular en el mundo del Ultrafondo. Consiste en un recorrido en bucle de 6,7 kilómetros que lo debes hacer en menos de una hora. Si no lo consigues, quedas eliminado. Termina cuando un único participante puede completar el sólo por lo menos una vuelta más que los demás.

A priori parece una tarea sencilla completar 7 kilómetros en un hora. La dificultad radica en conseguir hacer las máximas horas posibles. Entra en juego mucho la estrategia. Aquí no gana el más rápido, sino el que más aguanta. Mi objetivo era completar 24 horas, planificando hacer cada recorrido en unos 45 minutos. Así tendría 15 para descansar y avituallar.

Nos presentamos en Benabarre con Jesús, Joaquín y Esteban, compañeros del Kalandrakas. Es una carrera de autosuficiencia. Nosotros nos teníamos que llevar todo lo necesario para sobrellevar las horas y la estancia. Tienda de campaña, carpa, mesas y sillas. Ya que por edad, tristemente voy dejando atrás la etapa de festivales musicales, poniéndole imaginación, era como estar en el Iboga Summer Festival. Incluso me traje el vaso para entonarme. ¡El que no se consuela es porque no quiere!

El recorrido es en un lugar privilegiado. El Parque de San Medardo. Atravesando bosque por senderos y pistas. Bonito pero exigente. Acumulamos 120 metros de desnivel en cada vuelta. Veremos como van pesando en las piernas...

Empieza la aventura. Foto del Diario de Huesca

Arranca la carrera a las 9 de la mañana bajo una gran animación.. Pongo un ritmo rápido. Esta vuelta me la voy a tomar como estudio, luego ya aflojaré ritmos. Me voy percatando de las zonas de subidas y los diferentes puntos para aprendérmelos. Me junto con Marc Fernandez, compañero de aventuras y una eminencia en el Ultrafondo español. Aprovecho para pedirle consejos de como afrontar la carrera. Me dice: - ¡Lo primero que NO tienes que hacer es lo que estamos haciendo ahora! -. Pues empezamos bien.

Acabamos la primera vuelta en 42 minutos. Nada más llegar debes tocar un cencerro para verificar tu logro. Ejecuto la acción  y rápido a mis aposentos para descansar. Son las 10 de la mañana. Hace ya bastante calor. Opto por cambiarme de camiseta. Una de tirantes, pastilla de sales, agua y a reposar.

La segunda vuelta más de lo mismo. Voy en los primeros puestos con Marc. Se que debería ir más lento pero me siento muy cómodo. Esta vez marcamos 39 minutos. ¡Creo que nos hemos pasado!

En cabeza van siempre tres atletas del Club de Atletismo Pomez Barbastro. Luego vamos variando la posición los demás compañeros pero yo en un par de veces llegué cuarto y a partir de ahí, para el speaker pasé a ser TOP4. Sin quererlo, había conseguido un nuevo mote en mi lista.

Con el gran Francesc. Speaker TOP

Las vueltas pasaban y yo seguía marcando 42 minutos como un reloj. Cambiábamos la dirección del recorrido cada vuelta, así se hacia más ameno. Yo me había marcado 3 puntos de referencia. Si pasaba por ahí en los tiempos estipulados, todo iba en orden. Se que voy muy rápido. Las grandes expertos en esta modalidad estaban marcando parciales de 52 minutos. Soy consciente pero también creo que estaba más cómodo a ritmos más ligeros. Me hubiera saturado ir más lento. O eso creía yo.

En la vuelta 7 me entró un antojo irrefrenable. Hacia mucho calor y solo pensaba en eso. Nada más tocar el cencerro me fui directo a un bar que habían montado los estudiantes de Benabarre. Cervecita con limón bien fría y a descansar. ¡Me sentó de maravilla! Me prometí que si llegaba a la vuelta 10, me iba a auto regalar una cerveza normal. 

Cuando volvimos a salir, con el sol apretando y el reseco de la cerveza, llevaba la boca fatal. Igual no había sido tan buena idea. Vale que me quiera creer que estoy en un festival pero tampoco me tengo que venir arriba. A partir de ahora, me llevaré un bidón de agua en mano para ir refrescándome por el camino.

A estas alturas de la carrera, la participación había caído en picado. De los 170 que empezamos, solo quedaríamos unos 30. Mis compañeros Joaquín y Esteban también habían caído en combate. Habían pasado en un momento de atletas a ayudantes y yo que lo agradecí. La ayuda en estas carreras me voy dando cuenta que es indispensable. Llegar y tenerlo todo preparado es un aval muy importante para que tu solo te dediques a no gastar fuerzas. Yo solía tener 16 minutos. Parecen mucho pero entre pitos y flautas, se pasan volando. Descansar, lo que es descansar, poquito.

Al principio somos muchos...

Llegamos a la vuelta 12. Un punto de inflexión. Se deciden retirar bastantes participantes, entre ellos, mi compañero Jesús y los 3 atletas que iban todo el rato primeros. Eso significa que me quedo yo a la cabeza del pelotón. Tenemos que coger el frontal debido a que son las 9 de la noche. Dentro de poco empezará a anochecer. Es la últimas vuelta que hacemos por el recorrido original. Después, solo iremos por pista para evitar accidentes. Consigo acabar en primera posición. Ya se que no significa nada pero siempre hace ilusión.

La noche va cayendo y con ello la animación tanto en la zona de corredores, como la fiesta interior. Los kilómetros van pesando. Ahora nos toca hacer un trayecto de ida por pista y volver por el mismo sitio. Ante la soledad, siempre viene bien cruzarte con otros compañeros. Vuelvo a acabar primero y sigo manteniendo los parciales de 42 minutos.

El problema ahora radica en los descansos. Empieza a bajar la temperatura. Cuanto más tiempo estás parado, el cuerpo se enfría más. Otra vez caigo en la misma discusión interna. Ya se que podría ir más lento para paliar dicho inconveniente pero el cuerpo me pide ir "ligero". No se actuar de otra forma. De momento me funciona. ¡Vivamos el presente!

Cuando consigo llegar a la vuelta número 15, mis compañeros ya se han ido a la cama pero aparece Miren para suplirles. Como he dicho, la compañía es fundamental. Pese a la compañía, la noche hace estragos en mi. El frío, las rozaduras y lo más difícil de gestionar, la mente, están volviéndose un problema. Intento no pensar. Ser un autómata. Me dirijo a meta como el que va al paredón. Cuenta atrás y volver a empezar.

Acabo la vuelta 16. Por la noche siempre vamos en cabeza 3 compañeros. Nos vamos intercambiando las posiciones. Compartimos algunas palabras pero aquí la guerra es interna. Ya estoy hablando demasiado conmigo mismo. Introspección total. Acabo primero esta vuelta.

La vuelta 17 transcurre por los mismos derroteros. Escozor máximo en las zonas intimas y cerebro desquebrajándose. Sin embargo, sigo manteniendo los parciales. De físico voy bien. De todo lo demás, para reciclar. Al llegar a meta me obsequian con una longaniza de Benabarre. En cada vuelta hacían un sorteo de productos de la zona y después de 17 horas, por fin había sido el agraciado. A estas alturas, quedábamos 14.

Tenía 13 minutos para descansar, para pensar en mi futuro más inmediato. El regalo había sido un soplo de aire fresco pero mi mente estaba decidida a tirar la toalla. Me decía: - Aguanta hasta que seas TOP 10 y ya te retiras -. Enseguida cambiaba de opinión. No tenía lógica seguir. Miren me animaba a seguir pero con la prudencia de estar hablando con un guiñapo que no puede con su vida y empieza a desvariar.

Al final, sobran las palabras...

Avisan de que faltan 3 minutos para emprender la marcha. Quedan 2 minutos. 1 minuto. Me dirijo a meta. 3, 2, 1 y salimos. Al metro me detengo y digo a Germán, el organizador, que mi aventura acaba aquí. Es como Gran Hermano pero no hace falta que me haya echado la audiencia. Abandono yo. Me fastidia no avanzar más. No quedar entre los 10 primeros pero mi mente ha decidido. Fantaseaba con que el amanecer me diera energías renovadas pero aún quedaban 4 horas.

No puedo estar contento porque me había planteado aguantar un día. No ha podido ser. Igual era muy ambicioso sin saber donde me estaba metiendo. La noche me ha rematado. Igual si hubiéramos empezado a las 21:00, quitándonos las horas nocturnas al principio, la aventura tendría otro final. No lo sé. Es muy fácil hablar a toro pasado. Me quedo con lo positivo de haber descubierto la BACKYARD. Una modalidad que me ha encantado. Me ha puesto es su sitio, me ha derrotado pero no se como , salgo enamorado. ¡En los asuntos del corazón, no hay regla de dos!

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 17:00:00
Clasificación general: 11

Kilómetros realizados: 115

                                              BANDA SONORA DE LA CARRERA













lunes, 25 de septiembre de 2023

TOR DES GEANTS (330km 24000 D+)

 Ya casi desvanecida en el tiempo y en mi memoria estaba una inscripción que hice en 2020, en tiempos de pandemia. Como todos recordamos, el mundo se paralizó y con ello, la competición. Nos dieron un plazo de 3 años para poder volver a participar. Sin quererlo, habíamos consumido dicho tiempo. No tenía escusa. Tenía que ir al TOR DES GEANTS. 

Tenía todo un verano por delante para mentalizarme y sobre todo, para entrenar. Pasó el tiempo y al final de la época estival, seguía sin ser consciente de donde me metía y la acumulación de kilómetros había sido más bien escasa. Como el que va a una 10k, yo partía hacia los Alpes...

Una vez en tierra italianas, con mi compañero Rober, estábamos a escasas horas de afrontar 330 kilómetros por el valle de Aosta. Para completar esta aventura tendremos 150 horas.

No suelo ser una persona que se ponga nerviosa. Aquí tampoco, igual por la ignorancia en la que me hallaba. Con esa venda en los ojos empezó la carrera. Aquí las bolsas de vida son cada 50 kilómetros y entre medio tienes diferentes avituallamiento donde comer o dormir. Vallamos por partes: 

  • Courmayeur - Valgrisenche (48km 3750 D+)

Arrancamos recorriendo las calles del pueblo entre multitud de aplausos y sonidos de cencerros. Ya casi sin darnos cuenta, afrontamos la primera subida. 1500 metros de desnivel positivo para abrir boca. Más que cualquier subida que haya entrenado este verano. ¡Empezamos bien! 

Debido al buen tiempo y la frescura de piernas, hago cumbre asombrado por la exigencia pero cómodo. Bajamos hasta la Thulie y enseguida vuelve el ascenso. Tras 1400 metros de desnivel, coronas Col Passo Alto (2856m). Esto se pone serio.

Tras un empinado descenso de 2km y 500 D-, aparece un cartel de información sobre la próxima subida: Col de la Crosalie, 550 D+. -¡Que bien en comparación a los otros dos! ¡Un respiro! - Pienso ingenuamente. Nada más empezar ya se intuyen unas zetas interminables. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, esto no se acaba. No sé si la información estaba mal o se me está empezando a atragantar la cosa. 

Al hacer cumbre, toca ponerse el dorsal y sin más dilación, vamos hacia la primera base de vida. Desde Planaval hay un pequeño tramo donde disfruto por primera vez. Varios kilómetros por un bosque paralelo al río donde trotar tranquilamente y mentalizarse de lo que está pasando y lo que queda por pasar...

  • Valgrisenche - Cogne (54km 4137 D+)
En la base de vida nos lo tomamos con relativa calma, comemos bien, llamamos a España y abrigarnos un poco, solo añado unos manguitos. Además, cojo los bastones que tenía guardados en la bolsa. Nunca uso pero en esta aventura es más que obligatorio si no quieres morir en el intento.

Siguiente destino: Col Fenetre (2843m). Poco a poco vamos ascendiendo. Ya me he mentalizado que me tengo que ir acostumbrando a que los desniveles superen los 1000 metros. Siempre asociamos esta faceta a lo duro en una carrera de montaña. Discrepo. Una vez coronado el punto más alto, nos toca afrontar 5 kilómetros de vertiginosa bajada, descendiendo 1200 metros. ¡Esto si que es duro! Un "rompepiernas" donde las rodillas piden clemencia. Las bajadas no son muy técnicas pero son tan empinadas que parece que el tiempo se congele. No avanzas.

Llegamos a Rhemes-Notre Dame por pura inercia, plato de pasta y a seguir en modo bucle. otros 1200 D+ hasta Col Entrelor (3004m). En este tramo empiezan mis primeros momentos de frustración. ¡Esto no se acaba nunca! ¡No puedo más! Además, por la noche se magnifica. Debido a la oscuridad, no ves lo que queda pero si lo intuyes. Ves la luz de los frontales a lo lejos...muy a lo lejos y aún hace más dura la subida.

Postureo pero triste

Último tramo, piedras, agarres de vía ferrata y al fin, la cima. Nada más coronar veo a una compañera vomitando por el esfuerzo. No me extraña. Afrontamos la bajada con el mayor de los desagrados. Lo estoy pasando muy mal. Ahora mismo todo es negativo. Llego a Eaux Rousses (78km) con la firme convicción de abandonar. Tengo una discusión conmigo mismo y decido parar a dormir.

Mi primera impresión es surrealista total. Una carpa con 10 camillas ocupadas por atletas o cadáveres, no me quedó muy claro. Esperé a que alguien se levantase y allí que me tumbé yo. Tapones, cinta en los ojos y a dormir una hora. Mis divagaciones no me permiten conciliar el sueño y a los 40 minutos salí de aquel lugar. Por lo menos mis piernas habrán descansado.

Ahora tocaba ir al punto más alto de la carrera: Col Loson (3294m). 12 kilómetros en los que los primeros los voy haciendo muy cómodo siguiendo a un inquietante corredor que se llama Giorgio Maquiavelo. Por mi parte, había recuperado alegría y fuerzas. Incluso las ganas de estar aquí. Llegamos a una zona donde hay unas casas forestales y al girar descubrimos un valle que me deja enamorado. ¡Que hermosura! estos paisajes son otro nivel. Recalcar que llevamos 90km y 9000 D+. Una autentica barbaridad.

Según nos acercamos a la cima, la cosa se complica. Llegados a un punto pedregoso me encuentro con unos voluntarios y una corredora en el suelo. Se había producido un derrumbe y estaba afectada. Le había dañado la pierna. Mientras sigo avanzando, llegó el helicóptero de rescate que se las vio y las deseo para poder acceder al lugar. Al final todo salió bien.

Descenso muy fácil hasta el refugio Vittorio Sella donde me encuentro a mi compañero Rober. Decidimos afrontar la bajada juntos hasta la siguiente base de vida. En cuanto el terreno se complica, se me escapa. Rocas gigantes con las que soñaré varios días que me van mermando la moral. Ahora si que si. Decido abandonar. Vale la broma. Llamo a mi novia para contárselo. Como ya me conoce lo dramático que soy, me anima a que me duche, descanse y que después de todo eso, vuelva a preguntarme si quiero abandonar...

  • Cogne - Donnas (47km 1383 D+)
Como alumno aplicado que soy, hago todo lo que me dice menos dormir. Intento hacerlo pero no lo consigo. Mi mente no está por la labor. Salgo del camastro, aviso a Rober y emprendemos la marcha. Lo de abandonar lo dejamos para más adelante.

Los primeros kilómetros van pasando amenos mientras conversamos. Rober y yo nos complementamos bien. Hablamos pero lo justo, sin agobios. Todo fluye. Se va acercando el anochecer antes de afrontar la subida al Col Finestra di Champorcher (2826m) 

Nos ponemos el frontal y esperamos comer algo en el refugio Sogno pero para nuestra sorpresa, está cerrado. Tiro de barrita y para arriba. Inesperadamente, este ascenso lo disfruto. ¡La primera vez! Algo está cambiando en mi interior. Empezamos a descender y nos vuelve a pasar lo mismo. El refugio Miserin también está cerrado y eso no ayuda psicológicamente. Por fin llegamos a Dondena (125km). Aquí Rober se para a dormir. Yo me noto fresco y opto por seguir.

Nuestros víveres apilados...

Me pongo los cascos y acompañado de música, hago el descenso con una sensación de plenitud inmensa. ¡Me alegro de estar aquí! Los estados de ánimo en el Tor des Geants son igual de inestables como el perfil de carrera. Voy por una zona de praderas con gigantes piedras que me recuerda a Castroviejo, cerca de mi pueblo Vinuesa. Todo esto, mientras suena en mis oídos "America" de Nino Bravo. ¡Un momento tan mágico como peculiar!

El descenso de 20 kilómetros hasta Donnas del que tan mal me habían hablado, yo lo estoy disfrutando. Es más, echo en falta que fuera de día. Yo soy un enamorado de recorrer pueblecitos y en esta zona atravesamos varios, tanto habitados como abandonados. No los puedo degustar en todo su esplendor. Llegamos a Pont Bosset (140km). Hasta ahora le doy mi premio a pueblo favorito. ¡Que bonito! Antes de llegar a la base de vida tendrás un repecho que te pilla de sorpresa y una empinada y bonita calle que recorrer de principio a fin en la localidad de Bard.

  • Donnas - Gressoney (51km 4584D+)
Llego a la base de vida sobre las 5 de la mañana. Decido dormir y ya salir cuando sea de día. Otra vez no lo consigo. El calor no me deja esta vez. Aprovecho el tiempo en curarme un poco los pies y cambiar de zapatillas. Me encuentro a Rober, lleva un vía crucis con las ampollas y está curándole la podóloga. 

El siguiente tramo donde nos mete la organización es un bello ascenso donde subirás entre 100 y un millón de escaleras de piedra, no me acuerdo muy bien. Entre medias, pasas por el avituallamiento de Perloz (156km) donde degustar zumo de naranja natural y por otras pequeñas localidades de cuyo nombre no me acuerdo. Todas ellas acondicionadas con fuentes gigantes. en esta zona tienen el agua por castigo. Hay más fuentes que personas. En cada una de ellas voy echando tragos que sacian mi sed. El calor es asfisiante.

Vamos dejando las casas atrás pero seguimos subiendo, ahora solo por naturaleza hasta el Refugio de Coda (167km). En 18 kilómetros hemos subido 2800 metros de desnivel. ¡Nada más!

Semejante esfuerzo lo curamos a base de pizza y focaccia. Aquí la manera de olvidar las penas es gracias a los avituallamientos. Pasta, queso, embutido, dulces y caldo se encargan de ello.

Destrozado pero contento

Seguimos nuestro camino y mientras deambulamos por una zona muy irregular, nos empieza a llover. Toca sacar el chubasquero. El tramo en que nos encontramos no es nada agradable. La lluvia tampoco ayuda. Llego al refugio de Barma bajo de moral. Decido dormir una hora. Es la primera vez que soy consciente de haber dormido, aún con todo, me levanto antes de tiempo. Salgo al salón y ahí está Rober. Me tomo un plato de polenta que me maravilla, al igual que el refugio. Mi favorito hasta ahora. Nos abrigamos y salimos pese a la lluvia, no queda otra...

A partir de este momento y según va cayendo la noche, el infierno se acerca. La oscuridad se cierne sobre mi. Pese a nuestros intentos de llegar a tiempo, con caída incluida, nos tenemos que poner el frontal antes de llegar al avituallamiento del Lago Chiaro. Degustamos unos embutidos que son de otro nivel. Rober y yo damos buena cuenta de ello dejando los platos bien relucientes. Aquí la jefa es la señora Antonia, una pena no coincidir justo en uno de sus famosos platos.

Al salir empieza la penitencia. Este tramo se nos hace eterno. No llegas a hacer grandes desniveles pero es un terreno muy poco agradecido. No te permite avanzar. Todo lleno de rocas resbaladizas. Le tenemos que sumar el frío y la intensidad de la noche. Para más inri, mi compañero se está quedando literalmente dormido mientras corremos. En una de esas desconexiones cerebrales, se tropezó y acabó su cuerpo en el suelo y su bastón en unos matorrales. Nos preocupamos, mejor descansar cinco minutos aunque sea en un piedra. 

Se acabó el descanso, seguimos con ganas de que aparezca el avituallamiento pero éste no aparece. Vueltas y vueltas y nada. Vemos unas luces a lo lejos pero no es. Yo ya no se si son alucinaciones, mala hostia o ganas de acabar con todo. Después de mucho jurar al vacío, llegamos a Niel (191km).  Descalabro total. Si pudiera, hubiera abandonado aquí mismo. Otra vez más. Pedimos dormir 2 horas y nos llevan a una tienda de campaña. Todo muy bien organizado pero lo único que consigo hacer es dar vueltas en el camastro. Envidio aquellos que roncan plácidamente.

Salimos con más pena que gloria hacia la siguiente base de vida. Mientras ascendemos al Colle Lazoney (2394m) nos empieza a llover un poco. A los minutos la lluvia es más intensa y a lo que nos queremos dar cuenta, estamos empapados y tiritando de frío. Corremos lo más rápido posible para llegar al siguiente refugio. Desesperación. Al final, divisamos una luz a lo lejos. Es el avituallamiento de Ober Loo. Entramos y eso parece "Salvar al soldado Ryan". Soldados envueltos en mantas. Otros dormidos sobre la mesa. Los más inquietos, abrazando un tazón de caldo. Todo esto en un silencio implacable.

Nos hacemos un hueco entre ellos y esperamos las palabras mágicas: - ¡Ha dejado de llover! -. Nos abrigamos con lo seco que nos queda en la mochila y partimos hasta Gressoney (204km). Hemos sobrevivido.

  • Gressoney - Valtournenche (36km 2749 D+)
Hemos sobrepasado el kilómetro 200 y toca un merecido descanso. Ducha y a la cama. Aprovechando que voy a descansar en una colchoneta gigante de escalada, opto por no ponerme despertador. Que mi cuerpo desconecte lo que necesite

Pasadas 2 horas empiezo a remolonear. Mi mente pide movimiento. Me reclino.  Parece que mi cuerpo no opina lo mismo pero obedece a regañadientes. Guardo todo en la bolsa. A estas alturas es una tarea harta complicada. Como algo y 5 horas después salgo a la calle.

Voy andando tranquilamente por las calles del pueblo. Una larga recta de 2 kilómetros. Fantaseo con una frase que me dijo Rober: -Si sales de Gressoney, acabas seguro -. Cuando la carretera se inclina empiezo a notar algo raro. Que ligero que voy...¡Los bastones! Pues nada, vuelta a la base de vida. Lo peor de todo, no será la última vez...

Nuestro hotel 5 estrellas...

Pese al contratiempo, me siento lleno de energía. Subo Alpenzu feliz de la vida. Siguiente parada: Col Pinter (2781m). Subimos bajo una ligera lluvia pero no me importa. Estoy disfrutando. Parece que pasar los 200km me ha cambiado el chip.  Me prometo a mi mismo no volver a quejarme sin una razón de peso. La ascensión se me hace muy amena. ¡Incluso la bajada! Hay una zona complicada de cuerdas, piedras y bastante expuesto. Me parece hasta divertido.

Seguimos bajando por verdes praderas y atravesando pueblos que apunto en mi memoria para volver algún día. En un momento dado, me encuentro el camino ocupado por ganado. Espero pacientemente a que pasen mientras un hombre me instiga a que cruce, que no pasa nada. Todo esto, mientras 2 toros intentar montar a sus respectivas compañeras. No sé. Decido esperar.

Llegamos a Champoluc (220km). Reponemos los víveres y seguimos la ascensión. Es sorprendente lo bien que me encuentro. Llegó al refugio Grand Tournalin (2551m). Hago sonar los cencerros bajo una inmensa sonrisa. A la salida toca volver a ponerse el frontal. En este tramo podemos coleccionar varias cimas sin apenas esfuerzo (Col de Nannaz y Col des Fontaines) y seguidamente a por la penúltima base de vida. 

  • Valotournenche - Ollomont (47km 3404 D+)
Llego bastante entero pero decido dormir. Es la tercera noche y habré dormido solo 4 horas. Me tumbo en los odiados camastros. La historia se vuelve a repetir. No consigo dormir. Salgo cabizbajo y retoma la marcha. Veo a Rober, será nuestro último encuentro...

Mientras avanzo, estoy pensando en la falta de sueño que llevo. Me pregunto si me puede repercutir mucho. Creo un drama donde no lo hay y al llegar al refugio de Barmasse (242km) solo pienso en dormir. Dos horas por favor. Paso un poco de frío pero descanso bien. Es la primera vez que me llama el voluntario sin adelantarme yo a la hora propuesta. ¡Que alegría!

Salgo con energías renovadas pero enseguida vuelve el drama. Esta vez real. Me entra un sueño atroz. Busco soluciones. Me pongo música, canto, salto, me doy bofetadas pero nada funciona. Diviso el avituallamiento Bivacco Vareton. Veo la luz. Pienso que ayudará a espabilarme. Nada más lejos de la realidad. Emprendo la marcha y a los minutos vuelve Morfeo a por mi. Para colmo, voy bordeando un desfiladero. Noto que las rodillas ya no responden. Se bloquean. Piden clemencia. Me asusto y me siento en una piedra. Formo un ovillo con mi cuerpo y cierro los ojos. Dejo la luz del frontal encendida a modo de alarma. Al poco tiempo ,no sé cuanto pasó, abro los ojos y me levanto. Hemos conseguido recargar la batería corporal un porcentaje pequeño pero suficiente para continuar.

Con sueño pero contento

El esperado amanecer llega. Seguimos avanzando pensando en dormir. El refugio la Magia lo desecho ya que las camas están en el mismo comedor. Tendremos que esperar al siguiente. Entre medias y con el sol a pleno rendimiento, decido echar otra "minisiesta". Esta vez sin temer por mi vida, me tumbo en una pradera.

Repuesto de nuevo, empiezo el ascenso. Me veo muy fuerte pero al llegar al refugio Di Cuney (2655m) opto por dormir una hora. Voy a ser precavido. El sitio me parece espectacular y consigo descansar algo. Punto positivo para este refugio.

En el siguiente tramo coronarás Col de Chabaly (2684m) y Col de Vessonaz (2787m). Para ser sincero, no tengo gran recuerdo de esta zona. Poco más puedo aportar.

En Oyace (273km) descanso cuerpo pero no mente. Me tumbo para dar un respiro a mis maltrechas rodillas antes de afrontar la penúltima gran subida al Col Brison (2519m). Esto me anima. Casi lo hemos conseguido.

Pese a la lluvia, asciendo con entusiasmo y la bajada con calma total.  No es el momento de una torcedura inesperada. Sigo avanzando siguiendo las balizas y al llegar a un poblado, las marcas desaparecen. Me he perdido. Doy vueltas por todos lados y ni rastro de señales hasta que al fondo de un sendero veo un conjunto de banderines. Llego y para sorpresa, hay hacia las dos direcciones. ¿Qué hago? Tengo miedo de haberme saltado un punto de control. Ante la duda de si subir o bajar, mi cuerpo lo tiene claro. Opto por las señales que me hacen descender. Por fortuna, a los pocos minutos llego a Berrio Damon (285km) Les cuento mi altercado. Me dicen que las culpables son las vacas. Se ve que se cansan de su dieta única en hierba y de vez en cuando se les antoja comerse unos banderines.

  • Ollomont - Courmayer  (47km 2905 D+)
Después del tenso final, llego a Ollomont y paro a descansar. 1 hora. Como ya es habitual, se vuelve a repetir la situación y los camastros no me dejan conciliar el sueño. Salgo al comedor y como si de un restaurante se tratase, elijo mi plato favorito sobre un menú de 10 opciones: "Pasta al pomodoro".

Salgo del pabellón con más pena que gloria. Hace frío y tengo sueño. Empezamos a ascender por una pista muy cómoda. Se avanza rápido. Enseguida un cruce brusco a la izquierda y el desnivel se encrudece. Hay que tirar de riñón hasta llegar al refugio Letey Champillon (290km) Pregunto sobre el siguiente punto donde poder dormir y me dicen que son 15 kilómetros. Los sopeso más o menos 30 segundos y pido descansar una hora. No antes sin degustar el mejor "brodo" de la carrera. Premio a los voluntarios más simpáticos.

A la hora me levanto pero oigo un ruido intenso que proviene del exterior. ¡Está lloviendo a cantaros! Me vuelvo a la cama hasta que dejo de escucharlo. He dormido mas o menos mal, lo esperado pero toca seguir, otro compañero está solicitando cama y es hora de dar el relevo.

Empieza la subida bajo una intensa oscuridad. Delante de mi hay un corredor francés. Me pregunta si se hablar su idioma. Le contesto con una negativa. Le llego a entender que le da igual que yo solo hable así no se duerme. Y así pasaron los siguientes minutos, yo hablando español, el francés. No nos enteramos de nada pero combatimos el sueño.

Achicharrado pero contento

Me da pena y me siento medio culpable pero es que el compañero va muy lento y al final el que me estoy durmiendo soy yo. Para combatirlo decido correr, es un terreno propicio y hay que aprovechar. Para darle más epicidad  a mi huida, empieza a caer una intensa lluvia. Le sumamos la niebla y la visibilidad es nula. No se ve más allá de un metro. A donde llega la luz del frontal.

Se hace interminable la bajada y el frío empieza a ser importante hasta que por fin llego a Ponteille (297km). Abro la puerta y hay 4 voluntarios mayores en su salsa. Haciendo salchichas, gambas, patatas asadas. Se les ve felices. No me da la misma impresión los corredores. Todos mojados, con mantas y dormidos sobre las mesas. Se les ve derrotados. Interesante mezcla.

Yo me uno a los segundos. Me escondo bajo una manta y dejo pasar los minutos. Mente en blanco y desconexión. Es mejor no pensar en la situación. Cuando amaina la lluvia, salgo al exterior y a seguir la marcha. Empieza un descenso por pista muy rápido. Se intuye que es muy cómodo pero el agua no ayuda. Yo creo que la noche sumado a la concentración que debes llevar para no caerte, provoca somnolencia en el cuerpo humano. Todos, incluido yo, nos vamos quedando dormidos mientras corremos. Algunos prefieren sentarse en un ribazo pese a seguir lloviendo. Yo me dejo llevar por la inercia de la bajada.

Llegamos a Saint Rhemy (305km) y pido dormir una hora. Espero que la última en esta aventura. Me llevan a los sótanos de una iglesia y me dejan ahí frente a mi camastro. Esta vez es más grande. Me tumbo y lo siguiente que recuerdo es el voluntario llamándome. ¡He conseguido dormir bien! Por lo menos me voy con un buen sabor de boca.

Toca afrontar la última ascensión, el mítico Col Malatra (2920m). Debido al frío, lo empiezo con toda la ropa puesta, chubasquero, pantalón impermeable y térmica pero a los pocos minutos ya me sobra todo. Es de día y eso se nota. Me desnudo y en busca del Refugio Frassati (316km). la Hora dormida a pleno rendimiento me ha sentado fenomenal. Subo con una alegría inusitada pese a mis 300 kilómetros en las piernas. Voy adelantando corredores gracias a mi ascenso trotón. No muy rápido pero constante.

Llegamos al refugio, reponemos un poco y enseguida emprendo el camino. Solo me quedan 2 kilómetros para hacer cumbre. Se está poniendo niebla. No se puede contemplar las vistas privilegiadas en las que nos debemos hallar. Metros antes de llegar, se oyen aplausos, levanto la mirada y ahí están, junto al voluntario, unas bonitas cuerdas donde agarrarte. Son el preámbulo antes de coronar el último escollo. Ahora dicen que es todo bajar hasta meta...

La niebla no deja ver el valle que tenemos enfrente. Solo tienes la opción de agachar la mirada fija al suelo y descender. En tu mente ya piensas que lo tienes, solo es dejarte llevar, sin ningún tipo de prisa hasta el avituallamiento de Entre Deux Sauts (322km). Cojo mi último trozo de queso y salgo a paso relajado.

Mientras divago en todo lo vivido durante estos 5 días me empiezan a adelantar corredores. De repente les ha entrado las prisas. ¿No tienen suficiente ya? Me siento mal. No voy a ser el único en andar. Me pongo a correr como si no hubiera un mañana, persiguiéndoles. Vamos bordeando una montaña en un continuo sube y baja. Nada exigente pero a estas alturas parece el Tourmalet. Hay un momento dado que ya se me empieza a hacer bola. Saco la bandera blanca y me pongo a andar hasta llegar hasta el último, ahora si, avituallamiento.

Ya solo queda bajar. Trote suave pero con mucho cuidado. No la podemos liar ahora. Mientras desciendo empiezo a oír unos gritos a mi espalda. Efectivamente, me había vuelto a dejar los bastones. 

Acaba la naturaleza, entramos en el pueblo y según toco asfalto me pongo a correr a ritmo de 5k, o eso sentí yo. Volando y con una sonrisa más grande que mis ojeras, entre a la recta final, crucé el arco y grite con todas mis fuerzas. Alcé los bastones al aire como si de William Wallace se tratase. Una felicidad inmensa invadió mi cuerpo. Ya no notaba nada de fatiga. Se había esfumado.

Contento, muy contento

Al final la aventura ha durado 122 horas. Muchos altibajos mentales, paralelos al recorrido que íbamos haciendo. Siendo sinceros, creo que he sufrido más que disfrutado pero como siempre nos pasa en estas situaciones, una vez conseguido, todo compensa. 

Es increíble el poder de superación que tiene la mente y cuerpo humano. Antes de la carrera no era consciente de donde me metía. Durante toda la carrera, mi pensamiento constante era que no lo iba a conseguir. Al final de la carrera pienso que puedo con esto y mucho más. ¡Podemos hacer lo que nos propongamos! Solo hace falta pasión y RASMIA.


Como colofón final vamos a dar los PREMIOS DE LA ACADEMIA:
  • Mejor Refugio: Refugio de Barma
  • Mejor Avituallamiento: La señora Antonia en el Lago Chiaro
  • Mejor Ascensión: Col Pinter
  • Ascensión más odiable: Col de la Crosalie
  • Pueblo más bonito: Pont Bosset

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 122:41:16
Clasificación: 181
Desnivel Acumulado: 29608


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jueves, 22 de junio de 2023

VINUESADA (191KM 2357 D+)

Esta historia tiene su comienzo en la Navidad del 2021. Estábamos charlando animadamente sobre mis aventuras deportivas y mi cuñado puso sobre la mesa la siguiente propuesta: - A ti que te gustan los retos locos ¿Por qué no vas corriendo hasta tu pueblo? -. Así surgió la VINUESADA.

2 años después se hacía realidad. Buscamos la fecha ideal y creamos el mejor recorrido posible. Ya estábamos listos. Por delante me esperaban 188 kilómetros a cubrir en unas 27 horas.

Salí a las 8 de la mañana desde mi propia casa, en Zaragoza. A estas horas el día ya era caluroso. Nos esperaba una jornada muy exigente. Tardé casi 8 kilómetros hasta que salí del bullicio de la ciudad y alcancé la ribera del canal, cruzando el polígono Plaza y aeropuerto.. Los minutos pasaban rápidos y amenos. Es curioso lo que me entretengo yo solo. Disfruto mucho de la soledad mientras corro. Además, como en el Camino de Santiago, voy encontrándome frutales por el camino con los que poder avituallarme.

En el kilómetro 30 llego a Bárboles, las temperaturas son muy altas y me sumerjo debajo de una fuente. Hago un video para las redes sociales y enseguida prosigo el camino. Aún estoy fresco. No quiero parar demasiado.

El siguiente tramo consta de 22 kilómetros hasta la localidad de Pozuelo de Aragón. Sin duda, esta fue la peor parte. Deambulábamos por tierras áridas, sin ninguna sombra y solo acompañado por gigantes molinos de viento. El calor era sofocante. Intentaba correr pero enseguida me subían las pulsaciones y tenía que parar. Un golpe de calor estaba rondando en el ambiente. Paraba cuidado con el agua. Intentaba dosificarla pero estaba siendo agotador. Por fin divisé las casas y desesperado, me arrastré hasta la fuente más próxima. Me dolía la cabeza. No tenía fuerzas. Mis padres estaban esperándome como refuerzo y al verme, su preocupación fue máxima. Abandonar hubiera sido la opción más lógica....¡NO PARA MI!

A puntito de caramelo...

Bajo la atónita mirada de mi madre, me puse en pie y proseguí la ruta. Lo que me consolaba era que solo me separaban 10 kilómetros hasta mi próximo avituallamiento. Ni aún así conseguí llegar. Al pasar por Bureta vi otra fuente y me abracé a ella como el oso a la miel. Inmerso en un limbo mental, un gritó me despertó. Era mi amigo Iván. Había venido a ver si estaba vivo. ¡Por los pelos no lo consigue!

Su presencia me anima a seguir y llegar a Ainzón. A estas alturas, llevo 2 horas de retraso. Junto a mis padres decidimos hacer una ingesta solida. Macarrones y sandía. ¡Que gran acierto! Creo que había llegado con la reserva puesta. Con energías renovadas, vuelvo a correr. Ahora tengo 8 kilómetros por un sendero muy agradable hasta llegar a Bulbuente. Alejarme de la carretera también ayuda a mi mente.

En esta localidad se me antoja una bebida energética. Medio litro que bebo como si fuera un chupito. El subidón es ipso facto y acelero el ritmo. Estoy corriendo hasta cuesta arriba. Quien me ha visto y quien me ve. Hace 2 horas estaba arrastrándome y ahora me siento fresco como una lechuga. El cuerpo humano es tan peculiar...

Nos adentrábamos en la zona del Moncayo. Los repechos son constantes. En este tramo íbamos a hacer casi la totalidad del desnivel acumulado. Menos mal que me pilló con fuerzas. A 5 kilómetros de San Martín me estaba esperando Iván con la bici. Iba a llevarme por un trayecto más asequible y yo que lo agradecí. Al llegar al pueblo me estaba esperando mi familia al completo. El animo es otro. Lo decido celebrar con una jarra de cerveza. ¡Que me quiten lo bailado! Hemos llegado al ecuador de la carrera y eso ya es un logro en sí.

La soledad...

Se está haciendo de noche. Toca ponerse el frontal y otro compañero, Diego, va a hacerme de liebre unos 4 kilómetros. Vamos a coger un atajo atravesando el monte. ¡Como disfruto de un poco de senda! Me deja en una pista dirección Aldehuela, dándome unas indicaciones para desembocar en Fuentes de Agreda.

Cuando llego ya es noche cerrada, un pequeño avituallamiento y seguimos. Tengo que aprovechar el hype. Nos vamos acercando a Matalebreras guiados por las llamativas luces de neón que iluminan su entrada. ¿Qué serán...😉? Este punto del camino es muy importante. Dispongo de una casa. Me ducho, cambio de ropa y vuelvo a comer hidratos. Son las 2 de la madrugada y emprendo el viaje bajo la triste mirada de mi madre. Posteriormente me enteré que lloró a mi partida- ¡No te preocupes, tu mejor que nadie sabes lo bien que me desenvuelvo en la noche!

Estamos en tierras sorianas, eso se nota. Me pongo térmica y corta vientos. Llegados a este punto, le pasan el testigo de asistente a mi chica. Cada 2 horas me llamará para cerciorarse que estoy en pie y entretenerme. También me han puesto un seguimiento GPS por Google para tenerme vigilado en todo momento.

Lo que no quieren ver es que a mi la noche me encanta. Disfruto de cada paso. Es cuando llevo un ritmo más rápido. Físicamente me encuentro perfecto. Por otro lado, también tengo que luchar contra el sueño. Cuando la carretera se inclina, tengo que andar. Noto que me voy quedando dormido mientras avanzo. Solo se me pasa si empiezo a correr. Una lucha constante contra Morfeo. Otra de las curiosidades de la noche son la cantidad de ruidos que te acompañan. Constantemente estoy despertando animales a mi paso y su posterior espantada. A mi también me asusta pero la sensación se asemeja a cuando estás viendo una película de terror. Pasas miedo pero te gusta. Yo salgo corriendo al oír un ruido pero disfruto con ello.

La familia. Fundamental

El Espino, Suellacabras, Narros. Voy pasando bonitos pero fantasmales pueblos. En mi divagar mental, pienso que en cualquier momento me voy a cruzar con una localidad en fiestas pero no tuve esa suerte.

Se hacen las 6 de la mañana mientras nos acercábamos a Almajano. Con el amanecer, al fin pongo cara a mis acompañantes nocturnos. Los corzos inundan los campos repletos de amapolas. A la altura de Renieblas me espera mi cuñado con el desayuno. Bebida energética y bocadillo de fuet. Patricia, mi nutricionista, estará orgullosa.

Estamos en Garray. Llevamos ya 156 kilómetros y uno de los mejores momentos del recorrido. ¡Veo el primer cartel de VINUESA! Mi sueño está cada vez más cerca.

Que poco dura la alegría en casa del pobre. Mi felicidad se vio truncada en cuanto empecé a correr por la carretera que me llevaba a Hinojosa. Una interminable recta acompañada de un calor sofocante. Solo la sombra de las marquesinas ofrecían un pequeño alivio. Cuando conseguí llegar casi me da una sobrehidratación en la fuente.

Solo me quedaba el escollo de Vilviestre y tras un bonito sendero entre pinos, aparecí en la presa del embalse de la Cuerda del Pozo. Ahí me esperaban mi prima Julia, José, Victor y Roque que me acompañarían andando los últimos 8 kilómetros. Aunque iba bien escoltado, esta parte se me hizo bola. Cuanto más cerca ves el objetivo, más se suele atragantar. Tan cerca y tan lejos a la vez.

A la altura del polígono empecé a ver las primeras pancartas de animo y seguidamente el aplauso de los primeros vecinos. Con ellos estaban mis familiares y...¡SORPRESA! Mi chica. Había venido de extranjis. Que ilusión. Esto si que no me lo esperaba. Me cambio de camiseta y me aseo un poco. He preparado un vermú en la plaza con mis amigos y no quiero ahuyentarles con mi olor a tigre.

Me dirijo hacia allí y cuando me meto en la calle principal ya empiezan los vítores por parte de los vecinos que me voy cruzando. Me animan a que vaya corriendo. Espoleado por sus palabras, acelero el ritmo y empiezo a escuchar música. - ¡Que raro! ¿Qué será? -. me pregunto. Al afrontar la subida a la plaza diviso un cartel gigante a lo lejos. Empiezo a leer: E...L...G...A...R....¡El Garibol! Es mi peña, junto a la charanga y muchos vecinos. Mis amigos con camisetas conmemorativas y todos aplaudiendo fervorosamente. 

Mi otra familia

Estoy estupefacto. No creo lo que estoy viendo. Como un animal desorientado cruzo un...¡ARCO DE META! y ahí me está esperando mi prima. Flores, fotos, abrazos, una placa conmemorativa del ayuntamiento, regalos, un manteo a lo ganador...Es un sueño. Todo el pueblo unido y esperándome a mi. No doy crédito. Acierto seguro si digo que es uno de los días más bonitos de mi vida.

Lo he conseguido. Después de 29 horas y 191 kilómetros, he llegado a mi pueblo corriendo. Todo sufrimiento ha merecido la pena después del recibimiento con el que me han obsequiado. La frase quien tiene un pueblo, tiene un tesoro tiene mucha más relevancia cuando se habla de VINUESA.

¡Inolvidable!

Gracias a todos. Familiares, peña el Garibol, los niños del colegio que ya los considero mis pequeños atletas, amigos y todos aquellos que me acompañaron en este reto. Recalcar sobre todo el trabajo impecable de mi familia que me han ayudado a lo largo de todo el recorrido y que pese a estar "acojonados", no han dejado de apoyarme. A mi novia que hizo un gran esfuerzo para escaparse a verme y ver en sus propios ojos el amor eterno que siento por VINUESA.

Por último nombrar a 2 de las personas más importantes de mi vida. Mis tíos. Me da mucha rabia que mi tío Adolfo no haya podido disfrutar de este momento y llorar conmigo a moco tendido pero estoy seguro que estaría super orgulloso. ¡Hoy este reto también va por ti!

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 29:07:16
Kilómetros: 191
Desnivel Acumulado: 2357

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domingo, 11 de septiembre de 2022

DESAFÍO URBIÓN (37km 2500 D+)

Septiembre es un mes crítico en mi temporada deportiva. Suelo colgar las zapatillas a principio de julio y a partir de ahí, doy rienda suelta al descontrol. Festivales, rutas domingueras y fiestas varias son mis compañeras de viaje. Este año prometí hacer una preparación adecuada para llegar en buenas condiciones a una carrera que llevaba tiempo en mi cabeza pero siempre acababa posponiendo: Desafío Urbión.

La realidad fue bien distinta. No puedes poner diques al mar ni cambiar a Tricas en verano. Todo se volvió a repetir como en años anteriores y cuando la cosa no se podía torcer más, pusieron ese mismo fin de semana el festival Vive Latino en mi ciudad, ya os podéis imaginar quien anduvo por ahí....y al día siguiente: ¡Camino a Soria!

Desafío Urbión es una carrera que se celebra en Covaleda y pasa por lugares tan emblemáticos como la laguna Negra, los picos de Urbión o el nacimiento del rio Duero. 37 kilómetros de pura y salvaje montaña.

Me conozco el terreno y sé que el principio es muy exigente. 6 kilómetros de continua subida hasta el refugio del Muchachón. La mejor estrategia es guardar fuerzas. Queda mucho por delante. Sin embargo, como dijo Labordeta: - ¡A la mierda! -. Subo a todo lo que da el motor corriendo constantemente. Conclusión: a la hora de carrera ya me quiero morir.

Concentrado. Fotos de Desafío Urbión

Por suerte, amig@s de Vinuesa me animan a ritmo de cencerro y grito pelado. Afronto la siguiente subida con algo más de moral. Chino chano, llegamos a una zona de lagunas preciosa. Un sitio donde disfrutar y a la vez reflexionar. Se están secando a un ritmo alarmante y es por culpa nuestra. ¿Cuándo vamos a empezar a actuar?

En el kilómetro 12 llegamos a la joya de la corona. Después de una bajada técnica pero corta, aparece la laguna Negra. Si vas, disfrútala. Yo solo quería irme a casa. En cambio, lo que me esperaba era la subida al Zurraquín. Dejas a un lado la laguna y te vas adentrando en la maleza hasta llegar a una salvaje subida. Aquí sería más conveniente cambiar el verbo correr por el de trepar.

¿No querías cimas? Pues toma otra. Nos vamos hacia el pico Urbión (2228m). El techo de la carrera. A estas alturas ya decido dejar de sufrir y doy paso al domingueo. Lo voy a disfrutar, el crono es lo de menos. Voy a fluir como el Duero.

Sonreír por no llorar...

Venía a esta cita con problemas físicos. Mi glúteo izquierdo quería seguir de fiesta y se reveló. Intenté remediarlo en el fisio a base de corrientes la semana anterior. Al principio del recorrido todo iba bien pero según fueron pasando los minutos la nada, paso a molestias y llegado a Paules Altas (22km), el dolor ya era latente. Más aún en las bajadas y ahora me tocaba 5 kilómetros de descenso. ¡Pobre de mi culito!

Me adelantaban por todos lados. Me sentía Moussambani en Sidney 2000. Estaba deseando que llegará la próxima subida. Así no sentiría dolor. El último regalo que nos tenía preparado la organización era un exigente trazado de 2 kilómetros por un hayedo con 300 metros de desnivel positivo. Estaba deseando este terreno pero ahora que había llegado, ya no lo quería.....¡Ya no quería nada!

Al finalizar la subida te esperaban unos cencerros como colofón final. Una especie de señal que te decía, si has llegado hasta aquí, los has conseguido amigo. Los hice sonar desesperadamente y afronté la última bajada hasta desembocar en Covaleda. Ahí me estaban esperando mis primas para entrar juntos en meta. Nada más acabar me decían: - ¡Se te ve cansado primo! -. ¡No os lo podéis ni imaginar!

Con mis fans

Pese al calvario físico, he disfrutado muchísimo corriendo por mi querido pueblo y sus increíbles paisajes. Es un terreno que no te dejará indiferente. No lo dudes y ven en 2023, yo te dejo mi hueco. La organización impecable pero todo es más fácil cuando un pueblo entero se vuelca. ¡Que grandes sois! Además, para acabar la experiencia pinariega, nos deleitaron con un avituallamiento final nunca visto. Una autentica locura.

Ha sido una gran terapia de choque para dejar atrás el verano y volver a reiniciar una temporada deportiva que promete ser muy ilusionante. Poco a poco iré mejorando hasta encontrar mi mejor versión. Eso si, para ello deben dejar de programar festivales....


¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 05:56:44
Clasificación general: 101


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