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lunes, 29 de noviembre de 2021

MARATÓN DE SAN SEBASTIÁN

 Han sido meses muy complicados para los eventos deportivos pero poco a poco todo va volviendo a la normalidad. Las pruebas van reapareciendo en el calendario y en esta última parte del año se han aglomerado muchas en las ciudades más importantes. En principio no tenía pensado participar en ninguna de ellas pero un día recibí una llamada y no pude decir que no a tan suculenta oferta: Ser liebre del Maratón de San Sebastián. 

En 2019 ya pude ejercer dicha función. Las cosas no salieron tan bien como me hubiera gustado por diferentes motivos (Aquí os dejo mi primera experiencia en el Maratón de San Sebastián). Era la oportunidad de resarcirme.

Mi misión era liebre de SUB3. Una responsabilidad muy grande. Como ya sabéis, popularmente se dice que bajar de 3 horas en maratón es como subir en escalafón en esto del deporte popular. Llevaba varios años sin entrenar a los ritmos exigidos en estas lindes. Además, estoy preparando la prueba de ultrafondo 24 horas de Can Dragó y la preparación es totalmente diferente. Las dudas eran bastante palpables pero me agarré a mi experiencia y a algo que nunca falla: Cruzar los dedos.

Respaldados por los guerreros

Me presenté en Donostia con mi fiel compañero Lorenzo (Una liebre con solera) y Fran, nuevo adicto a esto de la distancia reina. Ya de camino en coche tuvimos que lidiar con un temporal de nieve y una vez llegamos a la capital, la lluvia fue una compañera inseparable. Se avecinaba una carrera épica.

Minutos antes de la salida, el agua caía ferozmente mientras las liebres nos resguardábamos en el esplendido estadio de Anoeta (Reale Arena). Con arenga incluida en manos de Josetxo, manos unidas, grito de guerra y salir al ruedo. 

Me puse en el cajón correspondiente con mi compañero Alberto. Es un corredor bastante veterano y conocido en la ciudad así que no podía estar mejor respaldado. Nos ponemos la mochila a la espalda con el banderín ondeante. 3, 2, 1 y a correr. Enseguida cogemos el ritmo deseado (4:15) pero al cabo de los pocos minutos estoy notando una molestia en la espalda. Algo me está rozando. Decido intentar arreglarlo pero lo que consigo es romper la mochila. Primer contratiempo. Decido coger el banderín con la mano y emular a Osaka en los Juegos Olímpicos de Tokio. Eso si, lo suyo fueron unos pocos metros y a mi me quedan 40 kilómetros.

Concentración antes de la batalla

La primera parte de la carrera voy muy concentrado. Con muchas dudas de poder ejercer bien mi trabajo porque siento las piernas muy pesadas. Me entran muchas dudas, además, estamos llevando un ritmo un poco más alto de lo normal (Unos 3 segundos por kilómetro). A la hora de carrera empezó a caer chuzos de punta. Nos hubiera venido muy bien llevar unos limpiaparabrisas en la cabeza. Además, la parte de la playa de la Zurriola el viento era intenso. Imaginaros la situación con mi banderín en la mano. Un mezcla de epicidad y club de la comedia.

Según me fui encontrando con viejos conocidos como Luis y Javi, mi confianza fue creciendo y con ello, se fueron disipando las dudas. Pasamos la media en 01:29:17. Habíamos conseguido unos 40 segundos de colchón para la parte final. Me hubiera gustado haber ajustado mejor los tiempos pero con la climatología que nos acompañaba, mantener un ritmo continuo se antoja más complicado. Lo siento por los corredores a los que les haya podido influir negativamente.

Pasado el ecuador, mi compañero se cambió por Ibon. Piernas nuevas para acompañar a las mías. Aunque a estas alturas, me sentía bastante seguro de todo. Siempre me cuesta entrar en calor. Ahora era cuando mejor me encontraba.

Ajustamos mejor los tiempos aunque el clima seguía siendo bastante desfavorable. Al volver a pasar por Zurriola, el banderín de mi compañero se lo llevó el viento. No podíamos tener más infortunios.....o si.

Con respecto al grupo, seguía bastante compacto. Es una gozada llevar a tantos corredores. En mis anteriores experiencias de liebre tanto en San Sebastián como Pamplona, el número de componentes era bastante más escueto. Es una motivación más el poder llevar a tanta gente a conseguir sus objetivos.

Una vez que volvíamos a pasar la avenida de Tolosa, sabemos que solo es girar y ya es todo tramo favorable hasta la meta. Justo cuando pasábamos por el túnel, la guinda final al pastel. A mi compañero Ibon, que me había relevado en llevar el banderín con la mano, se le cayó al suelo. Pensé: -¡Que ahí se pudra! -. Me arrepentí en el momento, retrocedí y lo rescaté. No os podéis imaginar lo que cuesta agacharse en una situación así. Un pequeño sofoco en forma de sprint y vuelta al grupo. 

Serpiente Multicolor. Fotos del Diario Vasco
Serpiente Multicolor. Fotos del Diario Vasco

Cuando pasábamos por la Concha, decidimos separarnos. Ibon se puso al frente con los participantes que estaban más fuertes y yo me descolgué para quedarme con los que iban con las fuerzas más justas. Aquí es cuando las piernas empiezan a fallar. Se por experiencia propia que cuando te vas descolgando del grupo, los segundos empiezan a caer como una losa. Este es el momento de poner todo lo que tienes en tu mano e intentar que no se hundan. 

La verdad es que todos se comportaron como unos titanes y aguantaron hasta el final. Apretando los dientes y con la mente fría, consiguieron bajar de 3 horas. Me siento muy orgulloso de todos ellos, como no se rindieron y superando todas las adversidades que el día nos había deparado. ¡Sois muy grandes!

Por mi parte, una experiencia increíble. Empecé con muchas dudas y respeto pero se fueron disipando conforme pasaban los kilómetros y veía tanta gente detrás de mi. Es una autentica gozada. Como corredor siempre había admirado el trabajo de las liebres (La de veces que hasta me han empujado para que no me rindiera) y el vivirlo desde el otro prisma es aún más emocionante.

Espero poder ejercer esta función en otras muchas competiciones y seguir disfrutando de este magnifico deporte como es el atletismo.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 02:59:10
Clasificación general: 228

Participantes finalistas: 1007

                                                      BANDA SONORA DE LA CARRERA




   


domingo, 1 de agosto de 2021

Etapa 1: San Sebastián - Bolibar (75km)

 Fiel a mi cita anual con el CAMINO DE SANTIAGO, emprendo una nueva aventura. El año pasado finalicé el Francés así que había que buscar nuevos horizontes. Con todos los días que había podido conseguir de vacaciones y por las maravillas que me habían hablado, opté por hacer el Camino del Norte.

Tenía muchas ganas de empezar, esta parte de España es espectacular y quería conocerla en primera persona. Sigue siendo un momento difícil en cuanto al COVID. El virus sigue presente y hay que tener cuidado, no obstante, creo que actuando con cabeza no hay ningún peligro en este tipo de vacaciones.

El primer contratiempo me lo encontré nada más empezar. Todos los albergues de Irún están cerrados por lo que decidí empezar desde San Sebastián. Era la mejor combinación desde mi ciudad, Zaragoza. Llegué un lunes por la tarde y me hospedé en el "Downtown River Hostel". Gran ambiente de gente joven pero sin apenas peregrinos.

Mientras dormíamos con las ventanas abiertas por normativa Covid, empecé a escuchar un ruido constante. Alzo la cabeza y....¡Está lloviendo! Menuda forma de empezar. Opto por no alargar la espera. Si me tengo que mojar, mejor cuanto antes. Me visto, ajusto mochila, zapatillas y salimos a disfrutar del paseo de la Concha. Al principio es solo "chirimiri" pero según vamos adentrándonos en el Monte Igeldo, la lluvia empieza a arreciar. Saco mi chubasquero amarillo pollo radioactivo y me cubro con él. Curiosamente me lo compré el año pasado en la "Maratón de San Sebastián".

¡Vistas de lujo!

La ruta no es nada sencilla. Un continuo sube y baja por los montes que rodean la costa. A eso le sumamos el agua y la incomodidad de ir envuelto en un plástico. Por lo menos, siempre corres con vistas al mar.

Vas pasando por varios pueblos costero. Al ir por el monte, siempre obtienes una bella panorámica antes de adentrarte en sus calles. Orio, Zarautz, Zumaia. Sus playas están desiertas debido al clima que nos acompaña. De momento me quedo sin baño....

Mi planificación de esta primera etapa, al verse alterada por el contratiempo de Irún, fue un poco improvisada. Me quedaré a dormir en Deba. Una hora antes de llegar empecé a ver unos carteles que no me gustaron un pelo. Decía así: -Albergue de Deba cerrado temporalmente -. ¡Ups! Pues nada, habrá que seguir hasta el siguiente lugar. Markina, a 16 kilómetros. No queda otra, como dijo Rajoy a Bárcenas.......¡Se fuerte!

Lo que no sabía es que íbamos a dejar la costa y nos metíamos de lleno en la montaña. Otro cartel informativo me alertó de ello. La cosa se pone sería. Parece una carrera de trail, solo me falta el dorsal. Tener cuidado con esta zona, son muchos kilómetros sin localidades ni fuentes. Al fin llego a Markina y el albergue público está cerrado. Llamo al otro albergue que hay y...... ¡Lleno!

¡Cuidado con lo que haces!

Por lo que parece, hoy la suerte no está de mi lado. Llamo al albergue del siguiente pueblo para asegurarme que hay plazas o sino me quedo a dormir en una marquesina, no puedo más. Por suerte, si que había hueco. Otro bonus track de 5 kilómetros más hasta llegar a Bolibar. Está vez más tranquilo porque se que va a tener un final feliz. Mi salvavidas fue el "Albergue Usandi". El dueño, impecable. Me dio por teléfono todas las contraseñas para entrar y que me fuera duchando. Luego se acercaría para cobrarme. Consigo que me hagan un bocadillo en el bar del pueblo ya que había acabado muy cansado y no me apetecía cocinar. 

En el albergue había una televisión gigante, perfecto para ver la Eurocopa. Una familia de Castellón (Con la que hago muy buenas migas, son también corredores), 3 extranjeros y 2 chicos jóvenes somos los privilegiados de ver el penalti fallado por Morata. España eliminada y yo a la cama.


                                           ETAPA SIGUIENTE

miércoles, 27 de noviembre de 2019

XLII MARATÓN DE SAN SEBASTIAN

Volvemos a las andadas. Como los últimos años, mi temporada finaliza con la participación en "Ehunmilak". Esta vez con más razón, al tercer intento, por fin pude completar la prueba. La satisfacción de un trabajo bien hecho junto a la sensación de vacío que te provoca realizar una prueba de tal calibre, hizo que desconectara por completo del mundo "running". Colgué la ropa deportiva y escondí las zapatillas. Lo cambié por sandalias y ropa festivalera. A su vez, dejé de comer verdura, dando paso a embutidos y "mierdas" varias. El único eslabón que me seguía manteniendo en contacto con la vida sana era mi inscripción en "Bocineros-Deiadar Xtreme". Éste se rompió enseguida, con la suspensión de la carrera....

Fueron pasando los meses, acumulando kilos en mi mochila. Para seros sincero, necesito estos meses para desconectar. Son totalmente reconfortantes. Siempre he sido un gambitero, eso no va a cambiar. Sin darme cuenta, el comienzo de la temporada se acercaba. No era consciente pero estaba ahí: "XLII Maratón de San Sebastian".

Como buen zaragozano, mi verano no acaba hasta que finalizan las fiestas del Pilar. Ese mismo lunes me puse en contacto con Fernando, mi entrenador. -¡Mister, ya estoy disponible! ¡Que sepas que peso 7 kilos más y solo me he limitado a trotes cochineros por el parque! -. Se limito a contestar: - Me lo imaginaba, son muchos años conociéndote -. Para que cabrearse si ya sabe como me pongo. Esta misma situación se la puedo adjudicar a Patricia, mi nutricionista. Cada mes de noviembre es como empezar de cero.

Mi cometido en la maratón era hacer de liebre SUB3. Sin duda, tengo esos ritmos en las piernas pero siempre entran dudas. Mi estado físico es un interrogante. Empezamos los entrenamientos con resultados bastante discretos. Imaginaros correr con una garrafa de agua en la espalda. Decidimos apuntarnos a la carrera "Vía Verde del Tarazonica" a modo de test. Consigo llevar el ritmo de maratón sin apenas sufrir. Las sensaciones son buenas y eso ayuda a mi autoestima.


¿Quien acompaña a la liebre?

Pasaron las semanas y me presenté en San Sebastian con la mochila aún cargada con 3 kilos de más pero con los bolsillos llenos de confianza. Dar las gracias a la organización, Juan Carlos y a Lorenzo por confiar en mi para una responsabilidad tan grande como es hacer de liebre en un evento de estas características. El trato ha sido increíble durante la previa. Te sientes participe de algo grande.

El día anterior a la prueba estuvo protagonizado por vientos huracanados y lluvia constante. Incluso nos venían noticias hablando de la posible suspensión. Por suerte, el domingo dio tregua. Llovió los minutos previos pero solo para asustar.

Debido a la cantidad de participantes, se decidió poner dos liebres SUB3 separadas por un minuto. Nos juntamos los compañeros antes del pistoletazo de salida. Saludos, deseos de buena suerte, sonrisas y sin querer....un invitado inesperado en forma de contratiempo. No disponemos de globos para que nos identifiquen los atletas. Se me apoderan los nervios pero decido seguir con el plan establecido.

Se da la salida y espero un minuto para pasar por el arco. Lo único que me identifica es un dorsal ubicado en mi espalda pero con tantos participantes es difícil de divisar. Intento ir avisando a los corredores que hay a mi alrededor. En el kilómetro 4 se incorporan las bicicletas de apoyo y todo se soluciona. En mi caso, más complicado, sigo manteniendo un ritmo acorde a bajar de 3 horas pero siempre creando un pequeño colchón, así afrontaremos la segunda parte de la carrera con más garantías.

Por las circunstancias de salida, estoy ubicado como primera liebre SUB3. Mi grupo es más reducido. Enseguida tomo contacto con las personas que quieren mantener el ritmo. Otros muchos, como es normal, prefieren dosificarse ellos mismos. 


Mi pequeño grupito. fotos de Luis Peralta

Los kilómetros pasan, mis sensaciones son buenas en todo momento. Ni rastro ya de lastre veraniego. Las 2 personas con las que mantengo más contacto, también se encuentran en plenas condiciones. Tanto su ritmo como su apariencia denotan serenidad. El recorrido también ayuda a planificar la carrera. Nuestro colchón es amplio y mis acompañantes me comentan que se encuentran muy bien. Decidimos mantener el ritmo y pensar que no tenemos tiempo de reacción, así el cuerpo no se relaja.

El último escollo pasa por la playa de la Concha en el kilómetro 38. A partir de ahí, todo bajada hasta desembocar en Anoeta. Un vez allí, solo con la inercia, el ritmo sale solo. Hector, que practica triatlón, decide adelantarse, exprimir lo último que le queda. Mateo me comenta que va muy justo. Le digo que tenemos tiempo de sobra y se olvide del reloj. Está pletórico de emociones, su anterior registro es 3:15. No se cree lo que esta haciendo. Está tan ensimismado que no es consciente que va incluso más rápido de lo normal.

Cuando llegamos a la pista de atletismo, le felicito y me descuelgo. Es su momento, que lo disfrute en solitario. Cruzo la meta en 02:58:52. Más rápido de lo planteado. Siento si he podido perjudicar a alguien, las dudas iniciales hicieron que saliese un minuto antes del ritmo de 3. Una vez ahí, decidí ayudar a los que se encontraban a mi alrededor. Me quedo con la satisfacción de poder ayudar a Mateo y Hector entre otros. Su abrazo es mi mejor recompensa.

Como nota final, en San Sebastian bajé de 3 horas por primera vez en 2016. Es una bonita manera de cerrar la historia. Acabándola ayudando a conseguir los objetivos igual que hicieron conmigo al principio de esta aventura. Esta ciudad tiene un gran maratón, si el tiempo lo permite, ideal para buscar tu mejor marca personal. No lo dudes.


!Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 02:58:52
Clasificación general: 290

Participantes que acabaron: 2385

                                     BANDA SONORA DE LA CARRERA


 RECOMENDACIONES

  • Donde comer: San Sebastian es una ciudad cara pero si sabes buscar, puedes encontrar lugares más asequibles. En Bar Pello comerás bien ,abundante y a un precio razonable. Un gran descubrimiento al lado de la Concha
  • Donde dormir: La organización nos hospedó en Hotel Record. Trato inmejorable para el corredor y cerca de Kursaal.




lunes, 28 de noviembre de 2016

XXXIX Maratón de San Sebastian

Antes de nada quería empezar diciendo algo: ¡¡SOY SUB3!!. Después de varios intentos fallidos, por fin lo he conseguido y el lugar, el cual nunca se me olvidará, ha sido el XXXIX Maratón de San Sebastian. Aunque la bonita historia no empezaba de la mejor manera precisamente...

Las semanas previas a la carrera no tenía buenas sensaciones para atacar las 3 horas sobretodo por la forma en que acabé el "X Maratón de Zaragoza" y por una lesión que me tuvo parado durante 2 semanas en octubre. Pero mi percepción cambió una vez finalizada la "VIII Media Maratón de Huesca". Me sentí muy cómodo durante los 21 km, había dado "la vuelta a la tortilla" a mis pensamientos.

Me presenté en San Sebastian con Quique, compañero de ANDANDAEH, el culpable de que me inscribiera. En una de sus tantas noches de insomnio, se apuntó al maratón y buscaba pareja de aventura, ¡Como le iba a dejar solo!. Indirectamente, el tiene la culpa de que sea SUB3 así que ¡GRACIAS!.



El día de la carrera empezó de la manera más tensa posible. La organización había habilitado unos autobuses gratuitos para poder desplazarse desde diferentes puntos de la ciudad hasta la zona de salida. El nuestro salía a las 8:05 desde la zona del "Antiguo". Llegamos puntuales a la parada junto a una docena de corredores. Los minutos iban pasando y el bus no llegaba. Empezaban las primeras risas nerviosas. Al final divisamos el ansiado vehículo - buff....¡Menos mal! - resoplamos de alivio. Pero pasó de largo porque iba hasta la bandera. Las risas nerviosas se transformaron en nervios. Depositamos nuestras esperanzas en una seña que había hecho el conductor dándonos a entender que venía otro detrás. Pero esas esperanzas se desvanecieron cuando la policía nos dijo que cortaban las calles. Los nervios se transformaron en juramentos.

Eran las 8:30 y estábamos en la otra parte de la ciudad (La salida era a las 9). Algunos corredores fueron en busca de sus coches, otros de taxi. Nosotros sin coche ni dinero solo pudimos optar por una cosa....CORRER. Al final pudimos parar un bus que nos acercó hasta el Boulevard y de ahí corriendo hasta la salida. Llegamos a 10 minutos del inicio, sin tiempo para dejar la ropa de abrigo en la consigna, optamos por intentar que nos lo guardara algún establecimiento. ¡Gracias a la Pastelería Cristina por su ayuda!

Imaginaros que manera tan alocada de afrontar un maratón. Desde aquí poner un punto negativo a la organización por semejante desbarajuste a la hora de planificar el tema de los autobuses. Espero que lo solucionen para futuras ediciones.

Eran las 9 y estaba en la zona de salida. Calmé mis nervios y después de un "exigente" calentamiento, empezaba el reto. Enseguida me coloque a rebufo de la liebre de 3 horas. Los primeros kilómetros fueron realmente agobiantes. Se acumulaba mucha gente en poco espacio, con sus consiguientes codazos y tropezones. Al fin y al cabo, son 7000 personas corriendo a la vez.



Otro de los momentos más críticos era cuando se acercaba un avituallamiento. Os podéis imaginar la situación, parecía la estampida de Jumanji, gente cruzándose sin miramientos en busca de su botellín. Yo opté toda la carrera por no coger ninguno, seguir mi trayectoria y esperar que un buen samaritano compartiera su agua conmigo.

La liebre estaba haciendo un trabajo estupendo, clavaba los tiempos como si fuera un reloj. Sumado ésto al mínimo desnivel del recorrido y la perfecta climatología, hacía que los kilómetros pasaran muy cómodos.

Fijaros si estaba saliendo la carrera redonda que no empecé a sufrir hasta el 38. Pero a partir de ahí la historia cambió. Me empezaron a salir los 7 males. La respiración empezaba a ir a trompicones y la técnica de carrera pasaba a mejor vida. Mi consuelo era (O con eso me autoengañé yo) que solo quedaba bajada hasta la meta.

Apreté los dientes como nunca, deseaba tener un lazo con el que atrapar a la liebre al más puro estilo John Wayne en las películas del Oeste para que no se me escapara. Me llevaba apenas 3 metros de desventaja pero me parecían inalcanzables. Sabía que si se alejaba más, no lo iba a conseguir.

Al final, con más pundonor que fuerzas, entré en el Estadio de Anoeta junto a él. Vi a lo lejos el marcador, ponía 03:00:05. Era por encima del reto, pero no preocuparse, ese era el tiempo total. Mi marca personal fue 02.59:22. Lo había conseguido, después de 42195 km y varios intentos fallidos anteriormente, podía decir que era SUB3. Curioso, tantas horas de esfuerzo y el momento exacto en que sientes que lo has conseguido, es efímero.



Es una sensación increíble. Otro reto más, otra muesca en el cinturón. Definitivamente soy un enamorado de la distancia reina. Dar las gracias a todos mis compañeros de ANDANDAEH. Sin ellos, todos esto no sería posible. Las ganas de seguir superándote, no caer en la rutina deportiva. Buscar continuamente nuevas metas y aventuras y sobretodo, vivirlas y conseguirlas juntos. ¡Prometo invitar a la primera ronda en la cena de Navidad!

Ahora toca empezar a dar forma al 2017. ¡Salud y kilómetros a todos!

¡Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 02:59:22
Clasificación general: 351
Participantes: 2538

                                 BANDA SONORA DE LA CARRERA




martes, 18 de octubre de 2016

XX Ultra-trail Hiru Haundiak

Como ya sabéis, me gusta hacerlo todo a lo grande, si la temporada después del verano arrancaba con el exigente "X Maratón de Zaragoza", la segunda cita no se iba a quedar atrás, tocaba enfrentarse a la XX Ultra-trail Hiru Haundiak.

la XX Ultra-trail Hiru Haundiak es una carrera de 100 km de recorrido y 5.126 de desnivel positivo. Es una clásica dentro de la Comunidad del País Vasco ya que une 3 de sus picos más emblemáticos: Gorbea (1.482m), Anboto (1331m) y Aizkorri (1551m).

Todo empezó hace ya unos meses cuando mi compañero Quique nos habló sobre una carrera mítica que se celebraba en octubre, que nos apuntáramos, iba por sorteo y era muy difícil que nos tocara.  Absorbido por su oratoria, accedí a inscribirme para contentarle. Ya podéis imaginar el resultado...

También consiguió embaucar en esta aventura a mis compañeros Gorka y Juanito de ANDANDAEH. así que ni cortos ni perezosos nos pusimos rumbo a tierras vascas.



Había 2 factores que jugaban en mi contra. Primero, mi nula preparación con desnivel durante todo el verano. el único entrenamiento que llevé a cabo fue la subida a la Laguna Negra (1753m) que se encuentra en mi pueblo, Vinuesa, en la provincia de Soria. Para todo aquel que me esté leyendo, recomiendo que haga una escapada y disfrute de esta maravillosa villa pinariega.

El segundo factor es que se celebraba el segundo fin de semana de las fiestas del Pilar. Los que me conocéis, sabéis de mi afición a la fiesta. No perdoné ningún evento lúdico de mi cuidad por lo que llegue a la cita vasca con cierto "cuerpo jotero". En estos casos siempre recurro a la frase para autoengañarme: - Si tienes cuerpo para salir de marcha, también lo tienes para correr -.

La carrera empieza en la localidad de Ondategi y finaliza en Araia. Al no ser un recorrido circular, la organización pone unos autobuses para desplazarte de un lugar a otro. En total eran 30 ya que el número de participantes ascendía a 1700.

En la salida no nos supimos ubicar correctamente y salimos de los últimos. al principio estaba un poco desconcertado, la gente iba andando incluso en las bajadas. Ésto me llevó a 2 conclusiones: nos habíamos apuntado a una andada o es que la carrera era tan exigente que los participantes se reservaban lo máximo posible. Resultó ser la segunda opción.

La salida es a las 12 de la noche. Nos quedaban por delante 8 horas de oscuridad solo interrumpida por la luz de los frontales y de la luna llena. Nada más empezar ascendíamos el Gorbea, una subida tendida con bastante desnivel pero muy cómoda, era todo por senda. El inconveniente fue el fuerte viento que se te metía en los huesos. Llegamos a la rima arropados por multitud de personas. Que merito el suyo, estar animando a las 2 de la madrugada a mas de 1000 metros de altura y 6 grados de temperatura. ¡La afición vasca es de otra pasta!

La bajada fue aún más divertida. El suelo era una fina capa de hierba muy resbaladiza por lo que la imagen era más de un capítulo de "Humor Amarillo" que de una carrera. Mirara donde mirara, veía a un compañero cayéndose de culo, yo incluido. Todo ésto dio paso a una larga bajada por pista cruzando pequeñas localidades con todos sus habitantes despiertos esperando vernos pasar hasta desembocar en el primer avituallamiento solido situado en Otxandio.

Después de reponer fuerzas, salí rapidamente a seguir con la aventura. Hasta aquí había disfrutado un montón. Pero entonces llegué a uno de los momentos más duros de la prueba. Llegando a Urkiola estuvimos deambulando 7 km por una zona de barro, la sensación era que estábamos atravesando arenas movedizas que te impedían avanzar. Ésto me minó psicológicamente.

Como guinda al pastel, me esperaba la subida y bajada al Anboto. Esta cima es muy técnica. Para subir tienes que ir trepando por las rocas y en la bajada tienes que tener un cuidado extremo ya que cualquier error puede ser fatal. A todo esto le tienes que sumar la oscuridad de la noche y el suelo mojado. Sino que se lo pregunte a mi compañero Juanito, tuvo tan mala suerte que a escasos metros de finalizar la bajada metió el pie entre 2 rocas y se lo torció, provocando su prematuro abandono en la prueba.



Una vez acabe semejante penitencia, nos adentramos en sendas por el bosque esperando a que amaneciera. La dureza del barro y Abanto habían hecho mella en mí. Solo quería ver el sol y llegar a Landa, donde nos esperaba el segundo avituallamiento con la bolsa de vida.

Llegué a las 10 después de haber recorrido 60 km. Físicamente llegaba entero pero al cambiarme los calcetines observé que me estaba saliendo una ampolla en el talón de cada pie. Me dio muy mala espina y me puse rápidamente los calcetines nuevos para no pararme a pensar. Un buen plato de pasta y a seguir devorando kilómetros.

Nada más salir, para hacer la digestión de golpe, una dura subida de 4 km a Usakoatxa. En esta zona conocí a Luis, el que a la postre fue un gran apoyo para acabar la prueba. A estas alturas de la carrera ya me había desconectado un poco de ella sobretodo por mi problema en los pies. Luis me propuso ir poniéndonos pequeñas metas de 5 km coincidiendo con los puntos de avituallamiento. Me vino de maravilla, correr en compañía se hace todo mucho más ameno. Así hasta llegar al kilómetro 75 donde me encontré con otra de mis pesadillas del día. Llegamos a la zona de los molinos. Una dura e inacabable zona de terribles toboganes donde teníamos que recorrer la senda que transcurría por 78 molinos de viento aderezado con el molesto ruido que éstos provocan y el fuerte viento que nos azotaba de lado.

En este punto el dolor de las ampollas era mayúsculo, le dije a mi compañero que siguiera él, yo a partir de aquí activaba el "modo paseo", 25 km por delante donde solo podía andar. Habíamos calculado que con el ritmo que llevábamos, llegaríamos a las 6 de la tarde a meta, Luis lo consiguió. ¡ENHORABUENA!

Yo seguí con mi particular calvario hasta llegar a la última y quizás la más mítica cima del Pais Vasco: Aizkorri. Se me hizo menos dura de lo que me esperaba, después del Anboto, todo lo demás parece coser y cantar.

Ya solo me quedaban 10 km pero de....¡BAJADA!. Entre las ampollas y mis cuadriceps que pedían clemencia seguro que prometía ser todo un vía crucis. Este tipo de carreras pone a cada uno en su lugar, nunca mejor dicho. En la senda nos juntamos los 3 tullidos, yo con las ampollas ya mencionadas y 2 compañeros con problemas en las rodillas. Así empezamos el descenso, de paseito, mientras todos los demás participantes nos adelantaban como balas.

Mientras seguíamos bajando enfrascados en una amena conversación apareció mi compañero Gorka que venía como una moto. Nos fundimos en un abrazo. Se dio cuenta de mi pequeño calvario y decidió quedarse conmigo hasta el final. Estos detalles son los que hacen de ANDANDAEH un club espectacular. Además consiguió sacar la poca moral que me quedaba en mí e hizo que trotara en varios tramos. Los últimos 5 km se me hicieron interminables y llegamos a meta en 19:41:14.



Aunque he acabado destrozado me tengo que quedar con lo positivo. He conseguido acabar una exigente ultra de 100 km sin haber entrenado en montaña desde junio y que sino hubiera sido por mis problemas en los pies el resultado hubiera sido muy distinto.

Dar la enhorabuena a la organización y los voluntarios que han estado de 10. Pero lo que de verdad me ha enamorado ha sido el calor de la gente de la zona. Entrar el domingo al Café Kuttuna a tomar unas cervezas y que te traten como un ganador no tiene precio. Sin  lugar a dudas, el País Vasco es una de las mejores zonas para disfrutar del running.

Dar las gracias a Gorka por su compañerismo al esperarme para entrar juntos a meta, a la inestimable ayuda de Luis que me hizo 15 km mucho más fáciles y a Quique, aunque nos meta en semejantes fregados, siempre es un placer vivir aventuras de este calibre a su lado. Por último, mucho ánimo para Juanito, en breves ese tobillo estará listo para volver a dar guerra. ¡OSO ONDO!

¡Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 19:41:14
Clasificación general: 510
Participantes: 1700

                                       BANDA SONORA DE LA CARRERA

DATOS DE INTERÉS
  • DONDE COMER: Sidrería Araia, muy buena calidad pero a mi parecer un poco escaso de cantidad.
  • DONDE DORMIR: Hotel Andamur San Roman, Está situado a solo 2 km de Araia en una estación de servicio con cocina 24 horas.
  • DONDE TOMAR ALGO: Café Kuttuna, perfecto para unas cañas, ambiente muy acogedor.







domingo, 16 de noviembre de 2014

BEHOBIA "50 aniversario"

En noviembre todo corredor tiene una cita ineludible en San Sebastián. Se trata de la "Behobia", una carrera mítica dentro de la geografía española, se podría denominar como el Barça-Madrid del running. Un acontecimiento donde se concentran casi 27000 personas para recorrer los 20 kilómetros que separan la localidad de Irún con San Sebastián. Además este año celebraba su 50 aniversario por lo que una de esas almas que iban a abarrotar las calles de la capital de Guipúzcoa debía ser yo.

El año pasado ya participé y quede tan maravillado por las buenas sensaciones que rodean a esta carrera que no dude en volver a inscribirme. Todo empezó como hace un año atrás, quedamos el sábado mi tío Alberto y yo en Zaragoza para hacer el viaje juntos e ir directamente a la feria del corredor donde teníamos que recoger nuestro dorsal y camiseta. Este año estaba mejor organizado ya que dispusieron de dos espacios separados para la recogida de una cosa y otra para así evitar aglomeraciones. Allí me junte con mis compañeros de "ANDANDAEH" y después de realizar todas las faenas relacionadas con la carrera nos fuimos a hacer otra de las razones por la que me gusta venir a este evento; nos fuimos de cervezas y pinchos. Sabemos que venimos a madrugar y a realizar un esfuerzo físico considerable, pero no debemos olvidar que también son unas mini vacaciones y así debemos disfrutarlas.

Llegó el día de la carrera y amanecía fresco pero sin lluvias (Era uno de los miedos que tenía ya que las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas). Desayunamos y junto a mis compañeros Tony y Luís pusimos rumbo hacia el tren. El interior de éste era una amalgama de colores y nervios ya que estaba lleno de corredores.



Una vez llegamos a la zona de salida nos juntamos con parte de la familia y amigos y después de los abrazos y las fotos de rigor nos fuimos a calentar ya que la mañana era fría y era mejor no estar mucho tiempo parado. Debido a la cantidad de participantes la salida está organizada en varios cajones de unas 2000 personas organizadas por tiempos acreditados en carreras anteriores. Por esta razón es muy difícil coincidir con tus compañeros a la hora de empezar pero yo tuve suerte y compartía cajón con Tony. Después de calentar y disfrutar de los momentos anteriores al pistoletazo de salida donde los aplausos y la música es constante, la carrera empezó. Sabía que el primer kilómetro iba a ser más lento de lo que me gustaría debido al tráfico de personas pero una vez pasados los primeros 1000 metros, el pelotón se estiró y se pudo empezar a correr de forma más cómoda.

El año pasado, como era la primera vez y debido a su desnivel, fui a un ritmo bastante lento la primera parte del recorrido. Pero esta vez quería forzar más y mi idea original era realizar todo el trayecto en 1:25:00. Sobre el punto 6 se daba cita la primera dificultad; el alto de Gaintxurizketa. Es una pendiente muy constante y encima ves todo su recorrido completo, haciéndola aún más dura. Este año pasado note que me costaba más pero era debido a que mi ritmo de carrera era más alto. Una vez pasado el primer puerto, empezaba un tramo de la carrera donde se alternaban amplias bajadas perfectas para recuperar con repechos bastante exigentes.

Una de las cosas que más me gusta hacer en las carreras que hago fuera de Aragón es ir buscando corredores con camisetas de nuestra tierra e ir animándonos entre nosotros. Sobre el kilómetro 12 escuché un grito que decía "vamos mañico". Era un compañero, que al igual que yo, el encontrarse a gente de su zona le da fuerzas extras, por lo que empezamos a correr juntos. Me vino muy bien, ya que a parte de poder hablar y comentar la experiencia, me sirvió para coger un ritmo constante hasta el final.



En el punto 16 nos esperaba el alto de Miracruz, un tramo exigente pero con la afluencia de público que ahí se concentraba se hizo mucho más llevadero. Una vez coronado, nos esperaba un kilómetro de bajada y dos llanos para llegar a la meta. Era hora de darlo todo y poner velocidad de crucero. Los realicé a una media por debajo de 4 minutos. Solo quedaba la última recta y disfrutar del momento. Paré el cronometro en 01:26:12, más de 10 minutos por debajo de mi marca del año pasado.

Después de disfrutar por segundo año consecutivo de este acontecimiento, me reafirmo en decir que es una de las carreras más bonitas que se pueden correr. El apoyo del público es constante y te lleva en volandas durante todo el trayecto. Además, al estar rodeado de corredores durante todo el tiempo, es mucho más fácil de realizar. Uno de los peores momentos de una cita de estas características es cuando te quedas solo, no viendo ningún corredor ni por delante ni por detrás, pero aquí no se da esa opción por lo que los kilómetros van pasando sin darte cuenta.



Al acabar la carrera tocaba disfrutar con mis compañeros de ANDANDAEH, tomarnos unas cervezas para celebrarlo y poner el broche final al fin de semana con algo que se va a convertir en tradición; Reunión de abrazos y risas con la familia y amigos, regado con mucha SIDRA y un gran CHULETÓN.

Ha sido un placer volver a compartir experiencias con tanta buena gente y en un marco incomparable. Y aunque siempre me digo que no volveré debido a su elevado precio, seguro que en 2015 seré una de las 30000 personas que se sentará en marzo delante de su ordenador preparado a que abran las inscripciones e intentar hacerse otra vez con un nuevo dorsal.

¡Va por ti PRIMO! 

Tiempo: 01:26:13
Clasificación general: 2735
Participantes:26781


                                  BANDA SONORA DE LA CARRERA